Damos gracias al Señor por la oportunidad de compartir este tiempo junto a usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. En instantes más estará también junto a nosotros, David Logacho, para guiarnos en el estudio de un pasaje bíblico en el libro de Hebreos, en la serie que lleva por título: La preeminencia de Jesucristo. La fe viva es capaz de muchas cosas, pero donde realmente se destaca es en las situaciones difíciles que nos depara la vida. Veamos como funciona.

La fe da una realidad presente a una promesa futura. La fe hace visible aquello que es invisible. Para la fe no hay nada que sea imposible. Ese es el tipo de fe y usted y yo necesitamos para acercarnos a Dios a través de Cristo y este es el tipo de fe que caracterizó a los héroes de la fe de Hebreos 11. Cuando todas las cosas marchan bien, la fe se mantiene ociosa, pero en la lucha, el sufrimiento, y la espera, es cuando la fe se activa y muestra todo su potencial.

Veamos entonces como actúa la fe en estas circunstancias. Le invito a abrir su Biblia en el libro de Hebreos capítulo 11 versículos 30 a 40. En este pasaje bíblico veremos a la fe ante lo imposible, la fe ante lo insufrible y la fe ante lo invisible. ¿Por qué hablar de fe en el libro de Hebreos? Porque en los 10 primeros capítulos del libro de Hebreos, su autor presentó la superioridad del nuevo pacto sobre el antiguo pacto. Para entrar en el nuevo pacto se necesita de fe, algo difícil de ser aceptado por los judíos y a la vez algo tan vital e indispensable para Dios. Para mostrar que el camino de fe ha sido, es y será lo único que Dios acepta, el autor de Hebreos hizo un recuento de varios personajes que agradaron a Dios por su fe. Habló de Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José y Moisés.

Para terminar su exposición de hombres de fe que agradaron a Dios, cita a varias personas, mostrándonos como su fe actuó en medio de circunstancias adversas. Veamos en primer lugar la fe ante lo imposible. El primer caso es el de Josué y el pueblo de Israel. Hebreos 11:30 dice: “Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días” La ciudad amurallada de Jericó era el primer objetivo miliar en la conquista de Canaán por parte de Israel. A los ojos humanos, la única manera de tomar esta ciudad era por medio del despliegue de un enorme poder militar. Pero Dios decidió utilizar un método totalmente extraño. Para lograr sus propósitos, Dios usó estrategias que parecen absurdas a los hombres.

El relato de esto lo tenemos en Josué 6. El pueblo tenía que rodear la ciudad durante seis días y siete sacerdotes debían llevar siete bocinas de cuerno de carnero delante del arca. El séptimo día debían dar siete vueltas a la ciudad. Una vez que los sacerdotes toquen prolongadamente los cuernos de carnero, el pueblo debía gritar a voz en cuello. Hecho esto, los muros de la ciudad de Jericó debían colapsar de modo que el pueblo de Israel pueda subir cada uno derecho hacia delante. ¿Qué le parece esta manera de tomar una ciudad amurallada? Parece algo contrario a la razón ¿verdad? Pero Josué y el pueblo tuvieron fe, y esa fe logró lo imposible.

El siguiente caso lo tenemos en Hebreos 11:31. Dice así: “Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.” No se sabe cuando exactamente Rahab la ramera llegó a adorar a Jehová, pero ciertamente lo hizo. Rahab abandonó la religión pagana de Canaán y llegó a ser un prosélito del judaísmo. Su fe fue puesta a prueba muy pronto, cuando los espías llegaron a su casa. ¿Se mantendría fiel a su país y a sus parientes? ¿O se mantendría fiel a su nueva fe, al Señor? Por fe decidió ponerse de lado del Señor aun cuando eso significó traicionar a su propio país y a su propia gente. Su fe le movió a recibir a los espías en paz y como premio fue librada de morir con todos sus paisanos. Es interesante el calificativo que el autor de Hebreos atribuye a los habitantes de Jericó. Les llama “desobedientes” Esto lleva a pensar que la población de Jericó fue advertida del juicio que Dios iba a traer sobre ellos por mano de los israelitas, pero de todos ellos solamente una mujer creyó y eso le permitió conservar la vida. Todos los demás hicieron caso omiso de la advertencia y como resultado perecieron en la toma de Jericó. Dios jamás envía juicio sin antes advertir primeramente.

Luego el autor de Hebreos parece que quisiera seguir citando más ejemplos de hombres de fe, pero le sucede lo mismo que a mí, le presiona el poco tiempo que dispone. Hebreos 11:32 dice: “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas.” Todos estos hombres enfrentaron algo imposible, humanamente hablando, pero su fe hizo que conquistaran ese imposible.

Hebreos 11:33-35 lo describe así: “que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.” Todo esto, que a los ojos humanos era imposible, se logró por fe. Quizá hoy mismo, usted, amable oyente estará enfrentando algo que parece imposible. Recuerde que Dios es experto en imposibles. Lucas 1:37 dice “porque nada hay imposible para Dios” Confíe en Dios, así como los héroes de la fe de Hebreos 11 confiaron y podrá experimentar también que los muros de sus problemas se derrumban ante sus ojos.

Hemos visto la fe ante lo imposible. Veamos ahora la fe ante lo insufrible. Es en el sufrimiento donde la fe cual rayo de luz actúa disipando las tinieblas. La soberanía de Dios hace que a veces haya conquista y a veces haya derrota. Pero la fe hace que la derrota sea catalogada como una conquista. Hebreos 11:35 dice por ejemplo: “mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección” Por mantener en alto el nombre de Dios, algunos fueron torturados, pero no renunciaron a su fe. Para ellos, era preferible morir y resucitar en gloria celestial a seguir viviendo como traidores de Dios. En la época de los Macabeos, una madre y sus siete hijos fueron condenados a muerte por Atioco Epifanes. Los verdugos iban matando de uno en uno a los hijos para ver si el resto renunciaba a su fe. Nadie renunció a su fe. Todos murieron. Todos murieron porque esperaban una mejor resurrección.

Hebreos 11:36-38 continúa diciendo: “Otros experimentaron vituperios y azotes, ya más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.” Qué interesante, el mundo trató a estas personas como si no fueran dignos de seguir viviendo, pero por fe, la palabra de Dios dice que más bien el mundo no era digno de ellos y por eso Dios los sacó de este mundo de perdición. A lo mejor usted, amigo oyente está en este preciso momento experimentando el fuego ardiente de la prueba, no importa de qué índole, recuerde que la fe no sólo logra lo imposible sino también da valor para soportar lo insufrible. No se desanime, eche mano de la fe para soportar la prueba. Junto a usted está aquel que es experto en imposibles. Finalmente veamos la fe ante lo invisible.

Hebreos 11:39-40 dice: “Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Desde Abel hasta el último héroe de la fe citado en Hebreos 11, alcanzaron buen testimonio delante de Dios por su fe, pero ¿sabe una cosa? Todos ellos no vieron lo prometido. Ninguno vivió para ver el advenimiento del Mesías, el Señor Jesucristo. Dios ha reservado alguna cosa mejor para nosotros. Dios hizo que ellos no fuesen perfeccionados aparte de nosotros. Ellos nunca disfrutaron una perfecta conciencia libre de pecado y tampoco disfrutaron de la total perfección de un cuerpo glorificado en el cielo hasta que todos nosotros seamos arrebatados para recibir al Señor en el aire.

Los espíritus de los santos del Antiguo Testamento ya son perfectos delante del Señor, según Hebreos 12:23, pero sus cuerpos no se levantarán de la tumba hasta que el Señor regrese por su pueblo en su segunda venida, entonces, recién allí, disfrutarán de la perfección de la resurrección en gloria. Por fe, ellos saben que sólo es cuestión de tiempo para ser perfectos, y la fe que tuvieron les permitió aceptar aquello que era invisible.

La fe hace posible lo imposible, permite soportar lo insufrible y hace ver lo invisible. Esta es la fe viva, que además de permitir lo mencionado, también garantiza vida eterna para todo aquel que recibe a Jesucristo como su personal Salvador. Si usted no tiene todavía a Jesucristo en su corazón, recíbalo hoy mismo y podrá disfrutar de los demás beneficios que resultan de poseer una fe viva.

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