Es motivo de gran gozo compartir este tiempo con usted, amable oyente. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Efesios en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. Se atribuye a quien fue presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosvelt, la frase: Habla suave… Lleva un buen garrote… y llegarás lejos. Según él, esta es la forma, de lograr ciertos propósitos usando la persuasión y la fuerza. Lo triste es que muchísimas personas que están en posición de autoridad aplican la misma táctica en su trato con sus subordinados. Pero, ¿Qué dice la Biblia en cuanto a esto? Veamos pues, cual es el mandato bíblico para los amos o para las personas que están en autoridad sobre otros. En nuestro último estudio bíblico vimos que los siervos o empleados se someten a sus amos o jefes en obediencia. Pero esta es una verdad coja, porque le falta la otra pierna para mantener el equilibrio. La pierna faltante es la sumisión del amo al siervo o del jefe al empleado. No olvidemos que la sumisión es mutua. El siervo se somete al amo, pero el amo también debe someterse al siervo. La forma de sumisión es diferente y sobre esto tratará nuestro estudio bíblico de hoy, en relación con la sumisión del amo al siervo.

Damos gracias a Dios por su bendita palabra. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en el libro de Efesios capítulo 6. El tema de nuestro estudio bíblico de hoy es el versículo 9 de este capítulo. En él encontramos la manera como los amos o los jefes se someten a los siervos o empleados. La Biblia dice: Y vosotros,  amos,  haced con ellos lo mismo,  dejando las amenazas,  sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos,  y que para él no hay acepción de personas.
Podemos distinguir al menos cuatro aspectos de la sumisión de los amos a los siervos. El primer aspecto es: Haced con ellos lo mismo. La idea de Pablo es: Amos, miren como los siervos deben tratarles y ustedes hagan lo mismo, tengan la misma actitud que ellos. Un siervo obedece a su amo como siervo de Cristo, de corazón. Esto significa entonces, que los amos creyentes tratan a sus siervos como si estuvieran tratando a Cristo mismo. ¡Esto es bastante serio! ¿Se animaría usted amable oyente, a tratar ásperamente al Señor Jesucristo? Entonces no trate ásperamente a la persona que está bajo su autoridad. El trato del jefe a su empleado debe ser de corazón, esto significa un trato con el alma. Un trato que no dice lindas cosas al empleado en su presencia, pero por detrás critica y afirma todo lo contrario. Un jefe que trata a su empleado de corazón será sincero, con motivaciones puras, no tratando de sacar ventaja o explotar al empleado, pagándole lo que sea justo y en el tiempo establecido, no reteniéndole su salario injustamente. El segundo aspecto de la sumisión del jefe al empleado es: Dejando las amenazas. Los amos romanos tenían el poder y la autoridad legal para matar a un siervo si éste era rebelde, aunque pocos llegaron a hacer esto en la práctica, porque los esclavos costaban mucho dinero como para echarlos a perder matándolosd. Pablo está exhortando a los amos a abandonar esta terrible práctica. Pablo sugiere que el amo creyente debe buscar una manera diferente para motivar la obediencia y servicio del siervo. Las amenazas de sanciones sólo conseguirá que el empleado trabaje menos y que se origine una atmósfera de tensión en la relación patrono empleado. Lo mejor es que los amos motiven a la obediencia haciendo lo que es justo y recto, según Colosenses 4:1 donde dice: Amos,  haced lo que es justo y recto con vuestros siervos,  sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.
El tercer aspecto de la sumisión de los jefes a los empleados es: Sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos. Esto habla del Señorío de Cristo en la vida del amo y del siervo. A lo largo de toda la exposición sobre sumisión, el Apóstol Pablo ha enfatizado de una u otra manera el concepto del Señorío de Cristo. La esposa se sujeta a su esposo, como al Señor, según Efesios 5:22. El esposo ama a la esposa, así como Cristo, el Señor ama a la Iglesia, según Efesios 5:25. Los hijos obedecen a sus padres en el Señor, según Efesios 6:1. Los padres crían a los hijos en disciplina y amonestación del Señor, según Efesios 6:4. Los siervos obedecen a sus amos como a Cristo, el Señor. Note como en todo está el Señor. Es el Señorío de Cristo. Por tanto no podría faltar el mismo principio para los amos. Lo que Pablo les dice es: Ustedes también tienen un amo en el cielo, ese amo también es el amo de sus subordinados, así que más vale que les traten con respeto y consideración. Un creyente que está sometido al Señor no tendrá dificultades para someterse a los que están bajo su autoridad y también a los que están sobre su autoridad. Si usted tiene dificultades en someterse ya sea a sus subordinados o a sus autoridades examine primero si está sometido al Señor Jesucristo. Jesús dijo lo siguiente a sus discípulos, según Mateo 20:27: y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;
Las personas que no se ponen bajo autoridad de alguien, no tienen el derecho de ejercer autoridad sobre otros. Por esto, muchos grandes hombres de Dios en la Biblia fueron primero siervos antes de ser gobernantes. Allí tenemos a José, Moisés, Josué, David, Nehemías. Aun cuando estos personajes llegaron a estar en autoridad estaban dispuestos a servir. Un líder es aquel que sirve a los demás. Un líder gana autoridad y respeto, no con amenazas sino por su servicio. Cierto personaje fue promovido a una posición de gerencia en una empresa bastante grande, pero desafortunadamente esta promoción se le subió a la cabeza, como se suele decir. Le gustaba los privilegios de un gerente, y a menudo recordaba a sus subordinados que es él quien tiene la última palabra. Esto hizo que muy pronto pierda el respeto de sus colaboradores y tanto la producción como la eficiencia de la empresa se fueron para abajo. Fue tal la debacle, que la Junta de Accionistas pidió la renuncia a esta mal gerente. Este hombre olvidó que tenía un amo en el cielo y por eso no pudo ser un amo en la tierra. El cuarto y último aspecto de la sumisión del jefe al empleado es: Y que para él no hay acepción de personas. Esto quiere decir que el jefe se somete al empleado no ejerciendo favoritismo en su gestión de trabajo. Dios no hace acepción de personas. Dios juzga o premia tanto al amo como al siervo. Un jefe no es más estimado por Dios que un empleado, por el solo hecho que es jefe. Pablo recomendó a Timoteo lo siguiente, conforme a 1 Timoteo 5:21. La Biblia dice: Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo,  y de sus ángeles escogidos,  que guardes estas cosas sin prejuicios,  no haciendo nada con parcialidad.
Una de las maneras más rápidas de causar división es cuando un líder hace acepción de personas y así muestra que no es imparcial. Hemos visto entonces la manera como un jefe se somete a sus empleados. Ahora ya tenemos la verdad completa. El siervo se somete a su amo en obediencia y el amo se somete al siervo dejando a un lado las amenazas, sabiendo que el Señor de sus subordinados es el mismo Señor de él, quien está en los cielos, y no haciendo acepción de personas. Ser jefe es un privilegio, pero tiene también sus responsabilidades. Si Dios le ha permitido tener una posición de autoridad, le invito a considerar con seriedad esta enseñanza, de modo que su liderazgo no se amolde a lo que el mundo acostumbra, sino que sea un liderazgo bíblico, en el cual usted como jefe también se somete a sus subordinados. No tenga temor de perder autoridad si lo hace. Todo lo contrario, cuando lo haga, tendrá mayor respeto y autoridad de sus subordinados. Que el Señor le bendiga ricamente y que por la gracia maravillosa de Dios pueda poner en práctica estos principios importantes.

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