Es una bendición para mí saludarle amable oyente y darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Continuamos con el estudio del Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para mostrarnos lo terrible de rechazar a Jesús y la invitación que hace Jesús a la luz de esto.

Qué grato es estar nuevamente junto a usted mi amiga mi amigo. Hablando de la oposición que enfrenta el reino de los cielos en el mundo, Jesús dijo que desde los días de Juan el Bautista, hasta el momento que Jesús hacía esta declaración, el reino de los cielos estaba sufriendo violencia. Acerca de esto, Jesús va a mostrar que Dios va a juzgar con severidad a todos aquellos que causan violencia al reino de los cielos. Con esta introducción, si tiene una Biblia a la mano, le invito a abrirla en Mateo 11:20-24. La Biblia dice: Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.
Teniendo en mente la violencia que sufre el reino de los cielos, Jesús comenzó a reconvenir. Este verbo significa hacer cargo a alguien, arguyéndole ordinariamente con su propio hecho o palabra. Los sujetos de esta reconvención de Jesús eran las ciudades en las cuales Jesús había hecho muchos de sus milagros pero sin embargo no se habían arrepentido. No debemos olvidar que a la par de predicar, Jesús hacía todas las señales y prodigios que demostraban que él es el Cristo, o el Mesías de Israel, pero a pesar de todo el despliegue de poder sobrenatural por parte de Jesús, algunas ciudades se negaron a reconocer a Jesús como el Cristo o el Mesías de Israel. Las primeras ciudades que fueron reconvenidas por Jesús fueron Corazín y Betsaida. Estas dos ciudades quedan en la costa norte del Mar de Galilea, muy cerca de Capernaúm. En estas dos ciudades, Jesús predicó fervorosamente y realizó numerosos milagros. Pero en lugar de arrepentirse de su pecado, la gente en estas dos ciudades persistió en su pecado. ¿Cuál fue su pecado? Pues la incredulidad. Estas dos ciudades no creyeron que Jesús es el Cristo, el Mesías de Israel. Por esta causa Jesús dijo: Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Tiro y Sidón eran ciudades de Fenicia que cayeron bajo el juicio de Dios a causa de maldad e idolatría. Sin embargo, estas ciudades paganas estarían más dispuestas a arrepentirse de corazón, que las ciudades judías de Corazín y Betsaida, si en ellas se hubieran hecho los milagros que Jesús realizó en Corazín y Betsaida. Por tanto, Jesús dijo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para Corazín y Betsaida. De esto podemos aprender varias cosas. Número uno que la incredulidad arrastra a una persona a sufrir la justa ira de Dios. Número dos, que mientras mayor luz de Dios se reciba, mayor la condenación cuando se rechaza esa luz de Dios. Número tres, que en la condenación existen grados de castigo, conforme a la severidad de las faltas cometidas. Luego de reconvenir a Corazín y Betsaida, Jesús pasa a reconvenir a Capernaún. Pocas ciudades han sido tan favorecidas como Capernaúm. Era la ciudad de Jesús, según Mateo 9:1. Era la ciudad donde Jesús realizó sus más extraordinarios milagros, los cuales eran prueba irrefutable de su derecho a ser reconocido como el Cristo o el Mesías de Israel. Si en Sodoma, la ciudad que fue castigada con fuego a causa de su inmoralidad, se hubieran hecho los milagros que Jesús hizo en Capernaúm, se habría arrepentido de su inmoralidad y habría sido librada del terrible castigo con fuego. Por tanto, así como Capernaúm se levantó en su incredulidad tan alto como el cielo, así también será derribada o abatida tan bajo como el Hades, o la morada de los muertos. De manera que, en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para la tierra de Capernaúm. El mismo trato que a Corazín y Betsaida. Algo interesante es que alrededor del mar de Galilea existían cuatro ciudades importantes. Corazín, Betsaida, Capernaúm y Tiberias. Jesús pronunció un juicio para tres de estas cuatro ciudades. La única que se libró fue Tiberias. La destrucción de Corazín y Betsaida fue tan absoluta que en la actualidad no existen ni siquiera sus ruinas. Tampoco existe seguridad en cuanto al lugar donde se levantaba la ciudad de Capernaúm en los tiempos de Jesús. En la actualidad solamente ha quedado la ciudad de Tiberias. Esto muestra que se hizo realidad el juicio pronunciado por Jesús sobre Corazín, Betsaida y Capernaúm. Con Dios no se puede jugar amable oyente. Cuidado con la incredulidad. Este pecado ha llevado a muchos a la condenación eterna y lo seguirá haciendo. La única manera de librarse es por medio de recibir a Jesús como el único y suficiente Salvador. Reconocer en Jesús al Cristo o al Mesías de Israel es a la vez tan sencillo que hasta un niño lo puede hacer, y al mismo tiempo es tan complicado que ni aún los sabios lo pueden hacer. Este pensamiento hace que Jesús alabe en oración a su Padre. Lo tenemos en Mateo 11: 25-26. La Biblia dice: En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
En su voluntad soberana, como Señor del cielo y de la tierra, al Padre le agradó esconder de los sabios y los entendidos las preciosas verdades en cuanto a la identidad de Jesús como el Cristo o el Mesías de Israel, pero en cambio le agradó revelarlas a los niños. Esto fue motivo para que Jesús en oración alabe a su Padre celestial, el Señor del cielo y de la tierra. Cuando Jesús habló de los sabios y entendidos se estaba refiriendo a los líderes judíos y cuando habló de los niños se estaba refiriendo a sus discípulos quienes con una fe sencilla comparable a la de un niño creyeron sin sombra de duda que Jesús era el Cristo, el Mesías de Israel. Así fue como le agradó al Padre en su soberana voluntad. Luego de alabar en oración a su Padre, Jesús presenta su exclusiva función como aquel por medio de quien se puede conocer al Padre. Ponga atención al pasaje bíblico en Mateo 11:27. La Biblia dice: Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
Este versículo encierra una verdad profunda, tal vez inescrutable para le mente humana. Sólo Dios puede conocer total y absolutamente a Dios. Como Jesús es Dios, está en todo su derecho de decir que todas, absolutamente todas, las cosas le han sido entregadas por el Padre. Esta es la base para lo que Jesús declaró a continuación. Nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre, sino el Hijo. El verbo conocer en esta frase significa una relación tan íntima y profunda que no deja absolutamente nada que no se conozca. Así es la relación entre el Padre y el Hijo. Pero lo hermoso es saber que el Hijo está dispuesto a dar a conocer al Padre, ¿a quién? Pues a aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. En esto existe un mundo de cosas difíciles de comprender en su totalidad. Tomada la declaración aisladamente, significaría que el Hijo decide arbitrariamente a quienes va a hacer conocer al Padre y a quienes no. Pero antes de arribar a conclusiones apresuradas es necesario tomar en cuenta la invitación que hace Jesús, según Mateo 11:28-30. La Biblia dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
El Hijo tiene potestad de dar a conocer al Padre a los que él quiera, pero eso no anula la voluntad del hombre, por eso Jesús hace una invitación general: Venid. Esto apela a la voluntad del hombre. Los que están en posibilidad de aceptar la invitación, son los que están trabajados y cargados. Esto significa los que están conscientes de su necesidad de salvación, los que han reconocido que es imposible salvarse por su propio esfuerzo. Interesante que los trabajados y cargados tienen que ir a Jesús. La salvación no consiste en ser miembro de alguna religión, sino en recibir a Jesús como Salvador. La promesa de Jesús para aquellos que aceptan su invitación, es hacerles descansar. Esto significa la salvación, el descanso de seguir buscando la manera de hallar la salvación por los propios méritos. Además la invitación involucra un llamado a servir hombro a hombro con Jesús. Llevad mi yugo sobre vosotros, dijo Jesús. Mientras servimos junto a Jesús, él se encargará de enseñarnos paso a paso lo que espera de nosotros. Él es el mejor maestro para sus discípulos. En contraste con los fariseos que eran orgullosos y arrogantes, Jesús es manso y humilde de corazón. Los que reciben a Jesús como su Salvador y se someten gustosos a servir a Dios hombro a hombro con Jesús, hallan descanso para sus almas. Por un lado esto habla de salvación y por otro lado, esto habla de significado a la vida mientras estamos en este mundo. Las dos cosas provienen de Jesús. Los fariseos del tiempo de Jesús exigían de la gente cosas que tan difíciles que ni ellos mismos podían cumplir, pero las demandas de Jesús son muy diferentes. Jesús dijo: Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Como Jesús está listo para trabajar en equipo con nosotros, él mismo nos da la energía para cumplir con su voluntad. No hay manera de perder. ¿Ha aceptado la invitación de Jesús? Si no lo ha hecho, hágalo este instante para que halle la salvación que tanto anhela su alma.

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