Qué grato es saludarle, amiga, amigo oyente. También es un gozo darle la bienvenida al estudio Bíblico de hoy con David Logacho. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta oportunidad estudiaremos la institución de la Cena del Señor, y el anuncio del abandono de los discípulos del Señor Jesús.

Qué bendición es saber que estamos juntos por medio de esta radio emisora. Si tiene una Biblia a la mano, le invito a abrirla en Mateo 26:26. Como antecedente a lo que vamos a estudiar, debemos tener en mente que el Señor Jesús y sus discípulos estaban en una cena. Mientras comían el Señor Jesús hizo un anuncio inesperado: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Entristecidos en gran manera los discípulos del Señor Jesús comenzaron a preguntar: ¿Soy yo, Señor? La respuesta del Señor Jesús fue: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. Luego el Señor Jesús indicó que lo que estaba por pasar no era algo que estaba fuera del control soberano de Dios, sino algo que de antemano había sido decidido por Dios y revelado a los hombres por los profetas. Sin embargo, esto no liberaba de responsabilidad a la persona que estaba por entregar al Señor Jesús. Fue muy enfático al decir: Mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Una vez que el Señor Jesús pronunció estas palabras, Judas Iscariote, quien le iba a entregar le preguntó: ¿Soy yo, Maestro? La respuesta del Señor Jesús fue simplemente: Tú lo has dicho. Según el relato en el Evangelio de Juan, tan pronto Judas Iscariote tomó el bocado, salió y era ya de noche. De esto se podría concluir tal vez que para cuando el Señor Jesús instituyó la Cena del Señor, Judas Iscariote ya no estaba presente, aunque se debe reconocer que sobre esto último no existe total acuerdo entre los intérpretes bíblicos. Esto nos deja en el punto desde el cual vamos a retomar nuestro estudio bíblico. Básicamente, el Señor Jesús está instituyendo la Cena del Señor. Permítame leer Mateo 26:26. La Biblia dice: Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
El Señor Jesús tomó el pan que estaba a la mano sobre la mesa. Luego bendijo y procedió a partir el pan y dárselo a sus discípulos diciendo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo. En las palabras del Señor Jesús distinguimos dos acciones y un símbolo. La primera acción fue tomar un pedazo de aquel pan. La segunda acción fue comer ese pedazo de pan. El pan es el símbolo del cuerpo del Señor Jesús. El pan no se transforma en el cuerpo del Señor Jesús como piensan muchos, simplemente es un símbolo y ciertamente un símbolo muy adecuado. Así como el pan tuvo que ser partido, el cuerpo del Señor Jesús también estaba pronto a ser partido, por decirlo así en la cruz del calvario. Así como el pan es molido, cuando se lo mastica, así también el Señor Jesús estaba pronto a ser molido en la cruz del Calvario. Hablando del sacrificio del Señor Jesús, Isaías 53:5 dice: Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Así como el pan tiene que ser comido para rendir beneficio al hombre, el Señor Jesús también tiene que ser comido, en el sentido de recibirlo como personal Salvador. Una vez que todos los discípulos tomaron y comieron el pan, el Señor Jesús prosiguió. Note lo que dice Mateo 26:27-29. La Biblia dice: Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
Al igual que lo hizo con el pan, el Señor Jesús tomó lo que estaba a la mano, era la copa. Esa copa contenía lo que el Señor Jesús llamó el fruto de la vid. Luego el Señor Jesús dio gracias, y les dio, diciendo: Bebed de ella todos. Inmediatamente el Señor Jesús explicó el simbolismo detrás de esta acción. El Señor Jesús dijo, que el contenido de la copa, es decir el fruto de la vid, simboliza la sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados. El Señor Jesús está hablando de un nuevo pacto. El nuevo pacto, o nuevo testamento que es lo mismo, es el nuevo arreglo de Dios con los hombres, basado en la muerte de Cristo. El pacto nuevo e incondicional de gracia debía ser ratificado con la preciosa sangre de Cristo, la cual iba a ser derramada por muchos para que esos muchos logren el tan anhelado perdón de pecados. La sangre de Cristo es más que suficiente para el perdón de pecados de absolutamente todo ser humano, pero solamente se hace efectiva en los muchos que por fe reconocen a Cristo como su único y personal Salvador. Tal vez cuando todos los discípulos tomaron de la copa, el Señor Jesús hizo otro anuncio importante. Dijo que desde ese momento, no beberá más de ese fruto de la vid, no para siempre, sino hasta un día todavía futuro, hasta aquel día en que lo beba nuevo con sus discípulos en el reino de su Padre. Con estas palabras, el Señor Jesús estaba anunciando su muerte, su resurrección su ascenso a la gloria de su Padre y su retorno a la tierra, por segunda vez, para establecer el reino que su Padre había ofrecido a su pueblo escogido. Cuando eso suceda, el fruto de la vid tendrá un nuevo significado, será un símbolo de gozo y bendición eterna. De esta manera, la cena del Señor quedó establecida para la posteridad, mientras el Señor Jesús tarda en venir nuevamente a este mundo, no como en su primera venida, rodeado de humildad sino rodeado de gloria y majestad. La mente humana es muy propensa a olvidar cosas importantes. La Cena del Señor permite tener fresco en la mente la maravillosa obra de redención realizada por el Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Si usted ya es hijo de Dios porque ha recibido al Señor Jesucristo como su Salvador, ¿Está participando en la cena del Señor? Si no lo está haciendo, está en desobediencia, porque participar en la cena del Señor es un mandato, no una opción para el creyente. Le animo por tanto a eliminar cualquier obstáculo que hasta ahora ha estado impidiendo que como creyente participe en la cena del Señor. Luego de instituir la cena del Señor, el Señor Jesús y sus discípulos salieron y se dirigieron al monte de los Olivos. Eso es lo que encontramos en Mateo 26:30. La Biblia dice: Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
Era costumbre en los judíos cantar los salmos 113 a 118 después de la cena. A esta porción en los Salmos se la conoce como el Gran Hallel. Una vez que cantaron el himno, salieron de Jerusalén, cruzaron el torrente de Cedrón y ascendieron la ladera occidental del monte de los Olivos camino hacia el huerto de Getsemaní. Ya era de noche. Mientras caminaban, el Señor Jesús hizo un anuncio y Pedro hizo una promesa. Consideremos en primer lugar el anuncio del Señor Jesús. Permítame leer el texto bíblico en Mateo 26:31-32. La Biblia dice: Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
Como Dios, el Señor Jesús sabía de antemano todo lo que iba a pasar. Este conocimiento le permitió asegurar que esa precisa noche, los once, porque Judas Iscariote ya no estaba presente, se escandalizarían de Jesús. El verbo escandalizarse significa hallar tropiezo u ofensa en alguien. Poco tiempo más tarde, los once discípulos de Jesús actuaron como si jamás hubieran conocido a Jesús. Esto era el cumplimiento de la profecía en Zacarías 13:7. Pero a pesar de tan horrendo pecado, el Señor Jesús estaba dispuesto a perdonar, y por eso prometió a sus discípulos que después que haya resucitado, se encontrará con ellos en Galilea, algo que se cumplió total y absolutamente. Después tenemos la promesa de Pedro. Se halla en Mateo 26:33-35. La Biblia dice: Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
El siempre impulsivo Pedro, se sintió tan seguro de sí mismo que contradijo al Señor Jesús. Saturado de auto confianza dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Pobre Pedro, estaba a punto de aprender una lección que jamás la olvidaría. El Señor Jesús por tanto le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro estaba como sordo a lo que el Señor Jesús le dijo y tal vez levantando más la voz dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Mientras Pedro pronunciaba estas palabras, los otros diez apóstoles asentían con la cabeza, diciendo: Yo tampoco te negaré. No fue sólo Pedro quien prometió lealtad al Señor Jesús, aun cuando si para eso tuviese que morir. La triste realidad es que Pedro y los demás negaron al Señor Jesús poco tiempo después, y se cumplió la palabra del Señor Jesús y los once apóstoles aprendieron que no se puede prometer al Señor Jesús morir por él si primeramente no se está dispuesto a vivir para él. Gracias a Dios, los once asimilaron su lección y todos sabemos lo que Dios hizo por medio de ellos. En nuestro próximo estudio bíblico analizaremos lo que sucedió a continuación.