Es muy grato para mí, saludarle amiga, amigo oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Juan. En esta oportunidad estudiaremos la segunda parte del encuentro del Señor Jesús con el fariseo Nicodemo.

Nicodemo era un fariseo que atraído por las señales que hacía el Señor Jesús, esperó que caigan las sombras de la noche para venir a Él. Sabiendo lo que había en su corazón, el Señor Jesús simplemente dijo a Nicodemo que si no nace de nuevo no podrá ver el reino de Dios. Esto es interesante. Como buen fariseo, Nicodemo se consideraba a sí mismo como muy religioso, inclusive, tal vez era íntegro y honesto. Si entrar al reino de los cielos dependiera de la religión o de las buenas obras, Nicodemo estaría dentro del reino de los cielos, pero no hay tal. Su problema era que no había nacido de nuevo. Nicodemo no lo entendió y por tanto el Señor Jesús tuvo que explicarle en qué consiste el nuevo nacimiento. El nuevo nacimiento tiene que ver con nacer del agua y del Espíritu Santo. Esto significa un lavamiento o purificación espiritual del alma que realiza el Espíritu Santo a través de la palabra de Dios en el momento que el pecador recibe a Cristo como Salvador. Es lo que también se conoce como regeneración. Es el acto de Dios por el cual imparte vida eterna al pecador que recibe a Cristo como Salvador. Es una obra de Dios por medio de su Espíritu y su palabra en la persona que cree y recibe a Cristo como Salvador. Nicodemo todavía estaba confundido e hizo la pregunta, que muchos hoy en día están también haciendo. La pregunta fue: ¿Cómo puede hacerse esto? En otras palabras ¿Cómo puede una persona nacer de nuevo? ¿Se ha hecho esta pregunta, amable oyente? Para que ocurra el nuevo nacimiento es imprescindible a obra de Dios y la decisión del hombre. Sobre esto gira la porción bíblica que tenemos para nuestro estudio bíblico de hoy. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Juan 3:11-21. Nicodemo era maestro de Israel, sin embargo no sabía nada sobre el nuevo nacimiento. Esta es una verdad espiritual y para entenderla se necesita de guía del Espíritu Santo. El hombre natural no está en capacidad de comprender. 1 Corintios 2:14 dice: Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
El Señor Jesús va a mostrar a Nicodemo como ocurre el nuevo nacimiento. Para esto, primeramente muestra que está calificado para hacerlo, porque Él sabe todo, porque es Dios. Juan 3:11-13 dice: De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
Joh 3:12  Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
Joh 3:13  Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
El Señor Jesús introduce su enseñanza con esas típicas palabras para enfatizar que lo que está por decir es de capital importancia. De cierto, de cierto te digo. El Señor Jesús va a hablar de algo que conoce a la perfección. Más aún, va a hablar de algo que ha visto, no de algo que le han enseñado o le han contado. Sin embargo, su pueblo, el pueblo de Israel, y también la mayor parte de la gente en el mundo, no cree o no recibe el testimonio del Señor Jesús. La incredulidad impide que brille la luz de Dios en el corazón de las personas. Nicodemo no creía las cosas terrenales que le dijo el Señor Jesús, y por tanto le iba a ser más difícil creer las cosas espirituales que el Señor Jesús estaba por decirle. Para resolver esto, Nicodemo tenía que ver al Señor Jesús como algo más que un Rabí o un maestro. De una manera magistral, el Señor Jesús muestra a Nicodemo que no existe absolutamente nadie como Él para dar a conocer cómo se puede nacer de nuevo. El Señor Jesús es Aquel que descendió del cielo, sin antes haber subido al cielo. ¿Cómo puede ser esto? Pues, porque el Señor Jesús es Dios y por tanto es eterno. Desde siempre estuvo con Dios en el cielo. Él es el Hijo del Hombre que está en el cielo. No hay nadie más calificado que Él para comunicar a Nicodemo acerca como cómo se puede nacer de nuevo. Con esta introducción, el Señor Jesús pasa a mostrar cómo ocurre el nuevo nacimiento. Note lo que dice Juan 3:14-17. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto,(A) así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
Joh 3:15  para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Joh 3:17  Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
El nuevo nacimiento se sustenta en el sacrificio de Cristo, el Hijo del Hombre, en la cruz, a favor del pecador. Para ilustrar esto, el Señor Jesús echó mano de un evento histórico en el pueblo de Israel. A causa de su pecado, Dios les envió serpientes ardientes que mataban al pueblo con su mordedura. Dios instruyó a Moisés que se haga una serpiente de bronce y lo ponga sobre una asta, de modo que todo aquel que haya sido mordido por una serpiente sea librado de morir con tan solo mirar a la serpiente de bronce sobre el asta. Pues, esto es una figura del nuevo nacimiento. Para que ocurra el nuevo nacimiento es necesario, que el Hijo del Hombre, sea levantado sobre el madero, en referencia a su muerte en la cruz del calvario. Esto es la parte de Dios en el nuevo nacimiento. Dios tuvo que entregar a su Hijo amado para que muera en la cruz, o para que sea levantado en aquella cruz. La parte del hombre es simplemente confiar o creer en él. El texto dice: Para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Esto es el nuevo nacimiento. ¿Por qué hizo Dios todo esto? La respuesta es por amor. Amor es la acción de sacrificio en beneficio de la persona amada. De tal manera amó Dios al mundo, entendiéndose mundo en el sentido de la humanidad entera, que ha dado a su Hijo unigénito. Esto de dar se refiere a que el Hijo del Hombre fue levantado sobre la cruz, es decir a su muerte en lugar del pecador. Esto hace posible que todo pecador que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna. Note que la invitación a tener vida eterna es para todo el mundo, pero el beneficio, la vida eterna, se hace efectivo solamente en los que creen, o en los que reciben a Cristo como Salvador. El mundo merece condenación eterna por su pecado, pero el amor de Dios al mundo es de tal magnitud, que envió a su Hijo, el Señor Jesús, no para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Esto no significa que todo el mundo es automáticamente salvo por el sacrificio de Cristo en la cruz. No olvide que el hombre tiene que creer en Cristo o recibir a Cristo como Salvador para tener vida eterna. ¿Qué pasa con aquellos que no creen en Cristo y en consecuencia no lo reciben como Salvador? Pues mire lo que dice Juan 3:18-21 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
Joh 3:19  Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Joh 3:20  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
Joh 3:21  Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.
Dios ya hizo todo para que todo pecador pueda nacer de nuevo y tener vida eterna. La parte del pecador es simplemente creer y en consecuencia recibir a Cristo como Salvador. El que en él cree, no es condenado. ¿ Qué pasa con el que no cree? El Señor Jesús dijo: Ya ha sido condenado. ¿La razón? Pues, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Es un hecho. El Señor Jesús es la luz de los hombres. Cuando él vino al mundo, la luz vino al mundo. Pero ¿qué hizo la mayoría del mundo? Rechazaron esa luz. Es triste reconocerlo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Las obras que hacían eran malas y no querían que la luz de Dios en la persona del Señor Jesús ponga en evidencia esas malas obras. El Señor Jesús dijo por tanto: porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Por eso la mayor parte del mundo aborrece a Cristo. En cambio, el que practica la verdad, viene a la luz, para que se haga manifiesto que sus obras son hechas en Dios. En resumen, Nicodemo preguntó al Señor Jesús ¿Cómo puede hacerse esto? En referencia al nuevo nacimiento. Con la autoridad y el conocimiento que tiene como Dios, el Señor Jesús respondió: Creyendo en Él y recibiéndolo como Salvador, porque él fue levantado sobre la cruz, recibiendo el castigo que el pecador merece. La obra de Dios para que el pecador pueda nacer de nuevo, está completa. Para que el pecador aproveche de esa obra y experimente el nuevo nacimiento, lo único que tiene que hacer es creer y en consecuencia recibir al Señor Jesús como Salvador. ¿Ha tomado ya esta decisión, amable oyente? Si lo ha hecho, ha nacido de nuevo. Si no lo ha hecho, todavía no ha nacido de nuevo y por lo pronto está condenado amable oyente. No salga de este mundo en estas condiciones, porque si lo hace, le espera tormento en fuego. Si ese es su caso, hoy mismo reciba a Cristo como su Salvador.