Gracias damos a Dios por el privilegio que es para nosotros el contar con su sintonía. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. La palabra de Dios es un legado espiritual que Timoteo recibió de su abuela, de su madre, de Pablo y probablemente de otros más. El deber de Timoteo era persistir en esa palabra y estar persuadido de esa palabra. No podía ser de otra manera porque la palabra de Dios hace sabio al pecador para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús y porque la palabra de Dios es inspirada o exhalada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, con el propósito de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Pero además de persistir y estar persuadido de la palabra de Dios es necesario proclamar la palabra de Dios. Este es el solemne encargo que Pablo va a entregar a Timoteo, lo cual será tema del estudio bíblico de hoy con David Logacho, en la serie titulada: Consejos para una iglesia en peligro.

Sabiendo que sus días sobre la faz de la tierra estaban prácticamente contados, Pablo está pensando en las personas que después de su partida se encargarán de continuar con la obra del Señor.

Una de esas personas era Timoteo. Es así como Pablo formula un encargo para su discípulo Timoteo. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 2 Timoteo 4:1-5. En esta porción bíblica encontramos la solemnidad del encargo, el contenido del encargo, el obstáculo del encargo y el cumplimiento del encargo. En ese orden vamos a analizar este hermoso pasaje bíblico.

En este estudio bíblico analizaremos solamente los dos primeros puntos. Lo primero, la solemnidad del encargo. 2 Timoteo 4:1 dice “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación en su reino,”

Cuando alguien quiere que otra persona haga algo por demás importante. Normalmente pedirá encarecidamente que lo haga. Pues eso es lo que está haciendo Pablo con Timoteo.

Te encarezco tiene que ver con emitir una directiva u orden en extremo importante. Para dar más peso a su pedido, Pablo pide la comparecencia de Dios y del Señor Jesucristo. Por eso dijimos que se trata de un encargo solemne. Dios y el Señor Jesucristo son testigos del encargo que Timoteo está recibiendo de Pablo. Timoteo debía tomar conciencia que el Señor Jesucristo es quien juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino.

Esto es en cumplimiento de lo que el mismo Señor Jesucristo dijo, según Juan 5:22 donde leemos: “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo”

Pablo no está especificando el tiempo del juicio, ni el tipo del juicio. La Biblia habla de varios juicios y estos juicios acontecen en distintos tiempos. Lo que está diciendo Pablo es que el Señor Jesucristo tiene la potestad de juzgar, no importa si la gente ya ha muerto o sigue viva cuando llegue el momento del juicio. Ante una persona así como testigo, más vale que Timoteo tome muy en serio el encargo que está recibiendo de Pablo. Es la solemnidad del encargo.

En segundo lugar tenemos el contenido del encargo. ¿Qué es lo que Pablo está encargando a Timoteo con tanta solemnidad? Note. 2 Timoteo 4:2 dice: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”

El encargo tiene cinco componentes.

Número uno: que prediques la palabra. El verbo predicar comunica la idea de proclamar, anunciar, dar a conocer a viva voz. ¿Qué es lo que Timoteo debía proclamar? Pues, la palabra. La palabra es la Biblia, la palabra de Dios. Pablo debía predicar la Biblia. Esto parece muy obvio, pero es pasado por alto con tanta frecuencia. ¿Cuándo? Pues cuando la gente que supuestamente debe predicar la Biblia, en lugar de eso, predican sus propias doctrinas, o sus propias interpretaciones, o sus propias experiencias, o sus propias ideas, o simplemente cualquier cosa que no sea la Biblia.

Si Dios le ha dado la responsabilidad de servir en una iglesia local como pastor o anciano o maestro, no debe olvidar jamás que debe predicar la palabra.

En cierta ocasión fui invitado a predicar en una conferencia bíblica en determinada iglesia local. Mientras esperaba el momento para pasar al púlpito me quedé asombrado de lo hermoso que era el púlpito. Hecho de madera fina preciosamente trabajada se veía reluciente en medio de la plataforma. Cuando tomé el púlpito mis ojos se fijaron en una frase que estaba tallada sobre el púlpito, claramente visible para quien estaba predicando, pero invisible para la congregación. Decía así: “Desde este lugar se predica la palabra. 2 Timoteo 4:2” Era un permanente recordatorio para los predicadores que usaban ese púlpito, de que prediquen solamente lo que Dios dice en su palabra.

Número dos, que instes a tiempo y fuera de tiempo. El verbo instar es la traducción de un verbo griego que literalmente significa: Ponerse inmediatamente de pié, o estar listo para actuar, o estar preparado, como una trampa lista para atrapar su presa. Denota preparación, urgencia, disponibilidad inmediata.

Se usaba para hablar de un soldado que estaba listo para entrar en batalla o de un guardia que estaba en permanente estado de alerta por si acaso surja un ataque sorpresa. Que instes a tiempo y fuera de tiempo significa entonces que Timoteo debía estar siempre listo, en todo momento, para predicar la palabra de Dios.

Tiene que ver con aprovechar cualquier oportunidad que se presente para declarar la verdad de la palabra de Dios.

Hace algunos años atrás, un querido hermano en la fe, a quien conozco personalmente, era uno de los pasajeros en un avión que tuvo un accidente. El avión tuvo problemas al aterrizar y se estrelló al final de la pista de aterrizaje. En medio de la confusión, mientras todos los pasajeros procuraban huir de la escena del desastre, este hermano tomó en sus brazos a una joven que no sabía como salir de los escombros del avión y saltó con ella por la portezuela, hacia el suelo. Su acto heroico atrajo inmediatamente la atención de las cámaras de televisión de los noticieros.

Este hermano en la fe tomó en serio el consejo de Pablo de instar a tiempo y fuera de tiempo y ni corto ni perezoso comenzó a hablar de Jesucristo ante las cámaras de la televisión. Seguramente pensaba: Jamás voy a tener la oportunidad de estar en la televisión a escala nacional, así que, mejor que hable sobre Jesucristo. Que Dios nos dé ese celo por poner en alto su palabra en cualquier momento. Todo momento es buen momento para predicar la palabra de Dios.

Número tres, que redarguyas. El verbo redargüir es la traducción de un verbo griego que literalmente significa convencer o refutar. Tiene que ver con utilizar la palabra de Dios para mostrar el error bien sea en doctrina o en práctica. La palabra de Dios es útil para redargüir, es necesario por tanto echar mano de la palabra de Dios para poner en evidencia el error bien sea en doctrina o bien sea en práctica.

No es suficiente decir a alguien: Eso que estás haciendo está mal. Es necesario decir: Eso que estás haciendo está mal porque contradice esto que dice la Biblia en esta parte. Esto es redargüir. Los que tenemos el privilegio de proclamar la palabra de Dios debemos usar la palabra de Dios para convencer de la mala doctrina o de las malas obras a las personas.

Número cuatro, que reprendas. El verbo griego que se ha traducido como “reprender” significa poner honor sobre, de allí, juzgar y por ende, reprender. Tiene que ver con que el que está en error, ya sea doctrinal o práctico, reconozca su error y sea motivado a un cambio de manera de pensar o a un cambio de conducta movido por la majestad de la palabra de Dios.

Los predicadores debemos enseñar a respetar la palabra de Dios a las personas a quienes ministramos. Mientras más respeto y honor se tenga hacia la palabra de Dios, más difícil será que nos entreguemos al pecado.

Número cinco, que exhortes con toda paciencia y doctrina. El verbo exhortar es la traducción de un verbo griego compuesto de dos partes. La primera significa: al lado. La segunda, significa: llamar. Exhortar entonces significa llamar al lado.

Esta es la tarea de los pastores, ancianos y en general de todo creyente maduro en la fe. Cuando vemos, o de alguna manera llegamos a saber sobre algo malo que ha hecho otro creyente, pensamos que lo mejor que podemos hacer es quedarnos callados. Está bien no publicar lo que ha pasado porque eso sería un chisme, pero está mal no hacer nada. Lo que debemos hacer es llamar al lado, o exhortar a ese creyente que está en error. Pero no nos confundamos.

La idea detrás de llamar al lado a alguien que está en error, no es para darle con un garrote en la cabeza ni tampoco para maltratarle emocionalmente. La idea de tener al lado a esa persona en error es para buscar una restauración. Esto se debe hacer con toda paciencia y doctrina. La palabra que se ha traducido como paciencia denota largura de ánimo.

Esta es una recomendación muy válida especialmente para los ancianos o pastores, porque constantemente tienen que enfrentar faltas, a veces muy graves, en los creyentes. La confrontación debe realizarse con toda paciencia. Sin lastimar, sin herir, sin buscar venganza.

Además Pablo aconseja a Timoteo que debe exhortar con toda doctrina. Esto por un lado significa utilizar la palabra de Dios en el proceso de confrontar a un creyente con su pecado, pero por otro lado significa ayudar al creyente que ha caído a aprender de sus propios errores.

Después de todo, lo único rescatable de una caída en pecado es aprender lo que es necesario hacer para no volver a caer en el pecado. De modo que, amable oyente, Pablo encargó a Timoteo algo importante. Lo hizo con solemnidad, invocando a Dios y al Señor Jesucristo.

El encargo tiene que ver con predicar la palabra de Dios y no cualquier otra cosa. Tiene que ver con estar siempre listo para predicar la palabra de Dios en cualquier momento y en cualquier ocasión. Tiene que ver con buscar que la palabra de Dios ponga en evidencia el pecado que comete la gente. Tiene que ver con mostrar al pecador la manera como debe rectificar el error que está cometiendo y tiene que ver con llamar al lado al pecador para mostrarle con amor y paciencia lo que está haciendo mal y ayudarle a que no vuelva a cometer el mismo error. Es sin duda un encargo importante.