Nuevamente llegamos hasta usted para compartir algo mas del interesante tema que estamos desarrollando “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo” en contados instantes David Logacho estará frente a este micrófono para seguir compartiendo con nosotros este estudio.

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio en el libro de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo, después de su ascensión, realizada por medio del Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico vimos como Dios castigó con severidad a Ananías y Safira por su pecado de mentir al Espíritu Santo. Dios demanda santidad de los que somos sus hijos. Esto produjo un temor santo entre los creyentes en la iglesia. Los incrédulos que escucharon lo que había sucedido con Ananías y Safira, también tuvieron gran temor. A continuación, Lucas toma el pulso a la naciente iglesia de Cristo y nos abre una ventana para observar el ministerio de los apóstoles. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 5:12-16. En este pasaje bíblico, notamos que la iglesia era unánime, la iglesia era alabada, y la iglesia crecía. Si Usted es pastor, obispo o anciano, ¿qué tal le vendría que la iglesia donde Usted ejerce su liderazgo sea unánime, sea alabada y crezca constantemente? Sería maravilloso, ¿verdad? Vayamos a lo primero. La unanimidad en la iglesia.

II. Hechos 5:12 dice: Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
Este texto comienza hablando de muchas señales y prodigios realizadas por los apóstoles. Las señales son obras sobrenaturales realizadas por Dios por medio de los apóstoles con la finalidad de enseñar algún principio espiritual importante. Las señales apelan al entendimiento. Los prodigios también son obras sobrenaturales realizadas por Dios por medio de los apóstoles con la finalidad de hacer maravillar o asombrar a los que son testigos. Los prodigios apelan a la imaginación. Observe que en el Nuevo Testamento, las señales, milagros y prodigios eran realizadas exclusivamente por los apóstoles y por contadas personas estrechamente relacionadas con ellos, tal el caso de Esteban en Hechos 6:8. En ningún momento se ve en el Nuevo Testamento que los creyentes en general tenían el poder para realizar señales, prodigios y milagros. Más aún, el apóstol Pablo da a entender que la capacidad de realizar señales, prodigios y milagros era, por decirlo, así la carta de presentación de un apóstol. Note lo que dice 2 Corintios 12:12 Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.
Las señales, prodigios y milagros tenían el propósito de autenticar el mensaje como proveniente de Dios y los mensajeros como enviados por Dios. Muy bien… Mientras los apóstoles realizaban las señales y prodigios, la iglesia se mantenía unánime en el pórtico de Salomón. El pórtico de Salomón era una hilera de columnas a lo largo del lado Este del atrio exterior del templo. En este lugar, la iglesia se mantenía unánime, esto significa que tenían una misma mente y un mismo parecer. Todavía no aparecían las divisiones, las rivalidades, los celos, las contiendas. Seguramente no todos tenían la misma opinión sobre determinado asunto, pero no permitían que esta diferencia de opinión afecte la unidad de la iglesia. Todos estaban muy prestos a ceder en sus opiniones por el bien de la mayoría y lo hacían con gusto. El ingrediente infaltable en una iglesia llena del Espíritu Santo era la unanimidad. Pero además de unanimidad, la iglesia era alabada por el pueblo.

III. Hechos 5:13 dice: De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
Los demás, de quienes habla este texto, puede ser una referencia a la clase gobernante, al sanedrín, es decir al sumo sacerdote, los principales sacerdotes, los ancianos del pueblo, los escribas, los fariseos, los saduceos. Toda esta gente no se atrevía a juntarse con los creyentes. Tenían temor de perder sus prebendas y privilegios como clase gobernante. Recibir a Cristo en este tiempo resultaba en ser cortado del judaísmo y no estaban dispuestos a ello. Como sucede hoy en día, el Evangelio echaba raíces más rápidamente en la gente común y corriente, digamos en el pueblo. El texto dice que el pueblo alababa grandemente a la iglesia de Cristo. Esto es muy notable. Hoy en día, en la mayoría de los casos, el pueblo no tiene una buena opinión de las iglesias locales, debido al mal testimonio de algunos hermanos, pero en la iglesia primitiva, al menos a estas alturas de su existencia, no había este problema. La iglesia en Jerusalén era bien vista por el pueblo en general. Los cambios radicales en los creyentes llamaban poderosamente la atención de la comunidad incrédula. Bien se ha dicho que el estilo de vida de los creyentes atrae o aleja a los incrédulos. Así que la iglesia era unánime y la iglesia era alabada por el pueblo. En tercer lugar, la iglesia crecía constantemente.

IV. Hechos 5:14 dice: Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres;
La iglesia se mantenía en constante crecimiento. Lucas, el autor del libro de Hechos dice que los que creían en el Señor aumentaban más. No se puede saber con certeza cuántos eran, pero deben haber sido más de cinco mil personas, porque en Hechos 4:4 la cuenta de los que habían creído ya era como cinco mil, contando sólo los varones, sin tomar en cuenta mujeres y niños. Lucas dice además que dentro de este gran número había tanto hombres como mujeres. Esto es digno de comentar. En la sociedad de aquel tiempo, las mujeres eran consideradas como un simple objeto para dar a luz bebés y otorgar placer al hombre. Pero dentro de la iglesia de Cristo persistía una situación diferente. La mujer en la iglesia de Cristo recupera su dignidad y es tratada de igual manera que el hombre en cuanto a esencia se refiere, porque en cuanto a roles y funciones, existe una diferencia entre el hombre y la mujer. Note lo que dice Gálatas 3:28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
A los ojos de Dios, no hay ninguna diferencia en esencia entre un creyente judío y un creyente no judío, o griego, la palabra que se usaba en ese tiempo para referirse a los no judíos. No hay ninguna diferencia en esencia entre un creyente esclavo y un creyente libre. No hay ninguna diferencia entre un creyente varón y una creyente mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús. De modo que las mujeres tuvieron una participación importante en la iglesia de Cristo y Lucas, el autor del libro de los Hechos da cuenta de esto. El número de los que creían iba en constante aumento y la influencia de la iglesia entre el pueblo también iba en aumento. Lucas nos provee de un informe preciso de esta situación. Hechos 5:15-16 dice: tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
El poder de Dios que se manifestaba por medio del apóstol Pedro era tal, que cuando sólo su sombra caía sobre algún enfermo, se sanaba instantáneamente y totalmente. Esto hizo que el pueblo se dé modos para saber de antemano por donde iba a caminar Pedro, con la finalidad de colocar a los costados de las calles, camas y lechos, con enfermos, con la confianza que la sombra de Pedro caiga sobre algunos de ellos y sean levantados de sus lechos. La fama de Pedro se extendió por toda la región contigua a Jerusalén y muchos se hacían el viaje hacia Jerusalén con sus enfermos y endemoniados a cuestas y cosa maravillosa, Lucas da cuenta que todos eran sanados. Quisiera que ponga atención a este hecho: El texto dice claramente que todos eran sanados, sin importar si tenían o no, fe para ser sanados, sin importar la gravedad de la enfermedad. Así es como se manifiesta el verdadero don de sanidad. En cambio hoy en día, los que supuestamente tienen el don de sanidad, no sanan a todos, porque si lo hicieran no habría enfermos en el mundo. Cuando fallan en sanar a alguien están prestos a echar la culpa al enfermo porque no ha tenido fe para ser sanado. El genuino don de sanidad no funciona de esta manera. El genuino don de sanidad fue realizado por los apóstoles y pocas personas asociadas íntimamente con ellos y resultaba en sanidad total e inmediata a todos los enfermos que venían a ellos. En nuestro próximo estudio bíblico vamos a ver que así como crecía la iglesia, crecía también la oposición a la iglesia. Esp