Gracias por estar nuevamente con nosotros, es un privilegio contar con su sintonía, hoy continuaremos con el interesante tema que está desarrollando nuestro hermano David Logacho, “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”, tenga su Biblia a mano y acompáñenos a conocer que es lo que dios nos quiere decir acerca de esto.

Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada mediante el Espíritu Santo. Según lo que vimos en nuestro último estudio bíblico, una vez que Pablo llegó a Roma en calidad de prisionero y fue entregado al prefecto miliar y puesto en una casa para ser custodiado, convocó a los principales de los judíos en Roma para comunicarles que su prisión y su próxima comparecencia ante el César, no tenía nada que ver con algún crimen cometido, o con algún acto ilegal contra la nación de Israel, o contra la ley de Moisés o contra el templo en Jerusalén, sino única y exclusivamente con la esperanza de Israel, lo cual significa la esperanza Mesiánica, encarnada en Jesucristo, la cual halló su clímax en su resurrección. Veamos qué es lo que sucedió después. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 28 a partir del versículo 21. Lo primero que notaremos en este pasaje bíblico es la respuesta que dieron los principales judíos de Roma a la introducción a su defensa que hizo Pablo. Hechos 28:21-22 dice: Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.

Los principales judíos de Roma fueron muy sinceros con Pablo. Ellos no habían recibido nada por escrito en cuanto a él, tampoco habían recibido la visita de ninguno de los judíos de Jerusalén con alguna queja o denuncia en contra de él, así que no sabían nada en cuanto al motivo por el cual Pablo había sido traído en calidad de prisionero a Roma. Sin embargo, los principales judíos de Jerusalén querían saber de primera mano lo que pensaba Pablo, porque, según ellos, la secta a la cual pertenecía Pablo, se estaba haciendo bastante famosa porque a todos les constaba que por todas partes en el imperio romano se hablaba mal de ella. En su ceguera e ignorancia espiritual, los principales judíos, pensaban que el cristianismo que predicaba Pablo, era una secta, o una facción del judaísmo, algo que ciertamente era un gran error. Así que, Pablo está por tener una grandiosa oportunidad para clarificar lo que es el cristianismo y de esa manera quedará establecido que el cristianismos de ninguna manera es una secta del judaísmo. Además, Pablo tendrá otra oportunidad para demostrar su inocencia de todos los cargos que los judíos en Jerusalén le acusaban. De manera que, Pablo y los principales judíos de Roma se pusieron de acuerdo en el día y la hora cuando Pablo expondría todo lo que sabía sobre el cristianismo. Esto nos lleva a nuestro segundo punto, la última de las seis defensas que Pablo tuvo que hacer. Hechos 28:23 dice: Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

Cuando llegó el momento acordado, llegaron muchos judíos, principales y no principales, a la posada donde Pablo cumplía su arresto domiciliario, bajo el cuidado de un soldado romano. La reunión comenzó temprano a la mañana, y se prolongó hasta la tarde. Esto significa que Pablo tuvo suficiente tiempo para enunciar y comprobar bíblicamente todo lo que decía. Lucas dice que Pablo les declaraba y testificaba el reino de Dios. El reino de Dios se refiere a la esfera de la salvación, el inmerecido dominio del gobierno divino sobre el corazón de los creyentes. Pablo era el vocero de Dios para anunciar su reino. Pablo hablaba de lo que la gracia de Dios había hecho en él, y de esa manera se constituyó en un testigo del reino de Dios. Lo que Pablo comunicaba no era solamente teoría, sino lo que había vivido en la práctica. La vida transformada de una persona, su testimonio, habla más que mil palabras. La meta de Pablo en su extensa exposición ante los judíos de Roma era demostrar que Jesús, el hombre que nació en Belén, creció en Nazaret, murió en la afueras de Jerusalén, resucitó de entre los muertos y ascendió a la presencia de su Padre, es el Hijo de Dios, el Cristo, el Mesías que tanto esperaban los judíos, y sobre quien hablaron tanto los escritos de Moisés, la torá o el Pentateuco y todos los profetas. Pablo está haciendo lo que era una norma en su vida cada vez que llegaba a determinado lugar. Primero anunciaba las buenas nuevas a los judíos, porque el evangelio es primeramente para los judíos. En tercer lugar tenemos la reacción de los judíos de Roma a la defensa que hizo Pablo. Hechos 28:24 dice: Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían.

La palabra de Dios es como el sol cuando está en su máximo esplendor. Puede suavizar la mantequilla o manteca como dicen en Argentina, o puede endurecer el barro. En todo caso, se cumple lo que dice la Biblia de sí mismo. Jamás volverá vacía. Fue así como algunos, tal vez una minoría de los judíos de Roma asentían o estaban de acuerdo con lo que decía Pablo, pero había otros, tal vez la mayoría de los judíos de Roma, que no estaban en absoluto de acuerdo con lo que Pablo decía. Se trataba básicamente de un problema de incredulidad. Era una decisión voluntaria de no aceptar lo que habían escuchado de Pablo. La incredulidad es lo que impide a un pecador hallar salvación de pecados en Cristo. Juan 3:36 dice: El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Ante esto, en cuarto lugar, tenemos la respuesta de Pablo a la incredulidad de los judíos en Roma. Hechos 28:25-28 dice: Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:

Ve a este pueblo, y diles:
De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis;
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
Y con los oídos oyeron pesadamente,
Y sus ojos han cerrado,
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos,
Y entiendan de corazón,
Y se conviertan,
Y yo los sane.
Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.

Los judíos de Roma oyeron el mensaje del evangelio predicado por Pablo, lo entendieron, pero la mayoría de ellos no lo aceptaron. Para mostrar su desacuerdo, tal vez se levantaron y se dispusieron a salir de la presencia de Pablo. Pero antes que se vayan, Pablo tenía algo que decirles. Seguramente mirando a todos a los ojos les exhortó con lo que el profeta Isaías inspirado por el Espíritu Santo escribió en Isaías 6:9-10. Estas palabras describen de una manera magistral la trágica condición espiritual de la mayoría de los judíos, no sólo en Roma sino en todo el mundo. Este pasaje bíblico fue utilizado por Jesús, en conexión con las parábolas acerca del reino de los cielos. El apóstol Juan lo utilizó en su evangelio en conexión con la incredulidad de Israel, y Pablo lo utilizó una vez más también en conexión con la incredulidad de Israel. Una cosa es escuchar y algo muy diferente es oír. Escuchar significa simplemente percibir sonidos. Oír significa entender y apropiarse de lo que se escucha. Igualmente, existe una gran diferencia entre ver y percibir. Ver significa simplemente captar imágenes, mientras que percibir significa entender el sentido de esas imágenes. Los más indicados para tener discernimiento espiritual para comprender lo que Pablo había dicho eran los líderes judíos, pero por el hecho que su corazón se había engrosado, que sus oídos se habían vuelto sordos y que sus ojos se habían vuelto ciegos, no podían creer para salvación y de esta manera estaban dejando pasar por alto su oportunidad de hallar perdón de pecados. Pero este rechazo por parte de los judíos de Roma no iba a impedir que Pablo siga predicando el evangelio, ya no a los judíos sino a los gentiles. Por eso es que Pablo termina esta sección diciendo: Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. Lo que los judíos estaban desechando iba a ser bien recibido por los gentiles. Lo que los judíos catalogaron como un tropiezo era lo que trajo tanta bendición a los gentiles. La falla de Israel abrió las puertas para que los gentiles hallen salvación de pecados. Llegará un momento, cuando ocurra lo que la Biblia llama la plenitud de los gentiles, cuando Dios nuevamente tratará de una manera directa con su pueblo escogido Israel, para llevarles a una conversión nacional, cuando reconocerán al Señor Jesucristo como su Salvador y Mesías. En nuestro próximo estudio bíblico veremos como termina el libro de los Hechos. Espero su compañía.