Saludos cordiales, amiga amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Si alguien le preguntara: ¿Qué es lo que más le gusta hacer? Estoy casi seguro que muy pocos, tal vez nadie, respondería: Obedecer. En cambio, si la pregunta fuera: ¿Cuáles son algunas de las cosas más importantes que una persona debe hacer? Con gran probabilidad, “obedecer” estaría en los primeros lugares de la lista. ¿Por qué es que todos sabemos la importancia de obedecer pero todos nos resistimos a obedecer en mayor o menor grado? Una de las razones es porque la obediencia no es parte de nuestra humana naturaleza. En realidad, lo opuesto es lo correcto. La desobediencia es parte de nuestra humana naturaleza. En Efesios 2:2, el apóstol Pablo llamó hijos de desobediencia a los que todavía no habían recibido a Cristo como su Salvador. Para demostrar la veracidad del enunciado de Pablo, solamente permítame citar un hecho que usted y yo lo hemos comprobado un sinnúmero de veces. ¿Ha notado que nadie ha tenido que enseñar a sus hijos a desobedecer? Sin embargo, prácticamente desde que nacen, los hijos manifiestan una fuerte tendencia hacia la desobediencia. Es como si la desobediencia fuera parte del programa de conducta con el cual todos nacemos en este mundo. Aun los que hemos sido regenerados o transformados por el poder del Evangelio de la Gracia de Dios tenemos que luchar fuertemente contra la tendencia natural hacia la desobediencia. En esta serie de estudios bíblicos a partir del día de hoy vamos a examinar el caso de un personaje del Antiguo Testamento, cuyo oficio era profeta de Jehová, quien tuvo serias dificultades en el área de la obediencia. Su nombre es Jonás. Espero que la experiencia de Jonás le ayude a mejorar su obediencia a Dios y a los que están por encima de nosotros como autoridad.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en el libro de Jonás, capítulo 1, versículos 1 y 2. Antes de entrar al análisis del texto para hoy, permítame hacer una breve introducción a este libro del Antiguo Testamento. El autor del libro es el profeta Jonás. El uso de la tercera persona de singular, no es un argumento válido para decir que fue otro quien escribió acerca de Jonás, porque muchos de los escritores bíblicos, al hablar de ellos mismos lo hacían en tercera persona de singular. En cuanto a la fecha de escritura, en 2 Reyes 14:25, se identifica a Jonás con el reinado de Jeroboam segundo de Israel, quien reinó desde el año 793 AC hasta el año753 AC y que tuvo éxito en reafirmar el poder de Israel en la mayor parte del territorio al norte de Judá, el cual estuvo previamente controlado por David y Salomón. Ninguna inscripción asiria habla de un avivamiento religioso en el imperio Asirio, tal como lo relata el libro de Jonás, sin embargo, durante el reinado de Adad Nirari tercero, quien gobernó Asiria desde el 810 AC hasta el 783 AC se experimentó en Asiria un brusco giro del politeísmo al monoteísmo, el cual pudo haber sido el resultado de la predicación de Jonás. Lo más exacto que se ha podido ubicar la fecha de escritura de este libro es entre el 785 AC al 760 AC. El libro de Jonás es una narración en prosa desde el principio hasta el fin, con la excepción de la oración de acción de gracias del capítulo 2. El propósito del libro es múltiple, destacándose el cuidado que tiene Dios no sólo sobre su pueblo escogido Israel, sino sobre todo el mundo. También es una lección para Israel en el sentido que Asiria se convirtió con un solo mensaje de un profeta de Jehová, en cambio Israel había tenido varios mensajes de varios profetas tanto en el pasado como en el presente y sin embargo todavía no se convertía. En el libro de Jonás encontramos varios relatos de eventos sobrenaturales o milagrosos, como calmar una tempestad en alta mar, la provisión de un gran pez para que trague a Jonás, la preservación de Jonás en el vientre del gran pez, la salida de Jonás del vientre del gran pez, la provisión de una calabacera para cubrir del sol a Jonás, la presencia de un gusano para matar a la calabacera, la venida de un viento solano y el arrepentimiento de una multitud en Nínive. Estos hechos milagrosos han servido para que los enemigos de las Escrituras duden y hasta se burlen de la autenticidad de los hechos relatados en el libro de Jonás. El que duda sobre lo que relata el libro de Jonás, en el fundo duda también de la persona del Señor Jesús, porque fue el Señor Jesús quien confirmó la autenticidad de los hechos relatados en Jonás cuando en Mateo 12:39-41 dijo: El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.
Mat 12:40 Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.
Mat 12:41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.
Con esta introducción, algo extensa pero muy necesaria, vamos al texto que tenemos para nuestro estudio de hoy. Jonás 1:1 dice: Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo:
Como señalamos antes, el oficio de Jonás era de profeta. Un profeta de Dios habla al pueblo de Dios a nombre de Dios, por eso Jonás dice: Vino palabra de Jehová a Jonás. La manera exacta de cómo Jonás recibió el mensaje de Jehová no ha sido revelada en la Biblia. Pudo haber sido audiblemente, o por medio de sueños o por medio de visiones o una impresión interna causada por el Espíritu Santo. El nombre Jonás significa: Paloma. Jonás era hijo de Amitai. Este nombre, Amitai, significa uno que dice la verdad. Qué interesante, desde pequeño, Jonás vivió en un hogar cuyo padre probablemente hacía honor a su nombre, viviendo y diciendo siempre la verdad. Padres, nuestro comportamiento influye negativamente o positivamente en nuestros hijos. Por la referencia en 2 Reyes 14:25 se sabe que Amitai y Jonás eran de Gat-hefer en el territorio de Zabulón, cercano a Asiria, cuya capital era Nínive. Luego en el versículo 2 tenemos el mensaje de Jehová a Jonás. Dice así, leo en Jonás 1:2 Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí.
La forma imperativa del verbo levantarse nos dice que lo que Jonás recibió fue una orden o un mandato. Cuando existe una orden de por medio, no queda sino dos alternativas, obedecer o desobedecer. Más adelante vamos a ver como respondió Jonás. La orden tenía que ver con ir a Nínive, la capital del imperio más grande de esa época. Nínive era una ciudad populosa, ilustre y con abolengo. De ella nos habla Génesis 10:11, como la residencia de Nimrod, el primer poderoso de la tierra. Lo malo de Nínive es que estaba habitada por gente perversa, enemiga acérrima de Israel. Jonás, viviendo al Norte de Israel, estaba bien al tanto de la crueldad de los asirios en sus frecuentes incursiones armadas al territorio de Israel. Algunos inclusive han afirmando que los padres de Jonás fueron asesinados por las despiadadas huestes asirias en una de esas mortíferas incursiones en Israel. Si esto fuera así, lo menos que desearía Jonás sería clemencia para esta gente de Nínive. No es extraño que el mandado de Jehová de ir a Nínive y predicar que se arrepientan era lo menos que Jonás quería hacer. Jonás tenía que pregonar contra la ciudad de Nínive, en cuanto a que su maldad había llegado a un límite tal que Dios estaba a punto de intervenir directamente castigando su maldad. Pero Dios que es rico en misericordia, no quería traer su castigo sin antes advertir. Jonás sería su mensajero para advertir del peligro. Así es amable oyente, no piense que su pecado, su maldad, pasa desapercibida delante de Dios. Él está pendiente de cada cosa mala que usted hace, por más insignificante que sea. La culpa por la maldad del pecador va acumulándose delante de Dios, pero usted debe saber que su culpa acumulada tiene un límite que ni usted ni yo conocemos, sino sólo Dios. Si usted llega a ese límite, Dios intervendrá castigando. Cuidado con caer en sus manos para juicio. Pero Dios le ama y quiere perdonarlo. Por eso, este preciso instante le está advirtiendo, mediante su palabra, así como Jonás advirtió a los habitantes de Nínive. Arrepiéntase de su pecado y crea en Cristo como su Salvador. Dios le perdonará de todo su pecado cuando usted dé este paso de fe y usted quedará libre de la condenación que pesa sobre su existencia a causa de su pecado. No espere más, quien sabe si el próximo pecado que cometa haga colmar la paciencia de Dios y usted sea condenado por la eternidad. Reciba hoy mismo a Cristo como su Salvador. Volviendo a nuestro personaje, ¿Cuál será la respuesta de Jonás al mandato de Jehová? Esto será el tema de nuestro próximo estudio bíblico.

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