Dios merece toda nuestra adoración. La grandeza de Dios detona en adoración porque Dios así lo desea. Hola amigo, amiga oyente, ¡bienvenido! Estamos estudiando la importancia de la adoración en la vida de todo creyente y como está debe estar centrada en la magnificencia de Dios. Mira Él desea nuestra adoración, se merece nuestra adoración y, además, nos atrae a sí mismo en la adoración. Ahora, en este programa quiero que juntos veamos cómo se desarrolla esto, quiero que pensemos en lo opuesto al capítulo 19 de Apocalipsis que hemos estado estudiando. Y quiero que, a diferencia de la adoración centrada en Dios, pensemos en la adoración centrada en el hombre, y es parte de lo que vemos arrastrarse incluso aquí, en Apocalipsis capítulo 19. Ten cuidado con las trampas de la adoración centrada en el hombre.

Bien, la primera trampa es el peligro de la devoción fuera de lugar. Toma tu Biblia y acompáñame al libro de Apocalipsis capítulo 19, verso 10. La Biblia dice: “Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” ¿Entendiste lo que sucedió?

Juan, el discípulo de Cristo, alguien que ha sido fiel toda su vida, él mismo que está escribiendo el Libro de Apocalipsis, además de algunos otros libros en el Nuevo Testamento. Dice «Ante esto caí a sus pies para adorarlo». A los pies del ángel mensajero, Juan se inclina para adorar. «Pero él me dijo:» ¡No lo hagas!»  “¿qué estás haciendo? Levántate. No me adores.” Incluso aquí, en el capítulo 19 de Apocalipsis, podemos ver el clímax de la adoración, la sutil tentación de permitir que la adoración de repente, cambie a la idolatría y se pierda de vista quién es realmente el objeto de la adoración. Ahora, ¿crees que, si fue una tentación para Juan, pudiera ser una tentación para nosotros? Claro que no diríamos abiertamente que estamos adorando ídolos. Juan no hubiera dicho eso. Pero ¿es posible que comencemos a enfocarnos tanto en las formas de nuestra adoración, que nos olvidemos del objeto de nuestra adoración? ¿Crees que podemos centrándonos tanto en las personas que nos guían en la adoración, que perdamos de vista a aquel a quien estamos adorando?

Si nos fijamos en el paisaje contemporáneo de la iglesia de hoy, incluyéndonos a nosotros, es muy posible que comencemos a adorar a los artistas o incluso adorar a la propia adoración en lugar de adorar a Dios. Tenemos que tener cuidado con la devoción fuera de lugar en la iglesia y quiero que veas a lo que eso nos puede llevar.

Segundo, el peligro de los motivos mal dirigidos. Lo que sucede es que cuando el ángel mensajero ve a Juan, inmediatamente dice, levántate, ¿qué es lo que estás haciendo? Pero ahí se convierte, y esto acontece principalmente con los predicadores y aquellos que lideran la adoración congregacional, en una tentación muy seria para empezar a disfrutar de la honra, del respeto, de la gloria, por así decirlo, que uno tiene ante Dios y el pueblo de Dios. Y ciertamente la mayoría de los predicadores o líderes de la adoración musical no dirían que quieren glorificarse a sí mismos. Dirían que quieren glorificar a Dios, pero es muy tentador decir también que no les importaría ser glorificados en el proceso.

¿Recuerdas lo que dijo Juan el Bautista en Juan 3:30? «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.”  Es muy tentador querer decir que Él debe ser más grande y que no importaría ser más grande también. Pero esa no es la adoración del Nuevo Testamento. Eso no es humildad en la adoración. Todo está hecho para centrarse en Su grandeza. Y cuando eso sucede, en realidad nos volvemos menos. Hoy en día hay muchas discusiones en las iglesias sobre cómo podemos lograr esto o aquello en la adoración. Adoramos hacer esto o adoramos hacer aquello. Adoramos para hacer esto y lo que tenemos que percibir en Apocalipsis capítulo 19 es que la adoración es un fin en sí misma. No adoramos a Dios para hacer otra cosa. Nosotros adoramos a Dios y punto «¡Adora a Dios!» No adoramos a Dios por algún motivo extra, cuando hacemos eso, entonces estamos exaltado algo por encima de Dios. Ten cuidado con la adoración fuera de lugar y los motivos mal dirigidos.

Finalmente tenemos el peligro de un éxito incomprendido. Lo que sucede es que cuando tenemos devoción fuera de lugar o motivos mal dirigidos, comenzamos a alejarnos de la adoración y preguntamos: ¿cómo te sentiste hoy con el servicio de adoración? ¿Cómo se siente la gente? Esperamos que todo transcurra sin contratiempos, y nos preocupamos sí acudió una gran multitud. Estos pensamientos comienzan a eclipsar el único pensamiento que es más importante. Señoras y señores, lo que finalmente importa, no es lo que tú y yo pensamos acerca del servicio de adoración. Lo que finalmente importa es lo que Dios piensa sobre el servicio de adoración. Así que debemos tener cuidado de no medir el éxito con nada más que eso. Puede que no nos haga populares y puede que no nos permita hacer crecer la iglesia como todo el mundo dice que debería crecer, pero es la pregunta más importante y debes preguntarte, ¿qué piensa Dios de nuestra adoración congregacional? Entonces, esos son los peligros, las trampas de la adoración centrada en el hombre.

Ahora quiero que vayamos al capítulo 19 de Apocalipsis y veamos el poder de la adoración centrada en Dios y quiero que veas a la Trinidad involucrada en esto. Antes que nada, Dios el Padre nos busca para la adoración. Ve al versículo 9 la Biblia dice: “Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.” La imagen completa del Nuevo Testamento, incluso en el Antiguo Testamento, es que Dios toma la iniciativa, la iniciativa divina y llama a las personas a Sí mismo e invita a las personas a Él y nos busca.

Vemos esto en Juan capítulo 4, cuando Dios el Padre busca a aquellos que lo adorarán. Eso es lo que Jesús dice. Él nos está buscando. Dios el Padre desea nuestra adoración y nos busca para la adoración. Él nos llama a Sí mismo, es lo que está diciendo Apocalipsis capítulo 19. Ahora, es en este punto que tenemos que medir eso con una de las palabras de moda en la adoración contemporánea, llamada de sensibilidad del buscador. Necesitamos ser sensibles a las personas, especialmente fuera de la iglesia cuando venimos juntos a adorar para poder atraer a más personas. Necesitamos adaptar las cosas para ser sensibles a los que están interesados ​​en Dios. Es en este punto, que llego a la comprensión de que, solamente cuando Dios Todopoderoso es exaltado, a través de Su Palabra, cuando Dios es el centro de nuestra adoración congregacional y todo se centra alrededor de Él y si somos capaces de dar una imagen de Su grandeza, Él hará la búsqueda por nosotros y atraerá a las personas hacia Él.

Entonces, ¿quién somos nosotros para pensar que sabemos cómo atraer a las personas hacia Él, mejor de lo que Él lo hace? Él ha estado haciendo esto por toda la eternidad. Jesús vino a buscar y salvar a los que están perdidos. Él es el Buscador Divino de modo que la adoración congregacional, en última instancia, se centra alrededor del Buscador Divino complaciéndole y dejándole a Él hacer el trabajo.

Quiero mostrarte esto en 1 Corintios capítulo 14. Este es un pasaje que habla sobre la adoración congregacional. Mira la imagen del versículo 24, 1 Corintios 14 «Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.» (1 Corintios 14:24 y 25) ¿No es una gran imagen? Esa es la imagen en la que la gente vendría a la adoración congregacional en el Nuevo Testamento, vería la grandeza de Dios siendo exaltada en Su Palabra y el resultado sería que verían su necesidad de Dios, se arrodillarían y dirían que el Señor Dios está entre ustedes. ¿No es ese el objetivo de la adoración?

La adoración no tiene como fin buscar la alabanza para los músicos o el servicio de adoración. El objetivo es que cada uno de nosotros vea la grandeza de Dios. Él nos ha llamado a Sí mismo y nosotros le hemos respondido y todo está centrado alrededor de Él. Dios nos busca para la adoración. Y luego, no te pierdas esto, Dios el Hijo nos permite adorar. Esta es la imagen de la novia de Cristo, Apocalipsis capítulo 19 dice: «Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente» Ahora, el énfasis aquí no está en el hecho de que la novia se ha puesto lino fino brillante y limpio. El énfasis está en el hecho de que estas ropas se le dieron a ella. El brillo, la limpieza y la santidad que se simbolizan en ellos fueron algo que se le dio a ella para que ella pudiera adorar.

Cuando confiamos en que Él nos perdone de nuestros pecados, Él pone sobre nosotros esta justicia y Su santidad. No nos presentamos ante Dios por nuestro propio mérito. Venimos ante Dios por el mérito de Jesucristo. Jesús nos permite adorar aparte de su justicia. Entonces, ¿cómo podemos adorar? Él nos capacita y luego Dios, el Espíritu, nos dirige en la adoración. Y todo el propósito del Espíritu de Dios es guiarnos para ver la gloria de Cristo.

Ahora, si Dios el Padre nos busca para la adoración y Dios el Hijo nos permite adorar y Dios el Espíritu nos dirige en la adoración, entonces, si minimizamos la grandeza de Dios, ¿dónde nos dejará eso? Nos dejará en un punto donde, en última instancia, nuestra adoración será sagrada porque Él es el que está actuando en adoración, buscándonos, permitiéndonos y dirigiéndonos por Su Espíritu. ¿Ves por qué la grandeza de Dios debe captar toda nuestra atención en la adoración y debemos humillarnos con ese fin?

W. Tozer dijo: «Es delicioso adorar a Dios, pero también es una cosa humillante y el hombre que no ha sido humillado en la presencia de Dios nunca será un adorador de Dios.” Él puede ser un miembro de la iglesia que cumple las reglas y las obedece y que diezma y va a la conferencia, pero nunca será un adorador a menos que sea profundamente humilde.

Entonces, ¿realmente amamos la gloria de Dios? ¿realmente temblamos ante su santidad? ¿Estamos realmente cautivados por su grandeza y belleza? Espero que cuando salgamos de la iglesia, lo que esté en nuestra mente no sea qué tan bueno o malo fue el sermón o qué tan buena o mala fue la música, que lo que esté en nuestra mente sea, “cuán grande es nuestro Dios, cuánto lo amamos y cuánto lo disfrutamos” debemos pensar en cómo nada de lo que enfrentaremos, en este mundo, puede compararse con la satisfacción que hemos encontrado en Él. Eso es humillarse y es su grandeza. La grandeza de Dios es más que suficiente para mantener nuestra atención en la adoración.

Que eso, nos lleve humilde adoración de Dios. Pidamos a Dios para que nos haga un pueblo que fije sus ojos en Su grandeza. Que nos haga personas cautivadas con Su gloria y cautivadas por Su majestad. Su majestad y Su grandeza son suficientes para cautivarnos. Que Dios nos libre de la devoción fuera de lugar, los motivos mal dirigidos y el éxito incomprendido para verlo en nuestra adoración y glorificar Su nombre en nuestra adoración. Pidamos a Dios que nos haga humildes en Su presencia. Que nos humille para que podamos cantar con la multitud del cielo, porque nuestro Señor Dios Todopoderoso reina. Gracias por acompañarnos en este tiempo, espero que puedas acompañarnos en nuestro siguiente programa. Que Dios te bendiga.

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