Gracias por estar nuevamente con nosotros, es un privilegio contar con su sintonía, hoy continuaremos con el interesante tema que está desarrollando nuestro hermano David Logacho, “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”, tenga su Biblia a mano y acompáñenos a conocer que es lo que dios nos quiere decir acerca de esto.

Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada mediante el Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico dejamos a Pablo listo para zarpar de Malta, la pequeña isla a la cual tanto él como los demás pasajeros llegaron después de un terrible naufragio. Pablo estaba en calidad de prisionero, pero contaba con el apoyo de Lucas, quien además de historiador era médico, y un hermano macedonio de Tesalónica llamado Aristarco. Tanto Pablo como otros presos estaban bajo el cuidado de un centurión romano llamado Julio, y algunos soldados romanos. Con este antecedente, veamos lo que pasó a continuación. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 28 a partir del versículo 11. Lo primero que notamos es la partida desde Malta. Hechos 28:11 dice: Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux.

Esto debe haber ocurrido a mediados de Febrero aproximadamente. Para esa época del año ya no revestía mayor peligro la navegación marítima. Habían transcurrido tres meses desde que Pablo y los demás habían llegado a la isla de Malta. En la misma isla había estado invernando una nave alejandrina que tenía por enseña a Cástor y Pólux. Se trata de una gran embarcación armada en Egipto y dedicada a transportar trigo y pasajeros de Egipto a Roma. Algo particular a esta nave era que tenía como enseña a Cástor y Pólux. En la mitología griega, Cástor y Pólux eran los nombres de los dos hijos gemelos de Zeus y se los consideraba como los protectores de los que surcaban los mares. Esto de confiar en imágenes para supuestamente obtener buena suerte es tan antigua como la misma humanidad. Pablo y sus acompañantes se hicieron a la vela en esta nave, bajo la atenta vigilancia del centurión romano Julio y algunos soldados romanos. En segundo lugar, tenemos la llegada de Pablo a suelo italiano. Hechos 28:12-15 dice: Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli, donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma, de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento.

La navegación fue sin contratiempo alguno. Los vientos que soplaban desde el sur hicieron el viaje más rápido y sin problema alguno. El primer puerto que tocaron fue Siracusa en donde se quedaron tres días. Siracusa estaba a unos 130 Km. al norte de Malta, era una importante ciudad en la costa este de la isla de Sicilia. Según la tradición, Pablo fundó una iglesia en esta ciudad durante los tres días que pasó allí. De Siracusa, costearon alrededor la isla de Sicilia y arribaron a Regio, unos 110 Km. hacia el norte, un puerto en la punta del pie de la forma de bota del territorio italiano. En este puerto la embarcación se detuvo un día, tal vez esperando buen tiempo como para permitir la navegación por el estrecho de Mesina, el cual separa la isla de Sicilia del territorio italiano. Con viento a favor desde el sur, navegaron hacia el norte bordeando la costa oeste de la península ibérica, y arribaron al puerto de Puteoli. La moderna ciudad de Pozzuoli, localizada en la bahía de Nápoles, cerca de Pompeya. Se trata del principal puerto romano en donde se descargaba el trigo que venía de Egipto. A partir de este sitio, el viaje hasta Roma debía continuar por tierra. En Puteoli encontraron hermanos en la fe que estaban entusiasmados con la llegada del apóstol Pablo aun cuando sea en cadenas. De alguna manera, los hermanos en la fe consiguieron que Julio, el centurión romano permita que Pablo y sus acompañantes se queden en esta ciudad siete días antes de proseguir el viaje hacia Roma. Pablo debe haber aprovechado muy bien este tiempo, no sólo para descansar del viaje sino para ministrar a los hermanos en la fe. En todo caso, la noticia de la llegada de Pablo a Puteoli llegó a Roma y los hermanos en la fe en Roma decidieron que lo mejor sería formar una caravana de recepción para salir al encuentro de Pablo. El encuentro con estos hermanos en la fe que venían de Roma se produjo en una ciudad llamada Foro de Apio, una ciudad comercial a unos 70 Km. al sur de Roma. Ya con Pablo y los que le acompañaban formando parte de la caravana, llegaron a un punto que se llamaba Tres Tabernas, tal vez mejor Tres Estancias, o Tres Albergues, porque en realidad se trataba de un lugar de descanso para los viajeros que utilizaban la Via Apia, a unos 48 Km. al sur de Roma. Lucas registra en su relato que cuando Pablo vio a los hermanos que habían venido de Roma a hacerle compañía en el último trayecto del viaje, dio gracias a Dios y cobró mucho aliento. No olvide amable oyente que Pablo venía de ser por poco asesinado por los judíos incrédulos de Jerusalén, venía de estar preso en Cesarea por al menos dos años sin fórmula de juicio, venía de un viaje por mar que terminó en naufragio y tantas otras cosas más, sin embargo, aquí tenemos a Pablo en cadenas, dando gracias a Dios por tenerle en Roma. Parece inconcebible, ¿verdad? Lo que pasa es que Pablo había aprendido a poner su mirada más allá de los problemas. Pablo veía a un Dios que estaba moviendo sus piezas para cumplir con su soberana voluntad. A Pablo no le importó sufrir en lo personal con tal de cumplir con la voluntad de Dios. Qué gran ejemplo para nuestras vidas. En tercer lugar tenemos la llegada de Pablo a la ciudad de Roma. Hechos 28:16 dice: Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.

Era la primera vez que Pablo pisaba Roma. Al llegar, el centurión romano procedió a entregar a todos los presos que venían bajo su custodia al oficial romano, el prefecto militar. Sin embargo, la providencia divina se hizo presente una vez más favoreciendo a Pablo, porque en lugar de ser arrojado a una obscura y húmeda celda, a Pablo se le permitió vivir aparte, seguramente en alguna casa, con la presencia permanente de un soldado romano para que le custodiase. Pablo disfrutaba de una relativa libertad. En la casa donde estaba podía recibir visitas y sobre todo podía compartir su fe con muchas personas. En cuarto lugar, tenemos los antecedentes de la defensa de Pablo ante los judíos en Roma. Hechos 28:17-20 dice: Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos; los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación. Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.

Esto es el antecedente de la sexta y última defensa de Pablo. Notamos que Pablo se tomó tres días tal vez para familiarizarse con el medio, con la gente y muy seguramente para buscar la voluntad de Dios en oración en cuanto a qué pasos debía dar. Seguro de contar con la dirección de Dios, Pablo convocó a los principales de los judíos que moraban en Roma. Pablo debe haber supuesto que los judíos en Roma no sabían lo que había pasado entre él y los judíos en Jerusalén y lo que había pasado en Cesarea y por eso quiso adelantarse a comunicar lo que había acontecido. Cuando los judíos de Jerusalén llegaron, Pablo se dirige a ellos llamándoles: varones hermanos. De entrada establece su inocencia cuando dice: Yo, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos. Luego, Pablo se apoya en la opinión que tenían los romanos que le investigaron y dice: habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. La inocencia de Pablo fue ratificada por los romanos. Si no estaba libre era por la tenaz oposición de los judíos quienes demandaban una sentencia de muerte en contra de Pablo. Esto obligó a Pablo a apelar a César. Su próxima comparecencia ante César no tiene nada que ver con alguna acusación de Pablo tuviera en contra de la nación de Israel. Finalmente, Pablo señala que la única causa por la cual llamó a los principales de los judíos en Roma era para hacerles conocer que el único motivo por el cual estaba preso, en cadenas, esperando presentarse ante el César, era por la esperanza de Israel. Esto se refiere a la esperanza Mesiánica, encarnada en Jesucristo, la cual halló su punto culminante con su resurrección. En nuestro próximo estudio bíblico, vamos a considerar cuál fue la reacción de los principales judíos en Roma ante la exposición que les hizo Pablo. Espero su compañía.

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