Es motivo de mucho gozo mi amiga, mi amigo, compartir este tiempo con Usted. Sean todos bienvenidos al estudio bíblico de hoy que forma parte de la serie que lleva por título La Familia Auténticamente Cristiana. La comunicación es uno de los regalos más útiles que Dios ha hecho a la humanidad. ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos la capacidad de comunicarnos entre nosotros? Pero es en la familia donde la comunicación reviste especial importancia. David Logacho nos hablará sobre algunos principios para la buena comunicación en la familia.

Una escena que describe con bastante precisión, aunque en forma jocosa, la situación de muchas familias con respecto a la comunicación, es aquella en la cual la esposa con su salida de cama, está hablando hasta por los codos, sentada a la mesa del desayuno frente a una taza de café, mientras el marido, sentado al otro lado de la mesa, frente a ella, con su cara escondida detrás de las páginas deportivas de un diario responde con un: sí querida…, en cada pausa del discurso de la esposa. De tanto en tanto, el marido levanta el brazo por sobre las páginas del diario con una taza vacía en la mano, la esposa automáticamente llena de café la taza y continúa con su discurso, mientras él devora el café y las palabras de su diario predilecto. Quizá en su familia no se den estas situaciones, pero créamelo, en muchas familias es así. Según muchos consejeros matrimoniales, la falta de comunicación es el problema número uno en las familias de hoy. Se dice que el centro de todo fracaso matrimonial es justamente la falta de comunicación entre los esposos. No hace mucho tiempo atrás se hizo una encuesta entre los niños de una escuela para determinar cuáles eran las frases que más a menudo escuchaban de parte de sus padres. El resultado fue el siguiente: Número 1: Estoy cansado. Número dos: No tengo suficiente dinero. Número tres: Cállate. Con padres así, no es extraño que la barrera generacional entre adolescentes y padres se profundice como nunca antes. La comunicación es un ingrediente clave en el éxito de un matrimonio, afirma Cecil Osborne en su libro: El Arte de Comprender a su Pareja. A esto debemos añadir que es fundamental para la felicidad de la familia auténticamente cristiana. Cada aspecto de la vida de la familia depende de la habilidad de comunicación entre los miembros de la familia. El esposo con la esposa, los padres con los hijos y los hijos entre ellos. Consideremos por tanto algunos principios importantes para mejorar la comunicación en la familia. Le invito a abrir su Biblia en el libro de Efesios capítulo 4 versículo 29. La Biblia dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación a fin de dar gracia a los oyentes” Ciertamente este texto tiene una aplicación muy amplia. Habla justamente de la comunicación. Casi siempre pensamos que la comunicación consiste solamente en hablar. Conozco familias donde se habla mucho pero no se comunica nada, porque comunicación no es solamente hablar sino también escuchar. En el texto leído notamos que existe una persona que habla, pero existe también una persona que escucha. La comunicación se da cuando existen estos dos elementos. Es fácil por ejemplo en un restaurante saber cuáles son las parejas de novios y cuáles son las parejas de casados. Allí están los novios. Mientras él habla, ella con atención no pierde una sola palabra de lo que él dice. En cambio, por otro lado están los casados. Mientras él habla, ella se pasea con la mirada viendo como están vestidas otras mujeres o viendo lo que están comiendo en las otras mesas. Es obvio que a esa esposa no le interesa nada de lo que su marido está diciendo con tanta pasión. A lo mejor cuando fueron novios se comunicaban muy bien, pero de alguna manera extraña e incomprensible, la luna de miel desencadenó un proceso que con el paso del tiempo desembocó en que ella pierda el interés en cualquier cosa que él diga. Así que, el escuchar es tan importante como el hablar. Si uno de estos dos elementos está ausente, no puede haber comunicación. El Dr. Warren Faber, ha definido a la comunicación como una carretera de doble vía en la cual el que habla y el que escucha asumen la responsabilidad del flujo ordenado de ideas. Debemos estar conscientes sin embargo que además de estos dos elementos, en la comunicación también entran otros elementos, diríamos secundarios como los gestos, el guiñar el ojo, el toque de la mano, la sonrisa, el ceño fruncido, el levantar los hombros, el tono de la voz, etc. Una comunicación efectiva echa mano de todo lo que esté a su alcance para optimizar el libre intercambio de ideas. Ahora que tenemos en claro lo que es la comunicación, volvamos a lo que dice el texto en Efesios 4:29. En esencia indica que nada corrupto debe salir de nuestra boca sino aquello que es necesario para la edificación del oyente. Veamos como se aplicaría este principio a la comunicación entre los miembros de la familia. Una manera de edificar a los miembros de la familia es por medio de evitar decir las cosas a gritos. Cuando una persona levanta la voz dentro de la familia, sin importar el asunto que se esté tratando, es una invitación a la pelea. Si alguien en la familia responde en el mismo tono de voz o en un tono un poco más alto, la pelea se habrá iniciado. A veces es difícil evitar que alguien levante la voz en un tono airado, pero siempre es posible aplicar lo que dice Proverbios 15:1 donde leemos: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” Difícilmente se puede edificar a la familia si la comunicación es a los gritos e insultos. Otra manera de edificar a la familia es por medio de evitar los ataques personales. Ah… eres igual a tu madre, dirá a su esposa un marido airado. Ella responderá golpeando igualmente: Y tú… eres bueno para nada, idéntico a tu padre. Al concentrar el esfuerzo y la energía en el ataque personal, se pierde totalmente el enfoque del motivo central que se está discutiendo. Una pareja se embarcó en la agresión verbal mutua. Después de un buen tiempo de decirse de lo peor, el esposo se levantó rascándose la cabeza y dijo a su esposa: ¿Te acuerdas sobre qué estábamos discutiendo? Lo único que consigue el ataque personal es hacer subir la temperatura de la discusión y aleja la solución de los problemas. Antes de decir algo es bueno detenerse a pensar en lo que se va a decir. A veces hablamos sin pensar. Recuerde el dicho: mas vale pensar antes de hablar y no hablar antes de pensar. Cuando soltamos cualquier cosa sin pensar es demasiado tarde para recoger las palabras que hemos dicho. Otra manera de edificar a otros en la comunicación dentro de la familia es por medio de decir honestamente lo que pensamos y sentimos en una atmósfera de amor por supuesto. Muchos de nosotros tenemos la tendencia a guardar lo que pensamos o sentimos, por no ofender a los demás, pero en la realidad, esta práctica atenta contra nosotros mismos, porque cuando las cosas que nos incomodan son guardadas se fermentan y llegará un momento cuando la presión que hace el fermento será tan grande que explotaremos como un volcán dejando unos cuantos muertos y heridos a la vera del camino. Si en la familia se dan situaciones que no nos gustan o no son correctas, es mejor ser franco y decirlas, buscando una solución adecuada. Una manera más de edificarnos con la comunicación en la familia es por medio de tener momentos específicos en los cuales toda la familia está junta, y por decirlo así, se lava la ropa sucia en casa. Muchos de los problemas en la familia son el resultado de malos entendidos, o yo dije eso, pero en realidad no es lo que quise decir, etc. Un tiempo con la familia para hablar de los problemas familiares ayudará grandemente a fomentar la comunicación entre los miembros de la familia y a la solución de los problemas. El texto en Efesios 4:29 nos habla de un resultado final de una comunicación que edifica a los miembros de la familia. Dice que esto da gracia al oyente. Ciertamente esta es nuestra responsabilidad. La palabra de Dios nos instruye a mirar a los demás como oportunidades para compartir con ellos la gracia que nosotros hemos recibido de Dios. Una comunicación franca y abierta sin duda producirá un resultado benéfico en la vida de los que nos rodean. Yo no sé cuál será el nivel o la calidad de la comunicación en su familia, pero déjeme decirle algo, cualquiera que sea el nivel o la calidad de la comunicación en su familia, siempre habrá espacio para mejorar. La mejor manera de mejorar nuestra comunicación con los demás miembros de la familia es mejorando nuestra comunicación con el Padre celestial. ¿Ha estado últimamente leyendo, estudiando y meditando en su Palabra? ¿Ha estado pasando en su presencia en oración ferviente? ¿Ha incentivado a los miembros de su familia a buscar la guía o el consejo de Dios para tratar los asuntos de su familia? ¿Ha estado depositando sobre el Señor sus cargas y preocupaciones de la vida? Si Usted no tiene una buena comunicación con el Señor, es dudable que tenga una buena comunicación con los miembros de su familia. Nuestro deseo y compromiso es que con la ayuda del Señor y el poder del Espíritu Santo podamos vivir en familias en las cuales la comunicación es un bien apreciado que nos conduce a edificarnos mutuamente.

Si te gustó comparte con tus amigos
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email