Reciba cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Nuestro tema de estudio es el libro de Efesios en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia. En nuestro último estudio bíblico Pablo, el escritor del libro, nos presentó un cuadro preciso de lo que es un incrédulo, en el sentido espiritual. Está muerto espiritualmente, es un hijo de desobediencia, es un esclavo de su carne o de su propia vieja naturaleza, y es un hijo de ira, merecedor de ser objeto de la ira de Dios. El cuadro que Pablo nos presentó fue de total desesperanza. Se siente como estar encerrado en un cuarto donde no penetra ni el más mínimo rayo de luz. Esta es la triste realidad espiritual de todo incrédulo y cada uno de los que ahora somos creyentes, estuvimos en esas condiciones antes de recibir a Cristo como Salvador. Por estar muerto espiritualmente, es imposible que un incrédulo pueda acercarse a Dios por sí mismo. La única posibilidad para que un incrédulo pueda levantarse de su postración espiritual es que Dios intervenga en su ayuda. Y esto es justamente lo que Dios hace a favor del incrédulo. Es como si Dios abriera una ventana de ese cuarto oscuro donde está el incrédulo para que entre la luz y se disipen las tinieblas. Sobre esto trata el estudio bíblico de hoy.

Damos gracias a Dios por su bendita palabra. Es un tesoro de sabiduría en nuestras manos. Si tiene acceso a una Biblia, ábrala en Efesios 2 a partir del versículo 4 hasta el versículo 7. A manera de introducción notaremos que este pasaje bíblico presenta cuatro acciones de Dios a favor del pecador. Todas estas acciones aparecerán con verbos conjugados en tiempo pasado. ¿Cuál es la importancia de este hecho? Pues que si Dios hizo estas cosas en el pasado, entonces el resultado de esas acciones ya es una realidad para todos los creyentes. Veamos por tanto cuales son estas acciones. En primer lugar Dios nos amó. Efesios 2:4 dice: Pero Dios,  que es rico en misericordia,  por su gran amor con que nos amó,
El versículo comienza con la frase: Pero Dios. Esto es equivalente a la ventana que se abre para que entre la luz de Dios para disipar las densas tinieblas que rodean al pecador. Dios es amor. El amor es un atributo de Dios. Cuando este amor se manifiesta a los pecadores, se transforma en gracia y misericordia. Dios es rico en misericordia y también en gracia. Esta riqueza hace posible que los pecadores se salven. En su misericordia, Dios no nos da lo que merecemos y en su gracia, Dios nos da lo que no merecemos. Notemos cuidadosamente que el amor de Dios se manifiesta en acción de sacrificio en beneficio del objeto de su amor. Juan 3:16 dice por tanto: Porque de tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree,  no se pierda,  mas tenga vida eterna.
El amor de Dios se manifestó en la cruz del Calvario, cuando Dios dio lo mejor a hombres pecadores que merecemos lo peor. En los anales de la historia ha quedado registrado el siguiente incidente que de una manera pálida refleja el drama del Calvario. Hace varios años, en medio de una borrasca de proporciones dantescas, en la convulsión y el azote de las aguas enloquecidas, un barco que hacía travesía entre Buenos Aires y Montevideo, se hundió en las frías aguas del Río de la Plata. Los medios de salvamento eran precarios, alguno que otro bote de auxilio sirvió para escapar del drama. La mayoría, con sus salvavidas en mano, luchaban contra la corriente y el vendaval. Luis Viale, fuertemente aferrado al suyo, se felicitaba por su buena fortuna y esperaba el rescate que no tardaría en llegar. De pronto, sus ojos que escrutaban las penumbras, ansiosos de ver rugir de la niebla los barcos de socorro, se clavaron en cambio en una mujer que luchaba desesperadamente para mantenerse a flote, careciendo de salvavidas, daba incoherentes brazadas para sobrevivir en medio de aquella escena de muerte y tragedia. Viale, esforzándose con sus piernas semi entumecidas por el frío, se aproximó hasta ella. Cuando estuvo a su lado pretendió ayudarla pero vanos fueron sus esfuerzos, el salvavidas suyo no alcanzaba a sostener a los dos. Fue entonces cuando con un gesto que enaltece, se quitó su salvavidas y rodeó con él, el cuerpo exhausto de aquella mujer desconocida. Sus fuerzas estaban terminadas. Poco después, se perdió entre la bruma. Se hundió para siempre, sacrificó su vida para salvar la vida de alguien a quien sin conocer amó. Si, amable oyente, el amor se manifiesta en acción de sacrificio en beneficio de la persona amada. Si no es así, el amor se reduce a meras palabras carentes de significado. Dios nos amó de tal manera, que dio a su Hijo unigénito. En segundo lugar, Dios nos dio vida. Efesios 2:5 dice: aun estando nosotros muertos en pecados,  nos dio vida juntamente con Cristo  (por gracia sois salvos),
Lo que más necesita un muerto no es comida, ni vestido, ni diversión, ni riqueza, ni salud. Lo que más necesita es vida. Y por gracia y misericordia de Dios, el pecador llegó a tener vida, por eso el texto dice: Por gracia sois salvos. Esa vida para quien estaba muerto en delitos y en pecados se hace posible por el hecho que el creyente está unido a Cristo. Todo lo que es Cristo es el creyente. Cristo es vida y por tanto el creyente tiene vida. En tercer lugar. Dios nos resucitó. La primera parte de Efesios 2:6 dice: y juntamente con él nos resucitó,
Jesucristo murió y fue sepultado, pero no quedó en una tumba, sino que resucitó al tercer día. Por cuanto el creyente está en Cristo, el creyente también ha resucitado espiritualmente. Cuando el Señor Jesús resucitó a Lázaro, le dio una orden: Lázaro, ven fuera… Y el que había muerto salió atadas las manos y los pies con vendas y el rostro envuelto en un sudario. Lo mismo ha hecho Dios con nosotros espiritualmente. Nos ha levantado de nuestras tumbas espirituales en las que estábamos atrapados. En cuarto lugar, Dios nos hizo sentar en un lugar de privilegio. Efesios 2 desde la segunda parte de versículo 6 hasta el versículo 7 dice:  y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
Eph 2:7  para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Este es el viaje interestelar más extraordinario que existe. Imagínese amable oyente, Dios nos ha sacado de una tumba espiritual al hacernos resucitar, y nos ha trasladado más allá de todo lo que podamos imaginar. No ha trasladado a los lugares celestiales, y una vez allí nos ha hecho sentar con Cristo Jesús. A decir verdad, Dios no podía hacer más, porque simplemente ya no hay más por hacer. El estar sentado implica que todo está completo, que ya no falta nada más. El sentarse denota también que se está descansando después de haber estado trabajando mucho. El hecho que Dios nos ha hecho sentar con Cristo Jesús en los lugares celestiales, implica que todo esta hecho para poder disfrutar de la salvación y por tanto podemos descansar. En lo que resta del pasaje bíblico leído encontramos el propósito final de todo lo que Dios ha hecho a favor del pecador. Los creyentes, sentados en los lugares celestiales con Cristo Jesús, somos como los trofeos en la vitrina de algún deportista importante. Dios será admirado por la eternidad al ver lo que él ha hecho en su gracia por pecadores como cada uno de nosotros que somos creyentes. Las huestes celestiales se quedarán admiradas al ver las abundantes riquezas de la gracia de Dios en su bondad para con el pecador. Qué maravilla. Como no expresar desde lo profundo de nuestro ser un ¡Gracias Señor! Por tan gran favor realizado. Si usted amable oyente ya ha recibido a Cristo como su personal Salvador, debe reconocer que Dios le ha amado tanto que envió a su Hijo a morir por usted, para pagar la deuda que usted tiene por su pecado. También Dios le ha dado vida, pero una vida temporal, sino vida eterna. Esto ya es suyo, no tiene que esperar morirse físicamente para que lo tenga. Esta vida es eterna, nada ni nadie la puede quitar. Dios le ha hecho resucitar a un nuevo estilo de vida que agrada a Dios y finalmente, Dios le ha hecho sentar en los lugares celestiales con Cristo, una posición de excelencia que no puede ser mejorada porque no admite mejora alguna. Todo esto ya es suyo. Pero si todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, ninguno de estos beneficios espirituales es suyo. ¿Por qué entonces no toma hoy mismo la decisión de recibir a Cristo como su Salvador? Que Dios le bendiga.