Me encanta el “PERO”, realmente cambia el hilo de la historia. José había hecho lo correcto y todo le iba peor, aparentemente. “PERO” Dios no lo había abandonado.

Quizás es lo más difícil vislumbrar en medio de las pruebas o tormentas, identificar la misericordia de Dios con nosotros.
Si Potifar se hubiera creído la mentira de su mujer podría haber mandado matar a José; pero el testimonio de José había mostrado lo que él mismo declaró a la mujer: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?“.

Desde mi humilde punto de vista, la misericordia de Dios forma parte de nuestro ADN espiritual, se incrusta e impregna de tal modo que no importa donde estemos, ni cuál fue la razón de que estemos allí, su misericordia nos acompaña, se renueva y nos cubre. Tómate un café con Dios y busca más de su gracia.

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