Es una bendición compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. A partir del estudio bíblico de hoy nos vamos a embarcar en la grata tarea de estudiar la segunda epístola del Apóstol Pablo a Timoteo. En instantes más estará junto a nosotros, David Logacho para guiarnos en el estudio de este fascinante libro.

Fieles a nuestra costumbre, antes de iniciar el estudio de un libro de la Biblia, es necesario dar la atención debida a los entretelones del libro en estudio. En nuestro caso tenemos sobre la mesa la segunda epístola del apóstol Pablo a Timoteo. En cuanto al autor de la epístola, a pesar de algunos cuestionamientos recientes en relación con la paternidad literaria, es indudable que la epístola fue escrita por el Apóstol Pablo. El nombre de la epístola se debe a la persona a quien está dirigida. Timoteo fue un hijo espiritual del apóstol Pablo. Para el tiempo que se escribió la segunda epístola a Timoteo, Timoteo se encontraba en la ciudad de Efeso, cumpliendo el mandato de Pablo de evitar que algunos enseñen diferente doctrina y que la congregación preste atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación. Esto nos hace pensar en que la naciente iglesia de Cristo, en épocas tan tempranas como el primer siglo, ya se encontraba bajo el asedio de falsos maestros y falsa doctrina. Con justa razón, J. N. Darby, ha dicho lo siguiente sobre la 2 Epístola a Timoteo: Es una epístola que ha sido escrita con miras al fracaso y el alejamiento de los principios sobre los cuales la iglesia de Cristo fue establecida. Por eso es que un buen título para la 2 Epístola a Timoteo, sería: Consejos para una iglesia en peligro. Si la iglesia de Cristo estaba bajo el asedio de falsas doctrinas y falsos maestros, tan temprano en su historia como en el primer siglo, ¿Cuánto más ahora, que han pasado como veinte siglos? De modo que los consejos que da Pablo a Timoteo en su segunda epístola, deben ser cuidadosamente, leídos, estudiados, meditados, memorizados y sobre todo practicados. Sólo así estaremos oponiéndonos a la siempre presente tendencia en la iglesia de desviarse de la sana doctrina y de la sana práctica. En relación con las circunstancias en las que se encontraba el apóstol Pablo cuando se escribió esta carta, no eran de las mejores. Pablo estaba preso. 2 Timoteo 1:8 dice: “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios” Conforme al testimonio personal de Pablo, se encontraba en calidad de prisionero. La tradición sostiene que la cárcel estaba ubicada en Roma, la capital del imperio. Para entonces, Nerón era el emperador del Imperio Romano. Nerón es famoso por su crueldad demencial. Cuando Pablo habla en la segunda epístola a Timoteo que estaba preso, no se está refiriendo al tiempo que estuvo preso en Roma y cuyo relato aparece en el libro de Hechos. Un cuidadoso estudio de la vida del apóstol mostrará que después de pasar dos años enteros como prisionero en una casa alquilada en Roma con relativas libertades como el de recibir todo tipo de visitas, salió de esa prisión domiciliar y fiel a su llamado se fue a Efeso y dejó allí a Timoteo para que se encargue de vigilar la buena marcha de la iglesia en ese lugar. Luego se dirigió a Macedonia, al norte de Grecia, desde donde escribió la primera epístola a Timoteo. Desde Macedonia partió hacia Creta en donde dejó a Tito para que supervise la iglesia en ese lugar y de allí partió hacia Nicópolis en Acaya, al sur de Grecia. Desde Macedonia o desde Nicópolis escribió la epístola a Tito. Luego partió hacia Troas, donde seguramente fue arrestado otra vez y llevado a la prisión en Roma. Allí en Roma fue finalmente decapitado. Así es como terminó la vida de este gladiador del Evangelio. Nada ni nadie logró evitar que proclame las buenas nuevas de Salvación. Sus constantes peripecias fueron interpretadas por él como las oportunidades que le estaba dando Dios para testificar de Cristo. Su cuerpo podía haber estado tras las rejas, pero el mensaje que predicaba jamás logró detenerse. Estando en prisión tuvo la oportunidad de hablar a todo tipo de personas, desde encumbrados reyes hasta comunes carceleros. Vistas así las cosas, entonces podemos decir con propiedad que la segunda epístola de Pablo a Timoteo es la última epístola inspirada por el Espíritu Santo que escribió. Desde su frío y lúgubre calabozo, Pablo reconoce que su partida de este mundo está muy cercana, y lejos de quejarse por su situación escribe las maravillosas palabras que se encuentran en 2 Timoteo 4:6-7 donde dice: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” ¡Grandioso! Es el testimonio de un hombre que no escatimó esfuerzo ni sacrificio con tal de ser fiel al llamado que Dios le había hecho en Cristo. Gran ejemplo para todos nosotros. A veces pensamos que si estamos sirviendo de corazón al Señor, el Señor debe garantizarnos al menos una relativa comodidad, digamos una vida fácil, una vida sin contratiempos, una vida sin oposición, una vida sin conflictos ni ansiedades. Pero no es así. El apóstol Pablo es un perfecto ejemplo de alguien que a pesar de estar sirviendo al Señor de corazón, sin embargo, no estuvo rodeado de comodidad relativa. No siempre tenía recursos económicos para subsistir. A veces no tenía ni un centavo en el bolsillo. No siempre gozó de buena salud. A veces estaba muy enfermo. No siempre fue apreciado y aceptado por la gente a quien servía. A veces fue severamente atacado por los mismos a quien había extendido la mano para ayudar. No siempre vivió sin contratiempos. A veces estuvo en peligro de perder la vida por causa de Cristo. Fue azotado, calumniado, arrojado en prisión, y tantas otras cosas más. Si Usted pensaba que por servir al Señor nunca va a tener momentos difíciles, está equivocado. Dios jamás ha prometido una vida sin contratiempos a los que le servimos. Lo que sí nos ha prometido es su poder, su gracia, su presencia, su sabiduría, para que podamos resistir firmes sin desmayar, justamente como lo hizo con el apóstol Pablo. Bueno, hemos hablado del autor de la segunda epístola a Timoteo, hemos hablado de las circunstancias en que se encontraba el autor, y hemos hablado del propósito general de la epístola. Nos falta hablar sobre la fecha de escritura de la epístola. Pues como ya se ha señalado, el apóstol Pablo fue martirizado poco tiempo después de que la epístola fue escrita. El verdugo que decapitó a Pablo cumplía órdenes del emperador Romano Nerón. La historia indica que Nerón murió el 8 de Junio del año 68 después de Cristo. Se estima por tanto que la segunda epístola de Pablo a Timoteo debe haber sido escrita algún momento entre el otoño de año 67 y la primavera del año 68. Muy bien, de todo esto se desprenden algunas cosas dignas de notar. Al leer la segunda epístola a Timoteo, estamos prácticamente ante las últimas palabras de un hombre que tenía la certeza que su partida de este mundo estaba a la puerta. Lo que dice debe ser en extremo importante. Debemos atesorarlo en nuestro corazón y debemos ponerlo en práctica en nuestra vida. Por otro lado, la segunda epístola de Pablo a Timoteo tiene como propósito aconsejar a la iglesia en vista del peligro que enfrenta. Ya en el primer siglo, la iglesia estaba enfrentando la influencia nociva de falsa doctrina impulsada por falsos maestros que se introducían a escondidas en la iglesia. Tanto líderes, llámense pastores, obispos o ancianos, como los creyentes en general estaban en peligro de dejarse arrastrar por las falsas doctrinas proclamadas por los falsos maestros. Si esto estaba así en el pasado, tiene que estar con más fuerza en el presente. La iglesia de Cristo hoy en día está amenazada por todo tipo de falsas doctrinas proclamadas por personajes con lenguaje convincente y con poderes sobrenaturales. Muchos líderes y creyentes en general, se sienten fuertemente atraídos por la enseñanza de estos falsos maestros. El discurso florido y los supuestos poderes sobrenaturales son suficientes pruebas para aceptar todo lo que enseñan y practican los falsos maestros. Esta es la razón para que la iglesia profesante de hoy en día se halle en ese lamentable estado de postración moral y espiritual. Cuánta falta hace volver a lo básico de la palabra de Dios. Si Usted quiere saber cómo debe funcionar la verdadera iglesia de Cristo, es necesario que ponga mucha atención a lo que el apóstol Pablo aconseja a su fiel discípulo Timoteo. Dios es tan sabio que no nos ha abandonado a nuestro propio razonamiento en cuanto a saber cómo debe funcionar su iglesia. Dios se ha preocupado por dejarnos instrucciones claras y precisas sobre el correcto funcionamiento de la iglesia de Cristo. Parte de estas instrucciones están en la segunda epístola de Pablo a Timoteo. Le invito por tanto a acompañarnos a nuestro próximo estudio bíblico en el cual comenzaremos a analizar esta preciosa epístola versículo a versículo.