Qué gozo saludarle, amiga, amigo oyente. Soy David Logacho, dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el evangelio según Juan. En esta oportunidad vamos a considerar lo que se conoce como la entrada triunfal del Señor Jesús a Jerusalén.

Abramos nuestras Biblia en Juan 12:12-19. Para tomar en cuenta el contexto, recordemos que seis días antes de la fiesta de la pascua, el Señor Jesús y sus discípulos llegaron a Betania, donde residía la familia formada por Marta, María y Lázaro, el que había estado muerto, y a quien el Señor Jesús había resucitado de los muertos. Estando el Señor Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se preparó una cena en su honor. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Fue en estas circunstancias que María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies del Señor Jesús, y los enjugó con sus cabellos. La casa entera se llenó del olor del perfume. Esta acción de profunda devoción de María fue criticada acremente por Judas Iscariote cuando dijo: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Lejos de cuidar de los pobres, Judas Iscariote cuidaba de sí mismo, porque como era ladrón, y estaba a cargo de administrar los fondos, metía la mano en la bolsa. El Señor Jesús reprendió a Judas Iscariote, diciendo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Mientras el Señor Jesús estaba en Betania, la gente que estaba peregrinando hacia Jerusalén para la celebración de la pascua se agolpó alrededor de él, no sólo para ver a él sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. Esto causó mucha preocupación a los líderes de Israel, y como consecuencia, acordaron dar muerte no sólo al Señor Jesús, algo que ya lo habían decidido antes, sino también a Lázaro. Al siguiente día, ocurrió el evento que popularmente se conoce como la entrada triunfal. Juan 12:12-15 dice: El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,
Joh 12:13  tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!(C) ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor,(D) el Rey de Israel!
Joh 12:14  Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él como está escrito:
Joh 12:15  No temas, hija de Sion;
He aquí tu Rey viene,
Montado sobre un pollino de asna.(E)
Cinco días antes de la pascual, el Señor Jesús, junto a sus discípulos, decidió realizar el corto viaje de Betania a Jerusalén, un trayecto de apenas unos tres kilómetros. Al mismo tiempo, grandes multitudes marchaban hacia Jerusalén por el mismo camino. Cuando las multitudes supieron que entre ellos estaba el Señor Jesús, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle. Todos a una clamaban a gran voz: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! La costumbre de agitar ramas de palmera era una manera de exteriorizar el sentimiento nacionalista por la liberación del dominio extranjero por obra del Mesías o el Rey de Israel. Obviamente lo único que veía la gente en el Señor Jesús, era el líder o el caudillo que hará realidad la liberación de Israel del dominio romano. La palabra Hosanna es la transliteración de una palabra hebrea que significa: Sálvanos ahora. La idea central del significado de esta palabra, aparece en Salmo 118:25-26 donde dice: Oh Jehová, sálvanos(F) ahora, te ruego;
Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.
Psa 118:26  Bendito el que viene en el nombre de Jehová;(G)
Desde la casa de Jehová os bendecimos.
Aquí tenemos una evidencia más de que la multitud no veía en el Señor otra cosa que no sea su anhelo de liberación del dominio romano. No tenían ni idea de lo que el Señor Jesús significaba en el plano espiritual. Sólo veían el beneficio material. Juan también menciona que el Señor Jesús montaba un asnillo. Esto no fue por accidente, ni tampoco para que el Señor Jesús no se canse o algo por el estilo, sino que fue el cumplimiento de la  profecía que se encuentra en Zacarías 9:9 donde dice: Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.
En el momento que ocurría el evento, los discípulos no reconocieron la implicación profética del hecho que el Señor Jesús entró a Jerusalén montado en el asnillo. Esto sabemos por lo que dice Juan 12:16 donde leemos: Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho.
No fue sino después que el Señor Jesús murió y resucitó, cuando los discípulos se acordaron que estas cosas estaban escritas acerca del Señor Jesús y que se habían cumplido en su totalidad. Por supuesto, quien estaba al tanto de todo, era el Señor Jesús. Él sabía que todo lo que estaba sucediendo aquel día tenía que ser así para dar cumplimiento a lo profetizado en Zacarías 9:9. Un detalle interesante que Juan no lo menciona en su evangelio, pero lo recoge Lucas, es lo que aparece en Lucas 19:41-44. La Biblia dice: Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,
Luk 19:42  diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.
Luk 19:43  Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,
Luk 19:44  y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
Qué contraste, la multitud estaba eufórica clamando Hosanna, mientras el Señor Jesús derramaba lágrimas por Jerusalén. ¿Por qué? Pues, porque el Señor Jesús sabía que dentro de pocos días, ese clamor de Hosanna, se iba a transformar en crucifícale, cuando la nación entera de Israel, rechazará al Señor Jesús como el Mesías, o el Cristo, o el Rey de Israel. Esto tendría serias consecuencias para la paz, no sólo de Jerusalén sino de toda la nación de Israel, lo cual se cumplió en el año 70 DC cuando el ejército romano rodeó con vallado a Jerusalén y la sitió y la ciudad fue derribada a tierra con sus hijos dentro de ella. El desenlace final fue que de Jerusalén no quedó piedra sobre piedra. Todo porque Israel no conoció el tiempo de su visitación, o en otras palabras, rechazó al Señor Jesús como su Mesías o el Cristo, o el Rey de Israel. Volviendo al relato en el evangelio según Juan, nuevamente, la gente estaba dividida en cuanto a lo que estaba pasando y cuyo actor principal era el Señor Jesús. Note lo que dice Juan 12:17-19  Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.
Joh 12:18  Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal.
Joh 12:19  Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.
Algunas personas de la multitud, daban testimonio a favor del Señor Jesús, reconociendo que fue él quien llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. La noticia de la resurrección de Lázaro se debe haber regado por toda la nación, como es natural. Después de todo, que una persona muerta por cuatro días vuelva a la vida no es algo que suceda todos los días. La gente estaba expectante por ver a la persona que había hecho tan notorio milagro. Lamentablemente, lo que motivaba mucha de esta gente era la curiosidad, no necesariamente el reconocimiento de que el Señor Jesús era el Cristo o el Mesías de Israel. Esto se deduce por el hecho que días más tarde mucha de esta gente estaba pidiendo a Pilato que crucifique al Señor Jesús. Este fenómeno se repite también hoy en día. Mucha gente busca al Señor Jesús, por curiosidad, o para obtener algún beneficio material, pero pocos reconocen que el Señor Jesús sobre todo, es el Cristo, el Salvador, aquel que se ofreció a sí mismo como sacrificio por el pecado del hombre. El otro grupo de personas eran los fariseos. Eran las personas que habían acordado ya matar al Señor Jesús. Al ver a esa gran multitud que acompañaba al Señor Jesús hacia Jerusalén, agitando ramas de palmera y clamando ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Se preocuparon sobre manera. Sus temores de que esto provoque una feroz reacción del imperio romano se iban haciendo más y más fuertes. Llenos de incredulidad y temor por perder sus privilegios decían entre ellos: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él. Los fariseos decían esto para expresar su desacuerdo con el Señor Jesús y con el apoyo que las multitudes le estaban dando, aunque era un apoyo muy superficial, pero en el fondo, los fariseos estaban diciendo una gran verdad. El mundo se estaba yendo tras el Señor Jesús. Días después, el Señor Jesús iba a morir, tres días después iba a resucitar y después iba a ser recibido en la gloria de su Padre. Poco después, el Espíritu Santo iba a descender y se iba a formar la iglesia de Cristo, formada por judíos y gentiles de toda lengua y nación que reconocen que el Señor Jesús es el Cristo, el Salvador, el único que merece toda la honra y toda la gloria. El mundo se va tras él. Los fariseos mencionaron esto como para acelerar lo que habían acordado, es decir matar al Señor Jesús, pero nada sucedería hasta el momento señalado por Dios el Padre, cuando el Señor Jesús fue crucificado el día y a al hora que se sacrificaba el cordero pascual en la fiesta de la pascua. Todavía faltaban pocos días para que esto acontezca. Mientras tanto, el Señor Jesús tenía mucho para enseñar, especialmente a sus discípulos, lo cual será tema de nuestros próximos estudios bíblicos.