Bienvenida, bienvenido amiga, amigo oyente. Es un privilegio para nosotros contar con su sintonía. En el estudio bíblico de hoy continuaremos con la serie titulada La Vida Auténticamente Cristiana, y esta vez, trataremos el asunto de la persecución. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para compartir acerca de este tema.

Si Usted pensaba que la vida cristiana es una vida rodeada de comodidad, siento mucho desilusionarle, no porque tenga algún afán de arruinar sus expectativas, sino porque eso es lo que enseña la palabra de Dios.

La Vida Auténticamente Cristiana no está libre de la persecución. En la Biblia encontramos información importante acerca de esta característica de la vida auténticamente cristiana.

Lo primero que notamos es que la persecución a los creyentes fue predicha por Cristo Jesús. Juan 15:20 dice: “Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra”

El mundo persiguió implacablemente a nuestro amado Salvador. El mundo no puede hacer algo diferente hacia los que somos sus seguidores.

En segundo lugar, la Biblia dice que la persecución, además de ser predicha se hizo práctica. A lo largo de la historia del cristianismo en el mundo, ha habido persecución. Unas veces más severa, otras veces no tanto, pero siempre ha habido. Note lo que dice el apóstol Pedro al respecto en 1ª Pedro 4:12-13: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.”

Pedro escribió su carta a un grupo de creyentes agobiados por la persecución a causa de Cristo. Algunos de estos creyentes estaban sorprendidos por la persecución que estaban soportando. Seguramente, como muchos hoy en día, pensaban que la vida cristiana debería ser todo dicha y felicidad, y se sorprendieron cuando el mundo se les vino encima en una feroz persecución.

Pedro por tanto les dice: No se sorprendan como si algo extraño les estuviera aconteciendo. La persecución es parte de la vida auténticamente cristiana.

En tercer lugar, la Biblia dice que la persecución está íntimamente ligada a la vida piadosa del creyente. Mire lo que tenemos en 2ª Timoteo 3:12 “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”

El mundo no persigue a los creyentes flojos, o a los creyentes que viven conforme a las normas del mundo. Pero cuando un creyente trata de levantarse del plano mediocre de la vida cristiana y comienza a vivir para Cristo y por Cristo, es inevitable que sufra persecución.

Es posible que Usted no esté experimentando ninguna persecución este instante. Sería conveniente entonces que se pregunte a Usted mismo si está dando un buen testimonio como creyente allí en su hogar, en su vecindario, en su trabajo, en su lugar de estudio. Yo le garantizo que cuando comience a levantar su voz a favor de Cristo con su testimonio hablado y vivido, el mundo se va a sentir incómodo con Usted y con toda certeza comenzará a perseguirle.

Una de las maneras para saber cuán bien estamos en nuestra vida espiritual es por medio de ver cuán bien somos aceptados por el mundo. Si el mundo nos mira de reojo, si el mundo nos mira como algo raro, como a un pelo en la sopa, decía un amigo mío, entonces es muy probable que estemos bien con el Señor, pero si el mundo nos sonríe y nos aplaude, es posible que el mundo piense que somos de él y por eso nos trata tan bien.

En cuarto lugar, la Biblia nos habla del origen de la persecución. Es la ignorancia. Juan 16:1-3 dice: “Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.”

El mundo persigue a los creyentes porque ignora quienes son y más aún, ignora quién es su Padre. No olvide que el mundo no tiene ninguna comunión con el Padre. La persecución también se origina en el odio natural del mundo controlado por Satanás, hacia Dios y su Hijo Jesucristo.

Ponga atención a lo que dijo Jesús, según Juan 15:24: “Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.”

Allí lo tiene. El mundo aborrece al Padre y al Hijo y por eso también aborrece a los que somos hijos de Dios.

La persecución también se origina en el celo que tiene el mundo hacia Cristo. El mundo se siente amenazado por Cristo y sus seguidores. Hechos 13:50 dice: “Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites.”

El celo se ve principalmente en los grupos religiosos hegemónicos. Son incontables los casos de fieles creyentes que murieron como mártires a manos del judaísmo, inicialmente, tal el caso de Esteban, y más tarde a manos de la misma iglesia cristiana organizada, pero alejada totalmente de todo patrón bíblico.

En quinto lugar, la Biblia habla de que nunca estamos solos en la persecución. Eso es lo que aparece en 2ª Corintios 4:9 donde dice: “perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”

Son las palabras del apóstol Pablo, en una parte de su testimonio personal. Pocas personas han sido tan perseguidas por la causa de Cristo como Pablo. Sin embargo, Pablo nunca se sintió solo. No importa si era en el frío calabozo o en las impetuosas aguas del mar, Pablo se sintió siempre bajo el amparo de Dios.

Si está sufriendo persecución este mismo instante, no se desanime pensando que hasta Dios le ha abandonado. Recuerde: Perseguidos, mas no desamparados.

En sexto lugar, la Biblia habla acerca de la importancia de la oración para que Dios libre a los que están en persecución. 2ª Corintios 1:9-11 dice: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.”

Dios es fiel. Él libró, libra y librará de persecución a los que somos de él, pero la oración es importante para que esto sea así. Dios actúa en respuesta a las oraciones, librando a los que están en persecución. Interesante que Dios no promete que nunca estaremos en persecución. Lo que promete es que cuando estemos en persecución, él está presto para librarnos.

Ahora que hemos mencionado lo que la Biblia dice acerca de la persecución, enfoquemos nuestra atención sobre lo que debemos hacer cuando estemos en persecución.

Primero, encomendarnos a Dios. 1ª Pedro 4:19 dice: “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.”

La tendencia normal cuando somos perseguidos es desconfiar de Dios pensando que no valió la pena servirle de corazón. Pero en lugar de ello, debemos reafirmar nuestra confianza en él, sabiendo que él está controlando lo que está pasando y si permitió la persecución, es porque eso fue necesario.

Segundo, tener paciencia. 1ª Corintios 4:12 dice: “Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen y bendecimos; padecemos persecución y la soportamos.”

El verbo soportar significa llevar un gran peso sin desmayar o caer. Es muy fácil desmayar y caer cuando estamos en persecución, pero el creyente debe soportar la persecución.

Tercero, regocijarnos. Mateo 5:11-12 dice: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.”

La persecución por la causa de Cristo debe ser vista como un motivo para regocijarse en lugar de un motivo para amargarse. Una de las bienaventuranzas dice: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”

Cuarto, debemos glorificar a Dios. 1ª Pedro 4:16 dice: “pero si alguno padece, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.”

Glorificar a Dios significa mostrar en acción alguno de sus atributos. Lejos de quejarnos contra Dios por la persecución, debemos manifestar algunos de sus atributos, como amor, paz, paciencia, etc.

Quinto, debemos orar por los que nos persiguen. Mateo 5:44 dice: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”

Actuar así con relación a los que nos persiguen es imposible en la fuerza de la carne. La carne trata de vengarse de los que nos persiguen. Pero en el poder de Dios es posible poner en práctica lo que enseña el Señor.

Sexto, debemos orar al Señor para ser librados de la persecución. Eso fue lo que hizo David cuando enfrentó persecución: Salmo 7:1 dice: “Jehová Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame”

No hay nada de malo con pedir a Dios en oración que nos libre de la persecución, sin embargo, mientras Dios tarda en responder, debemos soportar la persecución, es decir, no desmayar o caer.

Por último, en séptimo lugar debemos bendecir a los que nos persiguen. Romanos 12:14 dice: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.”

Bendecir a los que nos persiguen no significa solamente hablar bien de ellos, sino hacer el bien. Es la forma bíblica de tratar a los que nos persiguen por causa de Cristo. La persecución es parte de la vida auténticamente cristiana. La Biblia nos enseña sobre ella y sobre cómo actuar cuando estamos en persecución.