Un examen rápido del texto bíblico mostrará que después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, el Señor Jesús estaba con hambre y en esas condiciones, fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado por el diablo. El tentador, o el diablo, tentó tres veces al Señor Jesús, apelando a los deseos de la carne, cuando pidió al Señor Jesús que convierta las piedras en pan, apelando a los deseos de los ojos, cuando le ofreció todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, a cambio de que postrado le adore y apelando a la vanagloria de la vida, cuando le puso sobre el pináculo del templo y le invitó a lanzarse abajo para ver si sus ángeles le librarían de una muerte segura.

En cada una de esas tres tentaciones, el Señor Jesús citó una porción de las Escrituras, anteponiendo la famosa frase: Escrito está y salió victorioso de las tentaciones. Por un lado, esto muestra el lugar de importancia que tenían las Escrituras en la vida y ministerio del Señor Jesús. A pesar de ser el Hijo de Dios, en forma humana, el Señor Jesús, echó mano de las Escrituras para hacer frente a Satanás. Pero, por otro lado, cuando el Señor Jesús estaba en el desierto, siendo tentado por Satanás, no tenía consigo los rollos con los escritos del Antiguo Testamento, lo que tenía es la palabra de Dios guardada en su mente y en su corazón, y cuando fue necesario, lo sacó de allí para vencer con ella a Satanás. Esto muestra el poder de la palabra de Dios para ayudarnos a vivir en santidad. Note lo que dice el texto en Salmo 119:9 y 11 ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.

En mi corazón he guardado tus dichos. Aquí está la clave para vivir en victoria sobre la tentación. Es necesario atesorar la palabra de Dios en la mente, de modo que todo lo que piense y todo lo que haga esté conforme a lo que dice Dios en su palabra. Esto es en esencia lo que hizo el Señor Jesús cuando fue tentado tres veces por el diablo, y lo venció. Como aplicación a nuestra vida, debemos oír la palabra de Dios, debemos leer la palabra de Dios, debemos estudiar la palabra de Dios, debemos meditar en la palabra de Dios, debemos memorizar la palabra de Dios, de modo que cuando una tentación nos incite al pecado, no importa si se trata de nuestra propia carne, o del mundo o del diablo, podamos hacerla frente con la palabra de Dios previamente guardada en nuestra mente y podamos salir victoriosos.

Yo no sé en cuanto a Usted, pero en cuanto a mí, mientras más conozco de la palabra de Dios y guardo ese conocimiento en mi mente, más alerta estoy en cuando a hacer cosas que no agradan a Dios. Es la obra maravillosa de la palabra de Dios ayudándonos a vivir en santidad. En Efesios 6:17 se compara a la palabra de Dios con la espada del Espíritu. Es la única forma de defensa contra Satanás. El diablo no puede hacer nada contra alguien que utiliza la palabra de Dios como la espada del Espíritu. Todo esto es lo que está encerrado en esa proverbial frase del Señor Jesús: Escrito está.

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