Qué grato saludarle, amiga, amigo oyente. Soy David Logacho, dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Juan. Este será el último estudio bíblico en el evangelio de Juan. Espero que la palabra de Dios expuesta a lo largo de estos estudios bíblicos en el evangelio según Juan, haya sido de mucha bendición en su vida.

Abramos nuestras Biblias en Juan 21:15-25. Este pasaje bíblico tiene que ver con la quinta aparición del Señor Jesús resucitado que registra Juan en su evangelio. En este pasaje bíblico intervienen dos personajes principales, el Señor Jesús resucitado y Pedro. Lo último que vimos en el estudio bíblico anterior fue al Señor Jesús resucitado alimentando a sus discípulos con pan y el pescado que por obra sobrenatural del Señor Jesús, los discípulos atraparon en sus redes. Una vez que comieron llegó el momento para que el Señor Jesús trate asuntos espirituales con sus discípulos. En primer lugar tenemos al Señor Jesús restaurando y comisionando a Pedro. Juan 21:15-17 dice: Joh 21:15  Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.
Joh 21:16  Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
Joh 21:17  Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
La noche que el Señor Jesús fue arrestado para luego ser crucificado, Pedro negó tres veces al Señor Jesús. Luego de reconocer su error, según lo que dice Lucas, Pedro salió del recinto donde estaban juzgando al Señor Jesús, y lloró amargamente. En su gracia y misericordia, el Señor Jesús dio a Pedro la oportunidad para confesar tres veces que le amaba. La negación de Pedro fue en público, por lo tanto, la confesión de Pedro también tenía que ser en público. Por este motivo, aunque el Señor Jesús estaba tratando el asunto con Pedro, los demás discípulos estaban presentes. El pecado público se debe confesar públicamente y el pecado privado se debe confesar privadamente. En la primera vez que Pedro tuvo la oportunidad de confesar, el Señor Jesús preguntó a Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? El Señor Jesús sabía lo que había en el corazón de Pedro, pero necesitaba que Pedro lo confiese públicamente. Por eso le preguntó: ¿Me amas más que éstos? ¿A qué se refería el Señor Jesús, cuando habló de éstos? Al menos dos posibilidades se han sugerido. La primera que se refería a los aparejos para el negocio de la pesca, la barca, los remos, las redes. ¿Me amas más que lo que amas a estas cosas? La segunda, que se refería a los otros discípulos que estaban en el lugar. ¿Me amas más que lo que los otros discípulos me aman? El contexto parece apoyar la segunda posibilidad. Pedro aprendió muy bien su lección de no confiar en sí mismo, luego de su rotundo fracaso cuando confiando en sí mismo prometió al Señor estar con él inclusive si tenía que morir. Por esa razón, su respuesta fue: Sí, Señor, tú sabes que te amo. En el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento existen varios verbos que se traducen amar. El verbo agapao expresa el amor de máxima calidad. El verbo fileo expresa un amor de menor calidad. Cuando Pedro respondió: Tú sabes que te amo, es como si estuviera diciendo: Tú sabes que te quiero. Pedro no se atrevió a usar el otro verbo que expresa el amor de calidad máxima. Ante esta confesión, el Señor Jesús le encomendó que apaciente o pastoree los corderos que pertenecen al Señor. Pedro era pescador de profesión, pero de allí en adelante sería pescador de hombres, y pastor de los que son del Señor. Inmediatamente después, el Señor Jesús dio a Pedro la segunda oportunidad para confesarlo. Fue idéntica a la primera, con la excepción de que sobre la base de la confesión de Pedro, el Señor Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas. La tercera oportunidad que el Señor Jesús dio a Pedro para confesarlo, cambió un poco. Esta vez, el Señor Jesús ya no utilizó el verbo para expresar amor de calidad máxima, sino el amor de menor calidad. Le preguntó: ¿Me quieres? Esto fue lo que hizo entristecer a Pedro. La respuesta de Pedro fue: Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. Pedro utilizó la misma palabra para amar que utilizó el Señor Jesús. Una manera de decir: A pesar de que mi amor no sea de calidad máxima, tú sabes todo, tú sabes que con ese amor aunque imperfecto, yo te amo. La respuesta del Señor Jesús fue: Apacienta o pastorea mis ovejas. Por tres ocasiones Pedro confesó públicamente su amor al Señor Jesús, y por tres veces el Señor Jesús le comisionó a apacentar o pastorear los corderos o las ovejas del Señor, es decir los creyentes. Pero además, en segundo lugar tenemos al Señor Jesús profetizando a Pedro la manera como iba a morir. Juan 21:18-19 dice: De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.
Joh 21:19  Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
Cuando Pedro era más joven, tenía mucha libertad para moverse. Iba a donde quería, pero no será igual cuando llegue a viejo. En esas condiciones, al final de sus días, será arrestado, atado y conducido por otros para ser ejecutado. De esta manera, Pedro glorificaría a Dios, muriendo como mártir. Interesante que aquel que le había negado, más tarde iba a tener el valor para poner su vida por aquel a quien negó. La transformación fue el resultado de la obra del Señor Jesús resucitado. Esto nos recuerda que podemos glorificar a Dios bien sea en la vida y en la muerte. Por lo que sostiene la tradición, esta profecía del Señor Jesús se cumplió totalmente. De acuerdo a la tradición, Pedro fue condenado a morir crucificado, pero su último deseo fue que le crucifiquen con la cabeza hacia abajo, porque según él no era digno de morir de la misma manera que murió el Señor Jesús. Esto es lo que sostiene la tradición. La Biblia guarda silencio sobre la manera como murió el apóstol Pedro. Luego de profetizar sobre como iba a morir Pedro, el Señor Jesús le dijo: Sígueme. En obediencia, Pedro debe haber iniciado su marcha en el fascinante, pero difícil camino de ganar personas para Cristo y pastorearlas, conforme a la voluntad del Señor Jesús. Fue en estas circunstancias cuando, en tercer lugar, Pedro hizo referencia a Juan. Juan 21:20-23 dice: Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?(C)
Joh 21:21  Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?
Joh 21:22  Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.
Joh 21:23  Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
Pedro estaba cumpliendo con el mandato que le hizo el Señor Jesús de seguirle, pero volviéndose notó que alguien le estaba siguiendo. Era natural, porque Pedro era un líder por naturaleza. ¿Quién era el que le seguía? Era nada más y nada menos que Juan el escritor del evangelio. Esta es la razón por la cual no se identifica con su nombre, pero aporta suficiente información para saber que era él. Era el discípulo a quien el Señor Jesús amaba. Era el discípulo que se había recostado al lado de él en la última cena. Era el discípulo que había preguntado al Señor Jesús, quién es el que le había de entregar. Esto nos da una pauta de la estrecha relación que tenía Juan con su Maestro, el Señor Jesús. Hermoso testimonio de alguien que llegó a tener tal grado de confianza con el Señor Jesús. Lo maravilloso es que la voluntad de Dios es que todos los que somos creyentes podamos desarrollar un grado de confianza similar con la persona de nuestro Salvador, el Señor Jesús. Él está dispuesto, pero los que fallamos somos nosotros. Sucede que cuando Pedro vio a Juan, dijo al Señor Jesús: Señor, ¿y qué de este? Pedro era tan humano como usted y yo, amable oyente. Me refiero a esa tendencia a fijarnos en otros mientras servimos al Señor. A veces nos tornamos en jueces de la obra de los demás. No nos damos cuenta que somos sólo siervos y que uno solo es el Amo, ante quien cada siervo tiene que rendir debida cuenta. La respuesta del Señor Jesús a Pedro está llena de significado. Le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? En otras palabras: Si quiero que él siga vivo hasta que yo regrese, ¿qué tiene que ver contigo? Inmediatamente el Señor Jesús añadió: Sígueme tú. En otras palabras: Sígueme y no te fijes en lo que hacen los demás. Gran consejo para todos nosotros amable oyente. Jamás debemos modificar nuestro andar con el Señor por la manera como otros están andando con el Señor. Debemos poner nuestra mirada única y exclusivamente en el Señor. Lo que el Señor Jesús dijo a Pedro con respecto a Juan fue motivo para muchos hermanos en la fe de aquel tiempo interpreten las palabras del Señor Jesús en el sentido que Juan iba a permanecer vivo hasta la segunda venida del Señor Jesús. Si fuera así, Juan hubiera tenido ya más de dos mil años de edad. Gracias a Dios que el mismo Juan se encarga de aclarar el asunto cuando dice que lo que en realidad dijo el Señor Jesús fue simplemente: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Poniéndolo en palabras de hoy en día, diríamos: A ti no te debería importar si inclusive yo quisiera que Juan esté vivo hasta que yo venga por segunda vez. De ninguna manera era una profecía de que Juan no iba a morir hasta que el Señor Jesús venga por segunda vez. Finalmente tenemos el epílogo del evangelio. Juan 21:24-25 dice: Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.
Joh 21:25  Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
Juan es el discípulo que ha testificado sobre lo que vio y oyó. Su testimonio ha sido escrito. Su testimonio es verdadero. Lo que Juan incluyó en su evangelio es únicamente lo que contribuyó a confirmar que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengan vida en su nombre. Hay muchas otras cosas que hizo Jesús, pero Juan no las incluyó en su evangelio. Si hubiera registrado todo lo que hizo Jesús, ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Juan termina con esa conocida palabra: Amén. Así sea. Que el Señor le bendiga.