Nuestras ambiciones por encima de los deseos de Dios, el más común de nuestros errores. ¿Sabes? Este es uno de los pecados más comunes, aun en la misma obra de Dios. Creamos nuestros proyectos, planes y programas y luego los ponemos ante Dios para que Él los bendiga. En realidad muchas veces son la plataforma de nuestros deseos y planes, recubiertos de cierto grado de humildad y piedad, salpicados con un poco de honra al nombre de Dios, para que sea agradable a todos y no incluimos a Dios en ellos. Son nuestras ambiciones, nuestras metas, nuestras casas artesonadas.

Te lo digo por experiencia y por haber pecado de la misma manera, es muy fácil construir un ministerio o un trabajo para el Señor según nuestros planes y dejar a Dios a un lado. Dios quiere inmiscuirse en cada aspecto de tu vida, no lo dejes fuera. Deberías pensar: “¿Qué está haciendo Dios y cómo puedo unirme a su plan?”. Debemos detectar la forma en que Dios se está moviendo y sumarnos a su obrar. Preguntarle: ¿Qué quieres que haga hoy?, conversa con Él mientras tomas un café en su presencia.

¿Estás adornando la casa de Dios o la tuya?

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