Es un placer estar nuevamente junto a Usted, amiga, amigo oyente en la continuación de los estudios bíblicos dentro de la serie que lleva por título: La Vida Auténticamente Cristiana. En esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca de los celos. Otra de las características de la vida auténticamente cristiana es la ausencia de celos.

La palabra celo tiene varios significados, dependiendo del contexto en que se la use.

Puede indicar el impulso íntimo que promueve las buenas obras, cuando por ejemplo decimos que alguien ayuda a los necesitados con verdadero celo.

Puede indicar también el amor extremado y eficaz a la gloria de Dios y al bien de las almas, cuando por ejemplo decimos que el apóstol Pablo servía al Señor con celo.

Puede indicar también la condición de un animal cuando está en época de apareamiento, cuando por ejemplo decimos que la yegua está en celo.

Puede indicar también el recelo que uno siente que cualquier afecto o bien que disfruto o pretendo, llegue a ser alcanzado por otro, cuando por ejemplo decimos que el jefe tiene celo de que un subordinado le quite el puesto.

Puede indicar también la sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño poniéndolo en otra persona, cuando por ejemplo decimos que una esposa tiene celo por su esposo.

Son los significados de la palabra celo.

De estos significados a nosotros nos interesa en particular aquellos que denotan el recelo que uno siente que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda, llegue a ser alcanzado por otro y la sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndola en otra.

Este es el celo que los creyentes debemos evitar. Este es el celo que puede causar terribles estragos.

Sólo como ilustración, permítame hacer referencia al caso de Caín y Abel. La Biblia muestra en el libro de Génesis que tanto Caín como Abel trajeron una ofrenda a Jehová. Caín, en franca y abierta rebelión contra Dios, trajo una ofrenda del fruto de la tierra. Esto simboliza el esfuerzo del hombre por acercarse a Dios basándose en sus propios méritos.

Por su lado, Abel, trajo una ofrenda de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Esto simboliza el acercamiento a Dios mediante el derramamiento de sangre de una víctima inocente. Como es natural Jehová miró con agrado la ofrenda de Abel y no miró con agrado la ofrenda de Caín. Como resultado de esto, Caín se ensañó en gran manera, y decayó su semblante. Caín estaba totalmente celoso. Jehová intentó hacer recapacitar a Caín, pero Caín persistió en su cuestionable actitud. Poco tiempo después, Caín dijo a Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Los celos terminaron en asesinato. Este terrible desenlace de los celos se repite tantas veces en el mundo de hoy. La crónica roja de los periódicos trae de tanto en tanto la escalofriante noticia de algún crimen pasional. Un hombre enceguecido por los celos que asesina a su esposa, o una esposa controlada por los celos que acaba con la vida de su esposo. Es una de las terribles consecuencias de los celos.

Otro triste desenlace de los celos tuvo lugar en el tiempo de Saúl y David. Después que David mató al gigante Goliat, regresaba a Jerusalén acompañado del rey Saúl. Al acercarse a al ciudad, oyeron la algarabía producida por las mujeres de Israel quienes habían salido a recibir a sus héroes cantando y danzando, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.

Me imagino que Saúl habrá estado feliz con tal recibimiento. Pero la felicidad muy pronto se transformó en disgusto cuando puso atención a lo que cantaban las mujeres. El estribillo decía: Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles. Los celos hicieron presa de Saúl. Se sentía amenazado por David. Dice la Biblia que Saúl se enojó en gran manera y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.

Vemos a un hombre totalmente prisionero de los celos. A partir de este momento, Saúl no miró con buenos ojos a David. El registro bíblico continúa mostrando como Saúl hizo todo lo que pudo para acabar con David. Solo la gracia de Dios impidió que Saúl mate a David. Lamentablemente, fue Saúl, años más tarde, quien terminó sacrificando su vida en el altar de los celos. Así paga los celos a sus víctimas. Es peligroso dejar que este problema anide en el corazón.

Ahora bien, ¿Cómo es que una persona se vuelve celosa? Bueno, tanto en el caso de Caín como en el caso de Saúl, el problema se originó en la pésima relación que tenían con Dios.

En ambos casos había un egoísmo muy marcado en sus corazones. El egoísmo es el excesivo amor hacia uno mismo. Caín pensaba que nadie más que él tenía derecho a gobernar su vida. Saúl pensaba que él era el mejor en el mundo y miraba mal a todo aquel que estaba superándose en algo, como David. Los celos echan sus fuertes raíces en el egoísmo.

Si Usted es una persona muy celosa, escudriñe su corazón porque de seguro allí habrá un problema de egoísmo.

Es el egoísmo lo que hace que un jefe mire con sospecha a uno de sus subordinados pensando que tal vez le quite el puesto de jefe.

Es el egoísmo lo que hace la vida miserable a una esposa celosa pensando que su esposo vive rodeado de amantes.

Es el egoísmo lo que hace que un novio celoso se sienta amenazado cuando su novia se atrasa unos minutos a una cita.

El celo se origina en el egoísmo. Es bastante difícil mantener una relación con una persona celosa.

Los celos siempre conducen a las rencillas, las envidias, las divisiones, los divorcios. Proverbios 21:9 tiene tanta razón cuando dice: “Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa” La mujer rencillosa de quien habla este texto probablemente también era celosa.

Proverbios 27:15-16 nos da un cuadro bastante descriptivo de lo difícil de vivir con una mujer rencillosa. Dice así: “Gotera continua en tiempo de lluvia y la mujer rencillosa, son semejantes; pretender contenerla es como refrenar el viento, o sujetar el aceite en la mano derecha.”

Pero no vaya a pensar que solamente las mujeres sufren de celos. De ninguna manera. Los hombres también pueden sufrir de celos. Si es difícil para un hombre vivir con una mujer celosa, tanto o más difícil es para una mujer vivir con un hombre celoso

Conozco casos de esposas que prácticamente han transformado su casa en una prisión, porque sus maridos no les permiten ni que miren hacia fuera por la ventana a causa de los celos. Ahora que hemos mostrado qué son los celos, y lo que son capaces de producir es necesario referirnos a la manera como tratarlos para que no quedemos a merced de ellos.

El primer paso es reconocer que estamos celosos. Es sencillo enunciarlo, pero es difícil practicarlo. Las personas celosas no siempre están dispuestas a reconocer esta falla en sus vidas. O si lo reconocen, siempre tienen una buena razón para justificar sus celos.

Una esposa celosa me dijo una vez: Yo sí soy celosa, pero eso no es mi culpa. Mi marido me ha obligado a ser celosa porque cuando llega tarde a la casa de su trabajo, nunca me dice el motivo, o porque gasta el dinero en cosas que yo no sé. Así que tengo o no tengo razón para ser celosa. Una actitud así, jamás va a abrir el camino para arreglar el problema de los celos. Si quiere dejar de ser celoso o celosa, simplemente reconózcalo. No eche la culpa de sus celos a otro.

El segundo paso, es confiese a Dios el pecado de los celos. Quizá le sorprenda que ser celoso o celosa es pecado. Pues eso es lo que dice la Biblia. Observe lo que tenemos en 1ª Corintios 3:2-3 “Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Estas palabras fueron dirigidas por el apóstol Pablo a los creyentes de Corinto.

Interesante lo que estaba pasando entre estos creyentes. Comenzaron a tener celos, eso les condujo a las contiendas y eso les llevó a las disensiones o divisiones. Los celos siempre llevan a cosas peores. Para Pablo no había duda que los celos y todas sus funestas consecuencias, fueron el resultado de la carnalidad de esos creyentes. Los celos son obra de la carne y como tal son pecado.

Si está sufriendo de celos, es necesario que lo confiese a Dios como pecado. No se auto justifique. No eche la culpa a otros. Simplemente reconozca y confiese a Dios como pecado.

El tercer paso es identificar el origen de sus celos. ¿Contra quién está celoso o celosa? ¿Contra algún amigo? ¿Contra su cónyuge? ¿Contra su compañero de trabajo? ¿Contra un hermano de la iglesia? ¿Contra un hermano de familia?

Sea objetivo. Pueden ser varias las personas contra quienes está celoso o celosa. Haga una lista de esas personas. Incluya los motivos que le han llevado a los celos, no para auto justificarse sino para saber qué es lo que necesita arreglar.

El cuarto paso es tender puentes con las personas contra quienes siente celos. Si es su esposo o su esposa, siéntese con él o con ella y en oración exponga los motivos por los cuales usted está con celos. Quizá hace falta más transparencia en su pareja y esto le ha arrastrado a los celos. Quizá es necesario que su esposa o su esposo sea más expresivo con Usted. La falta de expresar el amor en formas prácticas puede ser una fuente de celos para una esposa o para un esposo. A lo mejor su pareja no es cuidadosa en el trato con el sexo opuesto y esto le incomoda e incentiva sus celos. Es necesario que franca y abiertamente hable sobre esto con su pareja. Lo importante es sacar a la luz la causa de los celos para poder arreglarla. No olvide que la vida auténticamente cristiana se caracteriza por la ausencia de los celos