Doy gracias a Dios por la oportunidad de compartir este tiempo con usted, amable oyente. Soy David Logacho, dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el evangelio según Juan. En esta oportunidad veremos la manera como se añadieron dos discípulos más del Señor Jesús.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Juan 1:43-51. En esta porción bíblica encontramos la manera como Felipe y Natanael llegaron a ser discípulos del Señor Jesús. En el evento que estamos por estudiar no aparece ya Juan el Bautista. La persona del Señor Jesús comienza a erigirse en toda su grandeza y hermosura. No olvide amable oyente que el propósito del apóstol Juan para escribir su evangelio fue que sus lectores crean que el Señor Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que creyendo en su nombre tengan vida eterna. Conforme a este propósito, en el pasaje bíblico que vamos a estudiar, Juan nos hará notar algunos atributos del Señor Jesús que claramente manifiestan que es el Cristo, el Hijo de Dios. Con esto en mente veamos el encuentro del Señor Jesús con Felipe. Juan 1:43-44 dice: El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme.
Joh 1:44  Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro.
Juan está relatando eventos que sucedieron en cuatro días consecutivos. En el primero de ellos, Juan el Bautista afirmó que no era el Cristo ni Elías ni el profeta. Simplemente era la voz de uno que clama en el desierto diciendo: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. Juan el Bautista era el precursor del Cristo, o el Mesías, quien estaba por manifestarse al mundo en la persona del Señor Jesús. En el segundo día, Juan el Bautista vio al Señor Jesús que venía a él y alzó su voz a la multitud diciendo: he aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Con estas palabras, Juan el Bautista estaba afirmando que el Señor Jesús es el cumplimiento de lo que profetiza el Antiguo Testamento en cuanto a que un día futuro Dios enviaría a su Cordero para que mediante su sacrificio el pecador que cree en él y lo reciba como Salvador sea eternamente salvo. En el tercer día, viendo al Señor Jesús nuevamente, Juan el Bautista exclamó: He aquí el Cordero de Dios. Esta vez, su mensaje caló profundo en dos de sus discípulos, Juan y Andrés, quienes inmediatamente siguieron al Señor Jesús y pasaron con él todo el día. Los dos fueron dramáticamente transformados. Inmediatamente Andrés trajo a su hermano Simón a la presencia del Señor Jesús. Al verlo, el Señor Jesús le dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro. Con él, ya eran tres los discípulos del Señor Jesús. Juan, Andrés y su hermano Pedro. En el cuarto día, el Señor Jesús decidió salir de la región donde Juan el Bautista ministraba e ir hacia el Norte, hacia una región llamada Galilea, en donde se encontraba un enorme lago de agua dulce conocido como el mar de Galilea. Una vez allí, el Señor Jesús se encontró con un hombre cuyo nombre era Felipe. Felipe era originario de Betsaida, nombre que significa lugar de pesca, una aldea junto al mar de Galilea, de donde también eran Andrés y Simón. Según los evangelios de Mateo y Lucas, el Señor expresó sus ayes sobre esta aldea, Betsaida y sobre las aldeas vecinas Corazín y Capernaúm, a causa de su incredulidad. Cuando el Señor Jesús vio a Felipe le dirigió una sola palabra: Sígueme. Felipe supo inmediatamente que quien le hacía este mandato no era cualquier persona y por lo que resta del pasaje bíblico es obvio que al instante, Felipe siguió al Señor Jesús, y se transformó en uno más de sus discípulos. Al igual que Andrés, quien tan pronto conoció al Señor Jesús, lo compartió con su hermano Simón, Felipe hizo lo propio con otro hombre que se llamaba Natanael. Note lo que dice Juan 1:45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
Seguramente Felipe y Natanael se conocían con anterioridad. Deben haber sido amigos. Tan pronto Felipe conoció al Señor Jesús, halló a Natanael y le dio la buena nueva. Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas. Felipe se estaba refiriendo a que el Señor Jesús es el cumplimiento de lo que escribió Moisés en Deuteronomio 18:15-19 donde dice: Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;(F)
Deu 18:16  conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.
Deu 18:17  Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.
Deu 18:18  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.
Deu 18:19  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.
Pero no solo Moisés habló del Señor Jesús en profecía, sino también varios profetas, como Isaías. A decir verdad, todo el Antiguo Testamento anuncia la futura venida del Cristo o el Mesías. La conclusión de Felipe no admitía sombra de duda. El Señor Jesús, el hijo de José, de Nazaret, es el Cristo, el Mesías. Cuando Felipe dice que el Señor Jesús es el hijo de José, no está dando a entender que José es el padre biológico de Jesús, sino lo que el común de la gente pensaba sobre la humanidad del Señor Jesús. Como sabían que habitaba en Nazaret, en la casa de José y su esposa María, asumían que debe ser hijo de José. No sabían que el Señor Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo en el vientre virginal de María. Cuando Natanael escuchó a Felipe hizo un serio reparo. Note lo que dice Juan 1:46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.
Nazaret era una ciudad que no gozaba de buena reputación en Israel. Natanael no podía entender que una persona tan ilustre como el Cristo o el Mesías pueda provenir de una ciudad como Nazaret. Tal vez pensaba que debería ser alguien que provenga de una gran ciudad como Jerusalén. Interesante que Felipe no se embarcó en una discusión para demostrar lo que estaba diciendo, simplemente dijo a Natanael: Ven y ve. La gente puede hacer muchos cuestionamientos sobre la persona del Señor Jesús, nuestra función no debe ser iniciar una discusión con ellos, sino simplemente guiarles al Señor Jesús, para que por ellos mismos vean lo que Él es. Finalmente tenemos el encuentro del Señor Jesús con Natanael. Juan 1:47-51 dice: Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.
Joh 1:48  Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Joh 1:49  Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
Joh 1:50  Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.
Joh 1:51  Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden(E) sobre el Hijo del Hombre.
Mientras Natanel se acercaba, el Señor Jesús tomó la palabra y le dijo: He aquí un verdadero Israelita, en quien no hay engaño. Esto habla muy alto del carácter de Natanael. Sin ser perfecto, porque nadie es perfecto, Natanael era un genuino Israelita. Un Israelita sincero. Un Israelita en quien no hay engaño. Un Israelita íntegro. El Señor Jesús habló a Natanael como si le conociera íntimamente. Por eso la respuesta de Natanael fue: ¿De dónde me conoces? Una manera de decir: ¿Cómo así me conoces si esta es la primera vez que nos vemos? La respuesta del Señor Jesús, debe haber dejado atónito a Natanael. Jesús le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Esto coincidía exactamente con lo que había estado haciendo Natanael cuando Felipe vino a él. Era como si el Señor Jesús hubiera estado allí con Natanael, mientras Natanael pensaba que estaba solo. Esto desvaneció todo cuestionamiento en la mente de Natanael en cuanto a la identidad del Señor Jesús. Por eso le dijo: Rabí, que quiere decir Maestro: Tú eres el Hijo de Dios. El Señor Jesús es Dios y conoce todo. Natanael está reconociendo la omnisciencia del Señor Jesús. Esta fue la base para que Natanael también reconozca que el Señor Jesús es el Rey de Israel. Al oír la confesión de Natanael el Señor Jesús le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que éstas verás. Ver a Natanael debajo de la higuera, sin que Natanael lo sepa, era sólo un pequeño ejemplo de lo que Natanael iba a poder ver en cuanto al poder del Señor Jesús en el futuro para confirmar que Él es el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios, Dios mismo. Lo que Natanael estaba por constatar era de un modo comparable a lo que en el pasado experimentó Jacob, cuando vio una escalera por la cual los ángeles subían y bajaban del cielo a la tierra, así también Natanael y los otros discípulos verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y bajan sobre el Señor Jesús, el Hijo del hombre. Una referencia a la manifestación sobrenatural de poder divino que el Señor Jesús estaba por desplegar para confirmar que Él es el Cristo, el Hijo de Dios. Esta es la primera vez que en el evangelio de Juan aparece el título Hijo del Hombre para referirse al Señor Jesús. Este título exclusivo que utilizaba el Señor Jesús para referirse a sí mismo hace referencia a la profecía de Daniel en Daniel 7:13-14 donde el Hijo de hombre, o el Mesías viene rodeado de gloria para recibir el reino de la mano del Anciano de Días o Dios el Padre.