Nuevamente llegamos hasta usted para compartir algo mas del interesante tema que estamos desarrollando “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo” en contados instantes David Logacho estará frente a este micrófono para seguir compartiendo con nosotros este estudio.

I. Introducción. Saludos y Bienvenida. Estudio del libro de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada mediante el Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico dejamos a Saulo ya convertido, disfrutando de la comunión con otros creyentes en Damasco. A los que Saulo persiguió con tanto celo en el pasado, ahora los consideraba como su familia. Sólo el poder de Dios puede cambiar a un hombre tan rotundamente. En el estudio bíblico de hoy vamos a considerar qué es lo que pasó después con Saulo. Si dispone de una Biblia, qué tal si la toma y la abre en Hechos 9 a partir del versículo 20.

II. Lo primero con lo que nos encontramos es con Saulo el predicador. Antes de su conversión, era Saulo el perseguidor, ahora, después de su conversión es Saulo el predicador. Hechos 9:20-22 dice: En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes? Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.
Me encanta este texto, especialmente por la manera como comienza. En seguida, es decir tan pronto recibió al Señor Jesucristo como su Salvador, Saulo estaba ya predicando a Cristo en las sinagogas de Damasco. Tal vez Saulo no tenía toda la teología que más tarde llegó a tener, pero lo poco que sabía ese momento, era suficiente para ponerse de pie y con toda confianza anunciar a los judíos en sus sinagogas que Cristo es el Hijo de Dios. Esto era una especie de lema en la predicación de Saulo a lo largo de su fructífera vida. Si Usted ha recibido a Cristo como su Salvador, no debe tener temor de hablar de él en dondequiera que se encuentre. No piense que tiene que ser un erudito bíblico para recién entonces abrir su boca para testificar de Cristo. No. Lo que sabe acerca de Cristo el momento que lo recibió como Salvador es suficiente para que con absoluta confianza hable a otros sobre Cristo. El denuedo y el valor de Saulo, hizo que los que oían su mensaje queden atónitos, maravillados. Dentro de ellos se hacían la gran pregunta: ¿Qué pasó con este? ¿No es este el que asolaba en Jerusalén a los seguidores de Jesús? ¿No es este quien expresamente vino a Damasco para llevar presos ante los principales sacerdotes a todos los seguidores de Jesús? ¿Cómo es esto? Pero a pesar de las sospechas, Saulo se esforzaba mucho más para demostrar que Jesús, a quien él persiguió, en realidad es el Cristo, el Hijo de Dios. Esta conducta de Saulo causó mucha preocupación y no poca confusión a los judíos incrédulos que moraban en Damasco. En segundo lugar tenemos a Saulo perseguido. Hechos 9:23-25 dice: Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
Este texto nos habla de que pasaron muchos días entre lo último que vimos y lo que estamos viendo ahora. Es durante estos muchos días, que probablemente aconteció lo que tenemos en Gálatas 1:17 donde Saulo testifica lo siguiente: ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.
Saulo fue a Arabia durante este tiempo y después retornó a Damasco. No se sabe cuánto tiempo pasó en Arabia, pero sí se sabe que después de tres años Saulo regresó a Jerusalén. Gálatas 1:18 dice: Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días;
¿Para qué fue a Arabia? Seguramente porque el Señor le ordenó que lo haga, para que en aquel lugar desierto sea enseñado directamente por el Señor. Había muchas cosas que Saulo tenía que aprender antes de servir al Señor como su apóstol. En todo caso, Saulo no tuvo contacto con ninguno de los doce apóstoles mientras estuvo en Arabia. Se asume también que mientras Saulo estuvo en Arabia predicó ardientemente, demostrando que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el Mesías de Israel, quien murió y resucitó. Quizá fue esta conducta de Saulo, lo que encendió el odio en los judíos incrédulos de Damasco. Por eso fue que al regreso de Saulo a Damasco, los judíos incrédulos de Damasco, resolvieron en consejo matarlo. ¿Qué le parece? El que antes era perseguidor ahora está siendo perseguido. Saulo estaba probando un poco de su misma medicina. Pero Gracias a Dios, su mano de protección estaba sobre Saulo, y de esa manera, Saulo se enteró de los planes que tenían los judíos incrédulos para acabar con él. Los judíos incrédulos tenían vigiladas, de día y de noche, las puertas de la ciudad de Damasco para echar mano a Saulo cuando intente escapar. Para todo propósito práctico, Saulo estaba prisionero en la amurallada ciudad de Damasco. Fue en estas circunstancias que funcionó el ingenio de los discípulos de Cristo en Damasco. Guiados por el Señor se dieron modos para tomar de noche a Saulo y bajarlo por el muro, descolgándole en una canasta. De esta forma, Dios preservó la vida de Saulo. Jamás debemos desconfiar de las posibilidades de Dios para cumplir con su voluntad. Muchas veces Dios hace cosas poco convencionales, como esto de descolgar a un hombre en una canasta, para hacer prevalecer su voluntad. Saulo está experimentando en la práctica lo que el Señor anunció sobre él en cuanto a que era necesario que padezca por el nombre de Cristo. El estar en la voluntad de Dios, no necesariamente nos libra de padecer por la causa de Cristo. En tercer lugar tenemos a Saulo bajo sospecha de los creyentes. Hechos 9:26 dice: Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.
Una vez que Saulo pudo salir de Damasco, se dirigió hacia Jerusalén. Habían pasado al menos tres años desde que salió de Jerusalén decidido a apresar creyentes y llevarlos ante las autoridades en Jerusalén. Como es natural, al llegar a Jerusalén, Saulo buscaba afanosamente juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo. Lo que había hecho Saulo a los creyentes tres años atrás fue tan horrendo, que los creyentes tenían mucha dificultad para creer que ahora Saulo sea un buen discípulo de Jesucristo. En cuarto lugar, tenemos a Saulo aceptado por los creyentes en Jerusalén. Hechos 9:27-28 dice: Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía,
Cuando Dios trata de hacer algo en su obra, siempre coloca sus instrumentos en el lugar preciso y en el momento preciso. En este caso el instrumento para que la iglesia en Jerusalén acepte a Saulo, fue Bernabé el Hijo de consolación, fiel discípulo del Señor Jesucristo que honró a Dios con sus bienes, según vimos en Hechos 4:36-37. Bernabé tomó a Saulo y lo presentó a los apóstoles. Era la primera vez que Saulo tomaba contacto directo con los apóstoles. Bernabé contó a los apóstoles como Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco, Saulo había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Bernabé era tan íntegro, que los apóstoles no tuvieron ninguna duda en cuanto a que estaba diciendo la verdad sobre Saulo y como resultado aceptaron plenamente a Saulo. Junto a los apóstoles, Saulo tenía plena libertad. A eso se refiere la expresión que Saulo entraba y salía. En quinto lugar tenemos a Saulo predicando en Jerusalén en medio de gran oposición. Hechos 9:29-30 dice: y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.
El celo con el que Saulo persiguió a la iglesia en el pasado era nada comparado con el celo que tenía ahora para hablar en el nombre del Señor Jesucristo. Muchas veces Saulo tuvo que enfrentarse en encarnizadas disputas con una facción siniestra del judaísmo conocida como los griegos. Era la misma facción del judaísmo con la cual disputó Esteban y que le costó la vida. Los griegos no andaban por las ramas. Cuando se veían perdidos, simplemente decidían matar a sus oponentes. Cuando la congregación en Jerusalén supo que la vida de Saulo estaba en peligro, llevaron a Saulo a Cesarea, la capital de la provincia romana de Judea y residencia del procurador romano donde también había un gran ejército romano. De allí Saulo fue enviado a Tarso, su ciudad natal. Luego Saulo desaparece del relato hasta Hechos 11:25 lo cual sucede unos siete años después de haber salido de Jerusalén. Desde Tarso, Saulo se dedicó a predicar el evangelio a los gentiles en las regiones contiguas. Es posible que las iglesias en Galacia hayan nacido en este tiempo. Dios ha movido sus piezas hábilmente para cumplir con su propósito de llevar el evangelio hasta lo último de la tierra. Mientras Saulo estaba en Tarso, Pedro seguía trabajando denodadamente. Sobre esto girará nuestro próximo estudio bíblico. Espero su compañía.