¿A qué se refería Pedro en su discurso en Hechos 2:16-21?. 

Vamos a dar lectura al pasaje bíblico que se encuentra en Hechos 2:16-21 para luego explicar su significado. Dice así este pasaje:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” 

Hasta aquí lo que menciona este pasaje bíblico.

Antes de referirnos al motivo de Pedro para usar este pasaje en su discurso, será necesario hacer un recuento de los hechos anteriores al discurso de Pedro. El Señor Jesucristo resucitado había ascendido al cielo y sus discípulos volvieron a Jerusalén y se reunieron en el aposento alto, allí estaban perseverando unánimes en oración y ruego.

Cuando llegó el día de la fiesta judía de Pentecostés, de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Cuando la gente que estaba en Jerusalén oyó el estruendo se acercaron a la casa donde estaban los discípulos. Lo que vieron allí fue algo extraordinario. Los discípulos, muchos de ellos iletrados, estaban hablando en una variedad de idiomas que nunca jamás habían aprendido. Los judíos de todas partes podían escuchar y entender las maravillas de Dios en su propio idioma.

Esto sin duda era algo fantástico y es comprensible que se preguntaran: ¿Qué quiere decir esto? O ¿De dónde viene todo esto? Ante esta interrogante, Pedro se pone en pie con los once y alza su voz diciendo: Varones judíos y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Primeramente Pedro explica que el evento inusual no fue el resultado de que los discípulos estaban ebrios, porque eran solamente las nueve de la mañana y a esa hora normalmente nadie podría estar ebrio en el día de Pentecostés, porque era costumbre entre los judíos el abstenerse de comida y bebida hasta las diez de la mañana o aun hasta el medio día, dependiendo de la hora a la que se hacía el sacrificio diario.

Luego indica que lo acontecido se debe a que el Espíritu Santo se derramó, según lo dicho por el profeta Joel en su libro, capítulo 2, versículo 28 en adelante. ¿Se cumplió entonces la profecía de Joel en el día de Pentecostés? A decir verdad, hubo un cumplimiento parcial solamente. Los eventos ocurridos en el día de Pentecostés no obedecieron a un cumplimiento total de la profecía de Joel, porque muchos de los fenómenos celestiales allí predichos no ocurrieron. En el día de Pentecostés el sol no se convirtió en tinieblas y la luna en sangre, por ejemplo.

Lo que sucedió el día de Pentecostés fue un anticipo de lo que sucederá en los últimos días, antes que venga el día del Señor grande y manifiesto. Si en el día de Pentecostés se hubiera cumplido totalmente la profecía de Joel, ¿por qué entonces se hace la promesa en Hechos 3:19 que si Israel se arrepiente y recibe al que crucificó, Dios enviaría tiempos de refrigerio y a Jesucristo quien fue antes anunciado?

La cita de Joel en el discurso de Pedro en el día de Pentecostés es un ejemplo de la ley del doble cumplimiento en algunas profecías. Esta ley dice que ciertas profecías tienen un cumplimiento parcial en un tiempo cercano y un cumplimiento total en un tiempo lejano. El Espíritu Santo fue derramado en Pentecostés pero no literalmente sobre toda carne sino solo sobre los discípulos.

El cumplimiento final de la profecía de Joel tendrá lugar al final de la tribulación, cuando habrá prodigios en los cielos y señales en la tierra. El Señor Jesucristo aparecerá entonces para dominar a sus enemigos y establecer su reino. Al comienzo de este reinado de Cristo que durará mil años, el Espíritu de Dios se derramará sobre toda carne tanto gentiles como judíos y esta condición se mantendrá por la mayor parte del milenio. Habrá varias manifestaciones de la presencia del Espíritu Santo sobre toda carne. Estas manifestaciones poderosas serán sobre todos, sin distinción de sexo, edad, o condición social. Habrá visiones y sueños, lo cual sugiere el incremento del conocimiento sobre Dios en comparación de lo que tenemos hoy en día. Habrá también profecía lo cual indica que ese conocimiento adicional sobre Dios podrá ser comunicado a muchos.

Según el versículo 17, todo esto acontecerá en los postreros días, lo cual denota el tiempo cuando Dios cumpla todo lo prometido a Israel. Los prodigios en el cielo según el versículo 20 son característicos de la proximidad de las segunda venida de Cristo. En este contexto el día del Señor se refiere a su retorno personal a la tierra para destruir a sus enemigos y reinar con poder y gran gloria.

Pedro cierra la cita de Joel con la promesa que todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo. Esta es la buena nueva para todas las edades, que la salvación se ofrece a todas las personas sobre la base de la fe en Cristo. El nombre Señor es una expresión que incluye todo lo que el Señor es. De manera que, invocar su nombre equivale a hacer de Él el objeto de la fe y la única manera de salvación.

Concluyendo ya, diríamos que Pedro se refirió a la cita de Joel en su discurso en el día de Pentecostés, para explicar que los eventos sobrenaturales que tuvieron lugar aquel día fueron un anticipo de lo que hará el Espíritu Santo cuando la profecía de Joel tenga un cumplimiento total al final de la Tribulación y comienzo del milenio.