Es grato estar nuevamente con Ud. amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos considerando los eventos futuros tal como han sido anunciados en la Biblia, la palabra de Dios. En lo que hemos avanzado, hemos estudiado los siguientes: El arrebatamiento de la iglesia, el tribunal de Cristo y las Bodas del Cordero. A partir de hoy, entramos a otro evento, uno que apenas lo mencionamos en el estudio bíblico último. La Tribulación. David Logacho nos hablará de ello.

Para ubicarnos adecuadamente dentro del gran cuadro de eventos futuros, recordemos que en el arrebatamiento, la iglesia de Cristo será sacada o raptaba del mundo por Cristo, para estar para siempre con él en el cielo, inmediatamente después, en el cielo sé instalará el Tribunal de Cristo, cuyo propósito será evaluar las obras de la iglesia mientras estaba en el mundo.

Como resultado de esa evaluación la iglesia recibirá diversas recompensas o coronas. Acto seguido, también en el cielo, tendrá lugar las Bodas del Cordero, cuando Cristo como novio se presente a sí mismo a su novia, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Cómo Ud. podrá notar, todos estos eventos tendrán lugar en el cielo, pero ¿qué estará pasando mientras tanto en la tierra? Pues simultáneamente a todo esto que acontecerá en el cielo, en la tierra estará ocurriendo la Tribulación.

Consideremos en primer lugar el significado de la palabra tribulación. Tribulación es una palabra que significa congoja o pena o aflicción o tormento que inquieta y turba el ánimo. También denota persecución o adversidad que padece el hombre. Esta palabra describe bastante bien los horrores que sobrevendrán al mundo una vez que la iglesia sea arrebatada. Cabe señalar que cuando comience la tribulación en la tierra no existirá ni un solo creyente, porque como quedó claramente establecido, en el arrebatamiento participarán todos los creyentes en Cristo, desde Pentecostés hasta cuando ocurra el arrebatamiento, no importa si han muerto o estén vivos cuando ello acontezca.

La iglesia amigo oyente, no pasará por toda la tribulación, ni por la mitad de la tribulación, ni siquiera por una parte de la tribulación, sino que será arrebatada justo antes que comience la tribulación.

Una vez que hemos hablado sobre el significado de la tribulación, consideremos la duración de la tribulación. Para esto debemos ir a un libro profético del Antiguo Testamento. Su nombre es Daniel. En este libro, capitulo 9 versículos 24 a 27 encontramos lo que comúnmente se llama la profecía de las setenta semanas. Daniel 9:24 dice: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión, y la profecía y ungir al Santo de los Santos”

Daniel esta hablando de un periodo de bienaventuranza que espera a la nación de Israel, periodo en el cual se terminará la prevaricación, se pondrá fin al pecado, se expiará la iniquidad, se traerá la justicia perdurable, se sellará la visión y la profecía y se ungirá al Santo da los Santos.

Este periodo de bienaventuranza no es otro sino el milenio, o el reino Mesiánico, de lo cual hablaremos en detalle en otra oportunidad. Además, dice Daniel que antes de este periodo de bienaventuranza están establecidas setenta semanas. La palabra semanas debe entenderse en realidad como septenios, o periodos de siete años. Es decir que antes de este periodo de bienaventuranza deben haber setenta septenios o 490 años. Lo que necesitaríamos saber es a partir de cuando se empieza a contar esos 490 años.

Daniel 9:25 nos da la respuesta. Dice así: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”

La cuenta comenzó cuando se dio la orden para restaurar y edificar a Jerusalén. Esto ocurrió en el año 445 AC, pero note además que a partir de esta fecha se mencionan dos periodos, que juntos dan 69 septenios, uno de siete septenios o 49 años, cuando fue restaurado el muro de Jerusalén y otro de sesenta y dos septenios, que equivalen a 434 años hasta el Mesías príncipe.

Recuerde sin embargo, que Daniel habló de setenta septenios, por tanto nos falta un septenio. Aquí ocurre algo interesante. La profecía abre un paréntesis para relatar lo que encontramos en Daniel 9:26: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones”

Esta profecía se cumplió. El Señor Jesucristo hizo su entrada triunfal a Jerusalén exactamente cuando Daniel lo profetizó siglos antes y días más tarde murió en la cruz. Tiempo después, el pueblo de un príncipe que ha de venir, que no es otro sino el pueblo romano destruyó la ciudad de Jerusalén en el año 70 de nuestra era.

Observe que todos estos eventos ocurrieron al final de los 69 septenios, pero no fueron parte del último septenio que falta, porque lo que pasará en el último septenio, lo tenemos en Daniel 9:27 donde dice: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”

El sujeto de este versículo es el príncipe que ha de venir, que es una referencia al Anticristo. Este personaje siniestro firmará un pacto de siete años con Israel, un pacto de protección seguramente, pero a la mitad del tiempo romperá el pacto y hará cesar el sacrificio y la ofrenda.

Inmediatamente vendrá el desolador hasta que finalicen esos siete años y venga ese periodo de bienaventuranza y castigo al desolador. Todo esto acontecerá en el último septenio de los setenta septenios que profetizó Daniel. Este último septenio es lo que se conoce como la tribulación. Concluimos por tanto que la tribulación durará siete años y comenzará exactamente cuando la iglesia sea arrebatada de la tierra.

Hoy por hoy, estamos viviendo dentro de ese paréntesis entre el septenio 69 y el septenio 70. Ha durado ya como 2000 años y en él se ha desarrollado la iglesia, un organismo que jamas fue contemplado en el Antiguo Testamento.

Así que, amigo oyente, tribulación es el nombre que se da al período de siete años que precede al establecimiento del reino mesiánico. Es un período caracterizado por la congoja, la pena, la aflicción, el tormento que inquieta y turba el animo. Los que entren a este período son todos aquellos que han rehusado recibir a Cristo como Salvador y estén vivos cuando el arrebatamiento de la iglesia acontezca

Si Ud. no desea entrar a la tribulación, Ud. puede evitarlo. La manera de evitarlo es por medio de recibir por la fe a Cristo como Salvador. Él ha dicho que nos va a librar de la ira venidera. El no puede fallar a su promesa. Si Ud. no desea ser parte de la tribulación, hoy mismo reconozca que Ud. es un pecador, no porque yo lo diga sino porque Dios lo dice en su Palabra.

Reconozca también que por ser pecador, Ud. está muerto espiritualmente y condenado a una muerte eterna. Reconozca también que Cristo Jesús, al morir en la cruz, pagó lo que Ud. debía pagar. Reconozca que Cristo Jesús resucitó de entre los muertos al tercer día y hoy esta a la diestra del Padre ofreciendo el perdón de pecados a todo aquel que quiera creer en él, y en un acto de fe reciba a Cristo como su personal Salvador. Que Dios le guíe a hacerlo.