Hola amigo, amiga oyente, estamos involucrados en una nueva serie sobre la importancia de la adoración dentro de nuestra vida cristiana, y para esto, hemos tomado el capítulo 12 de Nehemías y para empezar este estudio quiero que miremos a Nehemías capítulo 12 a través de la lente del Nuevo Testamento. Venimos aquí, a este capítulo y vemos la dedicación de estos muros a Dios todo soberano, pero si nos alejamos de Nehemías capítulo 12 y usamos este texto para llevarnos a dedicar edificios, entonces nos habremos perdido todo el sentido de lo que las Escrituras tratan de enseñarnos aquí. El sistema del Antiguo Testamento es la gloria de Dios habitando en el templo y el edificio escondido en esta ciudad, la ciudad santa de Jerusalén, pero el sistema del Nuevo Testamento es Jesús alegando ser el templo, afirmando ser la ciudad donde encuentras la gloria de Dios. Aquí es en donde encuentras su Gloria. Jesús dijo: “Yo soy el templo” luego Él muere en la cruz, asciende al cielo, envía a Su Espíritu Santo y ahora, ¿quién es el templo? nosotros somos el templo dl Espíritu santo, la gloria de Dios habitando en cada uno de nosotros,

Entonces, si vemos Nehemías capítulo 12 y construimos un edificio y lo dedicamos y decimos que lo usamos para su gloria, nos perderemos todo el propósito. Amigos y amigas que nos escuchan, nosotros somos el templo en esta comunidad, en la iglesia. No la estructura del edificio. Nosotros, nuestras vidas son el lugar en donde las personas encontraran la gloria de Dios y encontraran la bondad de Dios y la misericordia, la gracia y la majestad de Dios. Por eso nos rendimos a esta misión en la adoración congregacional, porque Dios quiere llevar Su gloria a las personas de tu trabajo, de tu comunidad, de tu casa y Él quiere hacer esto a través de nosotros y la adoración congregacional nos impulsa a hacerlo.

Esta es la imagen que hemos visto a lo largo de esta serie, entonces no pienses en esto como un predio. Si todo lo que hacemos es dedicar predios, todo lo que tendremos será una imagen sesgada de la adoración y esa no es la imagen de la adoración el Nuevo Testamento. No estoy diciendo que los predios son malos, sino que somos la representación visible de la gloria de Cristo en el mundo y debemos abrazar eso. Nos rendimos a Su misión. La conclusión es el deseo de Dios de despertar el cuerpo de Cristo, despertarnos en nuestra adoración. ¿Por qué? Para que juntos podamos proclamar la gloria de Cristo al mundo. Esta es la imagen de Nehemías capítulo 12 y por eso la comunidad no es negociable en la adoración congregacional. Entonces, con esta imagen del Antiguo Testamento hacemos un puente hacia este día y vemos nuestras vidas juntas como una comunidad de fe. Y pienso que la respuesta más apropiada para nosotros, al celebrar y rendir adoración en el Nuevo Testamento se llamaba la Cena del Señor.

Piensa en los paralelos conmigo entre la Cena del Señor y lo que acabamos de ver en el capítulo 12 de Nehemías, una celebración de la gloria de Dios. El cuerpo y la sangre de Jesucristo derramada por nosotros. Esta es una celebración ¿Qué pasó en la Cena del Señor? Recordamos Su cuerpo y Su sangre. No solo eso, sino que participamos como pueblo de Dios. Es una fiesta que celebramos juntos. La Biblia nos dice que es una imagen de nuestra adoración. Y luego nos dedicamos al servicio de Dios. De eso se trata esta imagen completa. Se trata de identificarnos con Cristo y, como resultado, no debe tomarse a la ligera.

Entonces, quiero alentarte, si me escuchas en este momento y no has llegado al punto en el que has confiado en Cristo para tu salvación, quiero instarte en los próximos minutos a que experimentes la gloria de Dios pidiéndole que te perdone de tus pecados, confiando en Él para salvarte a través de lo que Cristo hizo en la cruz. A los amigos oyentes que ya son creyentes, quiero invitarlos a reflexionar sobre la razón por la que adoramos. Dedica tiempo a la confesión, aplicando el perdón de Dios en tu vida y entregándote a la misión que Él ha puesto delante de nosotros.

El Salmo 46 verso 10 dice: “Quédate quieto y sabrás que yo soy Dios. Seré exaltado entre las naciones. Seré exaltado en toda la tierra “. En lo que nos queda de tiempo en este programa quiero regresar a uno de los aspectos no negociables de la adoración congregacional del cual estoy convencido de que la iglesia necesita volver a recordar hoy; la humildad. Quiero que comencemos leyendo una cita de un pastor llamado A.W. Tozer, él dijo: “En mi opinión, la mayor necesidad del momento es que los religiosos superficiales de corazón liviano sean derrotados con una visión de Dios en lo alto y levantado con su séquito llenando el templo. El arte sagrado de adoración parece haber desaparecido como la Shekinah del tabernáculo. Como resultado, somos dejados a nuestra propia suerte y somos obligados a compensar la falta de adoración espontánea trayendo innumerables actividades baratas y vulgares para retener la atención de la gente de la iglesia. ”

Lo que quiero proponerte es que no es necesario traer actividades baratas y vulgares para retener la atención de la gente de la iglesia. No es necesario porque la grandeza de Dios es más que suficiente para mantener la atención de la adoración en las iglesias y esta es una verdad que necesitamos desesperadamente revisar hoy en la iglesia. Entonces, quiero invitarte a que vengas conmigo a Apocalipsis capítulo 19. En programas anteriores comenzamos esta serie sobre adoración congregacional “Despertar” y para eso hemos visto el Antiguo Testamento específicamente Nehemías capítulo 12 y la importancia no negociable de la comunidad en la adoración congregacional. La iglesia no es solamente una reunión de adoradores individuales. La iglesia es una comunidad de fe.

En ese sentido, vamos a sumergirnos en la humildad y la importancia de la humildad en la adoración congregacional y vamos a lanzarnos a un majestuoso y poderoso capítulo de las Escrituras en Apocalipsis capítulo 19, uno de los últimos capítulos de la Biblia.

Antes de empezar, debemos tener el contexto de todo el Libro de Apocalipsis. Debemos darnos cuenta de que este es, en primer lugar, un libro que fue escrito a un grupo de cristianos en el primer siglo, los cuales enfrentaban mucha persecución a causa de su fe. El emperador Domiciano era un asesino de sangre fría que estaba causando estragos en la iglesia. Uno de los resultados de su persecución fue que Juan, el autor de este libro, estaba escribiendo desde una isla a donde Domiciano lo había exiliado. Así que aquí está Juan escribiendo a los cristianos, alentándolos a mantenerse firmes en su fe en medio de la persecución que enfrentan. Ahora, es importante para nosotros darnos cuenta de que ese es el contexto cuando llegamos al Libro de Apocalipsis, porque lo primero que hacemos cuando solemos llegar a este libro es que comenzamos a mirar todos los signos, las imágenes y los símbolos y comenzamos a pensar en todas estas cosas geniales que tiene que enseñarnos sobre el futuro. Y tiene mucho que enseñarnos sobre el futuro, sin embargo, el Libro de Apocalipsis tenía mucho que enseñar a los cristianos en el primer siglo sobre el presente.

Entonces, tenemos que mirar este libro y este pasaje, en particular, a través de dos lentes. En primer lugar, a través de la lente de lo que Dios le estaba diciendo a esas personas en aquel momento y luego, cuando veamos esas verdades desplegarse, nos mostrará lo que Dios está diciendo a todas las personas de todos los tiempos, incluyendo a nosotros hoy, sobre las cosas en el futuro. Así que este es el contexto que nos lleva al capítulo 19 de Apocalipsis. Quiero que me acompañes al versículo 1. Aquí es adonde se dirige toda la eternidad. “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!” (Apocalipsis 19: 1-4).

Amado oyente, mira que vas a decir amén en toda la eternidad, así que comienza a practicar ahora. “Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya!, ¡porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. La cena de las bodas del Cordero Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios. Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” (Apocalipsis 19:5-10)

Este pasaje es el clímax de alabanza y adoración al cual todo el Libro de Apocalipsis, hasta este punto, ha estado conduciendo. Y quiero que veas que cada palabra, cada versículo en Apocalipsis capítulo 19 versículo 1 al 10 gira en torno a la grandeza de Dios. Él está en el centro de la adoración del Nuevo Testamento. Él está en el centro de la adoración eterna y la pregunta que debemos hacernos es: ¿está realmente Dios en el centro de nuestra adoración hoy? Sinceramente creo que esto está es duda en la iglesia de hoy. Así que quiero que veas en este texto, tres razones para volver al desafío que Tozer nos hizo. Tres razones por las cuales la grandeza de Dios estará en el centro de nuestra adoración en lugar de actividades baratas y vulgares que nos entretendrían en la adoración.

Número uno, porque Él desea nuestra adoración. La primera razón por la cual la grandeza de Dios atraería toda la atención en nuestra adoración es porque Él desea nuestra adoración. Segundo, Él merece nuestra adoración. La grandeza de Dios será el centro de atención en nuestra adoración porque Él merece nuestra adoración y tercero, Él es omnipotente. La salvación, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios. Y estas son razones que estudiaremos con mayor atención en el próximo capítulo, pero antes de despedirme quiero preguntarte, ¿qué haría por nuestro evangelismo en la iglesia hoy, si realmente nos diéramos cuenta de que las personas que nos rodean están sin Cristo?

Si estas personas de nuestros vecindarios, nuestras comunidades y en las naciones, y si están sin Cristo, ahora están bajo el juicio de Dios ¿Eso nos impulsaría a hacer que la gracia y la misericordia que Él desea que ellos conozcan sean conocidas por ellos con el Evangelio que nos ha confiado? Su justicia, su verdad en el centro de la adoración y es precisamente de eso de lo que hablaremos en Apocalipsis capítulo 19.

Así que, antes de despedirnos te invito a que me acompañes en una corta oración,

Dios, te alabamos por la oportunidad de adorar, el honor y el privilegio que nos has dado de conocerte y adorarte, Gracias Padre por tu maravillosa gracia que día a día nos acompaña. En el nombre de Jesús oramos. Amén