Saludos amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Continuando con el estudio bíblico del Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores, en esta ocasión, David Logacho compartirá con nosotros acerca de la regla de oro y también acerca de dos puertas, dos caminos y dos destinos.

Es muy grato saludarle amable oyente. Qué bendición es para mí saber que usted me está acompañando a través de su receptor. En el estudio del libro de Mateo, estamos en el Sermón del Monte, monumental discurso pronunciado por Jesús en la etapa inicial de su ministerio público. Antes de entrar a la última sección de su discurso, Jesús se refiere a lo que comúnmente se conoce como la Regla de Oro. ¿Sabe cuál es la Regla de Oro? Pues se encuentra en Mateo 7:12. Permítame que se lo lea. La Biblia dice: Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.
Antes de comentar el contenido de la Regla de Oro, debo señalar que la Regla de Oro se conocía antes de que Jesús la pronunciara en el Sermón del Monte. Fue expresada por los rabinos judíos, por los Hinduistas y por los Budistas, pero con una particularidad. Todos ellos mencionaban la Regla de Oro en una forma negativa. Es decir: No hagáis a otros lo que no queréis que otros hagan a vosotros. Pero Jesús enriquece el sentido de la Regla de Oro cuando lo expresa positivamente: Todo lo que os gustaría que otros hagan a vosotros, así también haced vosotros con ellos. ¿Ve la diferencia? Una cosa es decir, por poner un ejemplo, no voy a robar a nadie porque a me no me gustaría que alguien me robe, expresándolo en forma negativa, y otra cosa muy diferente es decir, por poner un ejemplo, voy a ayudar a alguien, porque a mí también me gustaría que alguien me ayude en algún momento. Vemos que la Regla de Oro tal como lo expresó Jesús, en forma positiva, adquiere una dimensión mucho más amplia en relación con la Regla de Oro expresada en forma negativa por otras personas. De modo que, amable oyente, como creyentes que somos debemos tener la Regla de Oro como una norma elemental para nuestra vida. Haga a otros todo lo que a usted le gustaría que otros le hagan a usted. La Regla de Oro funcionó a la perfección en un caso de la vida real. Sucede que cuando el padre del gran Emmanuel Kant era ya un anciano tuvo que realizar un viaje peligroso a través de los bosques de Polonia hacia su país natal de Silesia. En su trayecto fue atacado por una banda de asaltantes quienes le arrebataron su caballo y sus pertenencias. Antes de marcharse los asaltantes le preguntaron: ¿Nos has dado todo lo que tenías? Y ante la respuesta afirmativa del venerable anciano le dejaron en libertad. Pero una vez libre, la mano del anciano tocó algo duro en el dobladillo de su saco. Se trataba de una moneda de oro que él la había guardado allí por seguridad. Por la confusión y el miedo durante el asalto se había olvidado por completo de aquella moneda de oro en el dobladillo del saco. Se paró en seco, dio vuelta y comenzó a correr en dirección de los asaltantes. Cuando los alcanzó, avergonzado les dijo: Les he dicho algo que no es verdad. No fue mi intención mentir. El pánico que sentía no me permitió pensar con claridad. Aquí está, tomen esta moneda de oro que la había guardado en el dobladillo de mi saco. Entonces sucedió algo que dejó estupefacto al anciano. Ninguno de los asaltantes quería tomar la moneda de oro. Mas bien, uno de ellos le devolvió su billetera, otro le devolvió su libro de oraciones, mientras otro traía a devolver el caballo y le ayudaba para que lo monte. Inclusive antes de que el anciano se marche le pidieron que ore por ellos. El bien triunfó sobre el mal. Cosas así resultan cuando se aplica la Regla de Oro en el diario vivir. Nuestra vieja naturaleza nos susurra al oído que no vale la pena hacer el bien a otros, porque nunca se sabe cuál va a ser el resultado y tal vez no sea muy bueno, pero no demos oído a nuestro propio razonamiento sino más bien demos oído a las palabras de Jesús cuando dijo: Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Jesús inclusive dijo que en esto se cumple la ley y los profetas. Una manera de decir que la Regla de Oro encierra el cumplimiento de los principios éticos y morales expresados en la ley y los profetas o en las Escrituras en general. Muy bien, a partir de este punto, Jesús entra a la última sección del Sermón del Monte. Esta sección se caracteriza por un fuerte desafío a tomar una decisión personal acerca de lo que Jesús ha anunciado en su mensaje. Es lo que podríamos llamar la aplicación del Sermón del Monte. En la primera parte de esta sección tenemos a Jesús hablando de dos puertas, dos caminos y dos destinos. Permítame leer el pasaje bíblico que se encuentra en Mateo 7:13-14. La Biblia dice: Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Partiendo del hecho que Jesús ha estado hablando de las cualidades del carácter de los que son súbditos del reino de los cielos, se debe asumir que la exhortación de Jesús tiene en mente a creyentes. Es a ellos a quienes Jesús se dirige en especial. Jesús habló de dos puertas. La una es estrecha y la otra es ancha. También habló de dos caminos. El uno es angosto y el otro espacioso. Jesús además habló de dos destinos. El uno es la vida y el otro es la perdición. El angosto camino que culmina en la puerta estrecha conduce a la vida, mientras que el espacioso camino que culmina en la puerta ancha conduce a la perdición. Interesante que son muchos los que transitan por el camino espacioso que atravesando la puerta ancha terminan en perdición, y son pocos los que transitan por el camino angosto que atravesando por la puerta estrecha conduce a la vida. ¿Qué significa todo esto? Pues que la vida cristiana negligente, caracterizada por hacer la voluntad propia descuidando lo que Dios ha ordenado en su palabra, por un lado es muy apetecida por la mayoría de creyentes, por eso es que son muchos los que viven de esta manera, pero lamentablemente terminan en lo que Jesús ha llamado perdición. Esto no significa que estos creyentes serán arrojados en el infierno o que perderán su salvación. Lo que significa es que desperdiciarán su vida y jamás lograrán llegar a la madurez, o a la plenitud de la estatura de Cristo Jesús. Por otro lado, la vida cristiana diligente, caracterizada por la sumisión voluntaria a lo que Dios dice en su palabra, no es muy apetecida por la mayoría de los creyentes. Eso explica por qué son pocos los que escogen este estilo de vida. Lo maravilloso es que estos creyentes que andan conforme a lo que Dios dice en su Palabra, alcanzan la vida, en el sentido de tener una vida fructífera, una vida llena de significado, una vida que rinde fruto abundante para la gloria de Dios. Lo angosto del camino y lo estrecho de la puerta es un cuadro de los obstáculos y las dificultades de la vida cristiana en sumisión a lo que dice Dios en su Palabra. Tal vez se refiere a la persecución, a las pruebas, a las aflicciones, pero sobre todo se refiere a la constante lucha con nuestra propia vieja naturaleza, o contra nuestra carne. La vida cristiana auténtica consiste en decir no a cada tentación que se presenta y decir sí a todo lo que Dios pide en su palabra. Esta es una lucha permanente para todo creyente maduro y queda ilustrada por el camino angosto y la puerta estrecha. Esta es la interpretación del pasaje bíblico que leímos en Mateo 7:13-14. Pero además de la interpretación, en este pasaje bíblico encontramos una hermosa aplicación evangelística. En este caso, es necesario asumir algunas cosas. Hay dos destinos para la humanidad. Uno es el cielo y otro es el infierno. No existe destino neutro. El camino que conduce al cielo es angosto y pasa por una puerta estrecha. Esto simboliza la salvación por fe aparte totalmente de las obras. Esta salvación se fundamenta en la obra perfecta de Cristo Jesús al morir en la cruz del Calvario. La gente tiene mucho problema en transitar por este camino, porque piensa que debe hacer buenas obras para merecer la salvación y desprecia y se burla de la idea de llegar a ser salvo solamente por la fe en Cristo Jesús. Pero Dios dice en su Palabra que Jesús es el único camino al cielo. Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí. Jesús también dijo: Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo. Por contraste, el camino que conduce al infierno es espacioso y pasa por una puerta ancha. Esto simboliza el tan popular y atractivo sistema de salvación por obras, por el mérito propio. Dentro de esto está la enraizada creencia que la religión, cualquiera que sea, nos puede llevar al cielo. La mayoría de la gente se siente atraída por esta forma de pensar. La salvación por obras apela a la razón. Si ser salvo es algo tan bueno, debe costar mucho, se debe hacer mucho esfuerzo para lograrlo. Todo lo bueno es caro, afirma el popular dicho. Por eso es que son muchos los que transitan por el espacioso camino de hacer buenas obras para lograr la salvación. Pero la triste realidad es que el camino espacioso que atraviesa por la puerta ancha conduce al mismo infierno. El hombre pecador piensa que el camino amplio que pasa por la puerta ancha conduce al cielo, pero está sinceramente equivocado. Note lo que dice Proverbios 14:12 Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.
De modo que, amable oyente, me gustaría preguntarle ¿En cuál camino se encuentra? Si ha reconocido que por ahora está en el camino amplio que conduce al infierno, todavía tiene oportunidad de abandonar este camino errado y entrar al camino angosto que conduce al cielo. Si ese es su caso, hoy mismo por la fe reciba a Cristo como su Salvador.