Qué gozo es estar nuevamente junto a Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. En esta oportunidad vamos a estudiar una preciosa parábola que ilustra el profundo interés del Señor Jesucristo por salvar al pecador.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Lucas capítulo 15. A manera de introducción, permítame leer los versículos 1 y 2. La Biblia dice: Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
Luc. 15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
El mensaje que predicaba el Señor Jesús era tan cautivante que todos los publicanos y pecadores no podían resistir estar lo más cerca posible de él para oírle. Esto causó mucha contrariedad entre los fariseos y escribas, y murmuraban contra el Señor Jesús diciendo con desdén: Este a los pecadores recibe y hasta con ellos come. Compartir una comida en la sociedad judía de ese tiempo era la mayor muestra de compañerismo. Los fariseos y escribas se consideraban tan puros y perfectos que miraban con profundo desdén a los que según ellos no estaban a su nivel, como los publicanos y pecadores. Este es el antecedente que motivó al Señor Jesús a pronunciar tres parábolas que ilustran el profundo interés y amor del Hijo, del Espíritu Santo y del Padre, por la salvación del pecador. La oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido. En esta ocasión vamos a considerar la parábola de la oveja perdida. Lucas 15:3-7 dice así: Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:
Luc. 15:4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
15:5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;

15:6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
15:7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Una parábola es una narración de un suceso real o fingido, pero muy conocido por los que la oyen, del cual se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral o espiritual. La gente que oía al Señor Jesús, tanto publicanos y pecadores como fariseos y escribas, estaban muy familiarizados con las costumbres de los pastores de ovejas en su tiempo. Sabían perfectamente el fuerte vínculo que los pastores formaban con cada una de sus ovejas, al punto de conocer a cada una de ellas por su nombre. No debe haber causado sorpresa a los oyentes pensar en aquel pastor de ovejas que teniendo cien ovejas, sin embargo, en algún momento nota que le falta una y su interés por la oveja perdida le impulsa a dejar a las noventa y nueve en el desierto, y salir a buscar a la oveja perdida. La búsqueda es incesante. Termina solamente cuando encuentra a la oveja perdida. Al encontrarla, levanta a la oveja y la pone sobre sus hombros. Con la oveja a cuestas llega a su casa y convoca a sus amigos y vecinos para gozarse por la bendición de haber encontrado a su oveja perdida. Nuestra tarea ahora es trazar esos paralelos para extraer la enseñanza espiritual. El pastor de ovejas representa a nuestro Señor Jesucristo. Así como el pastor de ovejas no escatimó esfuerzo alguno hasta encontrar a su oveja perdida, el Señor Jesucristo también no escatimó esfuerzo alguno por salvar al pecador. El Señor Jesucristo dejó la gloria que había compartido desde la eternidad con su Padre, para venir a este mundo tomando forma humana para salvar al pecador. Estando en forma humana, al Señor Jesucristo no le importó ser azotado, ser golpeado, ser escupido, ser afrentado con esa corona de espinas que se clavaron en sus sienes y ser colgado desnudo a esa cruz de vergüenza. Nada de esto le importó con tal de salvar al pecador, si justamente a ese pecador a quien tanto odiaban y despreciaban los fariseos y escribas que se creían justos. La oveja perdida representa al pecador. Es un cuadro perfecto de todo pecador. Dicen que las ovejas son los animales más ingenuos de la naturaleza. No son capaces de cuidarse a sí mismas, no son capaces de buscar alimento por sí mismas, no son capaces de limpiarse a sí mismas. Si no tienen un pastor que las guíe, las ovejas tienen pocas probabilidades de sobrevivir. No son pocas las veces, que sin darse cuenta, una oveja se separa del rebaño y comienza a caminar y caminar en cualquier dirección y termina extraviada. Así es el pecador. 1 Pedro 2:25 dice que antes de ser creyentes todos éramos como ovejas descarriadas. Este mundo está repleto de ovejas extraviadas. Extraviadas en los arbustos de la riqueza, extraviadas en las espinas del placer, extraviadas en los laberintos de la fama, extraviadas en la maleza del poder, extraviadas inclusive en la maraña de la religión. Están extraviadas, pero no lo saben, son como las ovejas. Pues por personas así es que vino el Señor Jesucristo a este mundo. Por personas así, el Señor Jesucristo no escatimó esfuerzo alguno para salvarlas. Por personas así, el Señor Jesucristo inclusive murió para poder salvarlas. Juan 10:11 dice: Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Imagine ahora el alivio que habrá sentido la oveja perdida cuando fue hallada por el pastor. Seguramente se encontraba cansada, herida, hambrienta, asustada y de repente aparece el rostro amable del pastor, quien sin regañar, sin castigar, toma a la oveja en sus fuertes brazos y la coloca sobre sus hombros. La oveja entonces halla descanso inmediato, seguridad, y en cuestión de tiempo alimento y abrigo. Esto es justamente lo que el Señor Jesucristo desea hacer con cada pecador en este mundo. Si Usted amable oyente se encuentra como esa oveja perdida, cansado, herido por los golpes de la vida, hambriento de algo que realmente tenga sentido, temeroso por no saber que le depara el futuro, entonces lo que más necesita es poner su mirada en el buen pastor, en Cristo Jesús quien le hace la invitación para que encuentre en él la salvación de su alma. Mateo 11:28-30 dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mat 11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;
Mat 11:30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Si Usted amable oyente responde a esta invitación, será levantado de ese sitio donde ha estado extraviado por tanto tiempo, y será puesto en los hombros fuertes y seguros del Salvador, en donde hallará descanso, sentido a la vida y vida eterna. No tarde más en tomar esta decisión. Cuando tome esta decisión, esto será motivo para que haya gozo en el cielo. Cuando el pastor llegó a su casa con su oveja sobre sus hombros, invitó a sus vecinos y amigos para hacer una fiesta por el gozo que sentía al haber hallado a su oveja perdida. Igual es en el plano espiritual. Cuando Usted reciba a Cristo como su Salvador personal habrá fiesta en el cielo por el gozo que un pecador ha sido encontrado. Pero no olvide que la parábola fue pronunciada por el Señor Jesús en respuesta a la murmuración de los fariseos y escribas por el hecho que publicanos y pecadores se acercaban al Señor Jesús y tenían comunión con él. Pues las noventa y nueve ovejas que el pastor dejó en el desierto cuando se fue a buscar a la oveja perdida, representan a los fariseos y escribas, quienes se creían justos y por tanto, según ellos, no necesitaban de un Salvador. El Señor Jesús dijo lo siguiente, según Mateo 9:12-13 dice: Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

Mat 9:13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

El Señor Jesús no está interesado en tratar con aquellos que se creen justos, sino con aquellos que reconocen su pecado y por tanto están dispuestos a buscar al Salvador. Esto es justamente lo que a modo de aplicación el Señor Jesús dijo al finalizar la parábola que estamos estudiando: Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. No es que los noventa y nueve eran justos y por tanto no necesitaban arrepentirse de nada, no hay justo ni aun uno, dice la palabra de Dios, lo que pasa es que los fariseos y escribas se creían justos y por esto decían que no necesitaban de arrepentimiento. Se creían sanos a pesar de estar terriblemente enfermos y por ese motivo rehusaban buscar la medicina para su mal. No sea Usted uno de estos, amable oyente. Hoy mismo reconozca que es una oveja perdida, que está enfermo con esa enfermedad terminal llamada pecado, y en un acto de fe mire al Señor Jesús quien como buen pastor, puso su vida por las ovejas, y recíbalo como su único y personal Salvador y hallará descanso para su alma y vida eterna. Que Dios mismo le guíe a tomar esta decisión importante.