Qué grato es estar junto a usted amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Hebreos en la serie que lleva por título: La preeminencia de Jesucristo. En esta oportunidad, David Logacho nos mostrará a Jesucristo como nuestro legítimo gran Sumo Sacerdote.

Jesucristo es infinitamente superior a todo y a todos. Este es el tema central del libro de Hebreos. Recordemos que el libro de Hebreos fue escrito a una comunidad de judíos fuera de Palestina. Para estos judíos, el Sumo Sacerdote era todo un personaje, pero en el estudio bíblico anterior, el autor de Hebreos mostró que Jesucristo es el gran Sumo Sacerdote, superior a cualquier otro sumo sacerdote, por más respetado que haya sido en Israel. Este concepto es difícil de digerir para los judíos, por eso el libro de Hebreos dedica cinco capítulos a este asunto. La primera cosa que hará el autor del libro de Hebreos es demostrar que Jesucristo es Sumo Sacerdote porque cumple con todos los requisitos para ello. La manera como se llega a esta conclusión es de lo más interesante. Primero, el autor de Hebreos presenta los requisitos para ser sumo sacerdote y luego muestra que Jesucristo cumple con todos y cada uno de esos requisitos. Veamos pues los requisitos para ser sumo sacerdote. El primer requisito es ser seleccionado por Dios de entre los hombres. Hebreos 5:1 en su primera parte dice: “Porque todo sumos sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere.” Vamos a detenernos aquí. Desde Aarón el primer sumo sacerdote hasta el último sumo sacerdote del judaísmo, todos y cada uno de ellos fueron escogidos por Dios. A esto se refiere el texto cuando dice: “es constituido” La prueba de esta declaración está en lo que dice Hebreos 5:4 “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.” Ningún ser humano podía atribuirse para sí el derecho a ser sumo sacerdote. Sólo Dios podía constituir a alguno como sumo sacerdote. Lo hizo con Aarón y con todos los demás sumo sacerdotes que han existido. Volviendo al versículo 1, una vez que hemos visto que todo sumo sacerdote es seleccionado por Dios, encontramos también que esa selección se hacía de entre los hombres. El sumo sacerdote tenía que ser un hombre. Dios no eligió ángeles para ser sumo sacerdotes. También encontramos el propósito del sumo sacerdote. Tenía que “ser constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere” El sumo sacerdote era la persona que establecía un puente entre el hombre pecador y un Dios santo. Con esta finalidad, cada año el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo con la sangre de una víctima inocente para rociar esa sangre sobre la tapa del arca de testimonio, llamado el propiciatorio. Así se cubría el pecado de la nación, de modo que Dios santo pueda habitar en medio de hombres pecadores. De manera que, el primer requisito para los sumo sacerdotes era ser seleccionado por Dios de entre los hombres. Veamos ahora el segundo requisito para los sumo sacerdotes. Es sentir como los hombres sienten. Por eso Dios no eligió a un ángel para que sea sumo sacerdote, porque un ángel no pude sentir lo que siente un hombre. Debido a que el sumo sacerdote estaba rodeado de debilidad, podía perfectamente comprender a todos pecador que venía a él en búsqueda de perdón de Dios. A esto se refieren las palabras “para que se muestre paciente” ¿Con quiénes tenía que mostrarse paciente? Con los ignorantes y extraviados. Quizá una mejor traducción de esta frase sería: “para los que por ignorancia se extravían” En el Antiguo Testamento, se reconoce la existencia de dos tipos de pecado. El pecado de ignorancia o por yerro, del cual habla Números 15:28 que dice: “Y el sacerdote hará expiación por la persona que haya pecado por yerro; cuando pecare por yerro delante de Jehová, la reconciliará, y le será perdonado.” El pecado por yerro, era confesado y el sacerdote ofrecía un sacrificio por este pecado y el pecador quedaba perdonado y reconciliado con Dios. Pero había otro tipo de pecado. Era el pecado voluntario, cuando a sabiendas que algo era malo se lo hacía de todas maneras. Para este pecado no había perdón. Lo único que quedaba es la muerte. Números 15:30-31 dice: “Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo. Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y menospreció su mandamiento, enteramente será cortada esa persona; su iniquidad caerá sobre ella. Tal vez usted esté pensando: “pero esto es demasiado drástico” Ciertamente que es, pero eso nos da una medida de cuan abominable es para Dios el que un hombre peque voluntariamente. Hemos visto entonces que los requisitos para ser sumo sacerdote son ser seleccionado por Dios de entre los hombres y sentir lo mismo que los hombres sienten. El tercer requisito es ofrecer sacrificios a Dios a favor de los hombres. Hebreos 5:3 dice: “y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo.” Estando rodeado de debilidad y por causa de ella, el sumo sacerdote debía ofrecer sacrificios a Dios. La debilidad se refiere a los pecados del pueblo y del propio sumo sacerdote. Una vez perdonado y reconciliado con Dios a través de un sacrificio por sus propios pecados, el sumo sacerdote ofrecía sacrificios por el resto del pueblo. De esta manera el sumo sacerdote se constituía en un intermediario o puente entre el hombre pecador y Dios santo. ¿Cuáles son los requisitos señalados para los sumos sacerdotes? Hemos visto que son tres. Ser seleccionado por Dios de entre los hombres, sentir lo que los hombres sienten y ofrecer sacrificios a Dios a favor de los hombres. Si Jesucristo es sumo sacerdote, debe cumplir con estos requisitos. Veamos como cumple con el primero Hebreos 5:5-6 dice: “Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar. Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.” Mediante dos citas de Antiguo Testamento, el autor de Hebreos deja muy en claro que Jesucristo no usurpó el oficio de sumo sacerdote, sino que fue instituido por Dios de entre los hombres, porque él fue totalmente hombre. Es interesante notar que Jesucristo es sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. Esto significa que Jesucristo es sumo sacerdote de un orden sacerdotal distinto al de Aarón. De Melquisedec hablaremos próximamente, por lo pronto bástenos saber que el sacerdocio de Jesucristo es de un orden distinto al de Aarón. El ser sumo sacerdote según el orden de Melquisedec implica que su sacerdocio es superior al de Aarón, porque Melquisedec fue a la vez sacerdote y rey según Génesis 14 mientras que Aarón fue solamente sumo sacerdote. Es importante notar también que Jesucristo es sumo sacerdote para siempre. Los sumos sacerdotes según Aarón envejecían, morían y eran reemplazados. Jesucristo no, porque es sumo sacerdote para siempre. Aquí vale la pena hacer una reflexión. Si Jesucristo, como dice la Biblia y la Biblia no puede mentir, es sumo sacerdote para siempre, entonces ya no deberían existir otros sumos sacerdotes o sumos pontífices, que es lo mismo ¿No le parece? ¿Qué hacen entonces aquellos que a sí mismos se llaman sumos pontífices? Esto no es sino usurpación de un oficio que ya tiene un dueño para siempre, el Señor Jesucristo. Habiendo visto que Jesucristo cumple con haber sido seleccionado por Dios de entre los hombres, veamos si cumple con sentir lo que los hombres sienten. Hebreos 5:7-8 dice: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.” En este texto notamos que Jesucristo, como hombre sintió todo lo que un hombre puede sentir. En el huerto de Getsemaní, en las horas previas a su crucifixión, fue tal su angustia que era su sudor como grandes gotas de sangre, según Lucas 22:44. En su aflicción, clamó a Dios para que la muerte lo le retenga y pueda resucitar. Este clamor con lágrimas fue oído por el Padre y aunque el Hijo saboreó el trago amargo de la muerte, venció a la muerte al resucitar al tercer día. Aunque era Hijo, por su padecimiento aprendió la obediencia. No que fuera desobediente sino que experimentalmente como Hijo se sujetó siempre a la voluntad de su Padre. Así que Jesucristo es sumo sacerdote porque fue seleccionado por Dios de entre los hombres y sintió lo mismo que los hombres sienten. Veamos si cumple el tercer requisito, ofrecer sacrificios a Dios a favor de los hombres. Hebreos 5:9 dice: “y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.” Jesucristo se ofreció a sí mismo como sacrificio perfecto y así llegó a ser el origen o la causa de una salvación eterna para todos los que en él creen. La salvación es eterna. No se la obtiene un día para luego perderla por cualquier razón. La salvación es también por creer o recibir a Jesucristo como Salvador personal. A esto se refiere esas palabras: “para todos los que le obedecen” Hemos visto los requisitos para ser sumo sacerdote y hemos visto que Jesucristo ha cumplido con esos requisitos. Por tanto, Jesucristo es sumo sacerdote y mucho más, según Hebreos 4:14 es el gran sumo sacerdote. Si usted ha escuchado las buenas nuevas de salvación pero hasta ahora no ha recibido a Jesucristo, no tarde más, recíbalo hoy mismo, recuerde que Jesucristo es el gran sumo sacerdote, aquel que con un solo sacrificio, el de sí mismo, logró para usted el derecho de poseer una salvación eterna.