Que fácil es atribuirse la gloria de las victorias y que difícil tener la humildad de dar el lugar que corresponde al que realmente hizo todo. Como dijo un escritor: “somos ladrones del brillo de la gloria de Dios”; lo que no entendemos es que somos como la luna, brillamos con luz prestada, no somos nosotros los autores de la obra, simplemente somos los canales por donde Dios se ha complacido hacerlo.

La vida se te hace más liviana, más fácil si das a Dios el lugar que le corresponde y reconoces que sólo eres su instrumento, pero nada ha dependido de ti, sólo de Él. Tampoco caigas en la pseudohumildad y no aceptas la alabanza de aquellos que ven a Dios en tu vida. Salomón dijo: “que te alabe el otro, si lo mereces”. Pablo acotó: “ninguno tenga más alto concepto de sí, que el que debe tener”. Mejor dale la gloria merecida a Dios en todo lo que sucede en tu vida, tus logros y victorias, son sólo por su poder a través tuyo. Alábale hoy, encuéntrate con Él para hacerlo.

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