Es una bendición para mí saludarle amiga, amigo oyente. Sea bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Continuamos con el estudio del libro de Daniel. En nuestro último estudio bíblico, vimos como los enemigos de Daniel armaron un complot para acabar con él. La idea fue engañar al rey Darío, para que promulgue un edicto según el cual durante treinta días, ninguna persona en el reino podía dirigir ninguna oración a ningún dios sino solamente a Darío, so pena de ser arrojado vivo en el foso de los leones. Sin tomar conciencia de las implicaciones de esta decisión, Darío actuó precipitadamente y promulgó el edicto y lo selló con su firma. Hacer las cosas con precipitación, sin pensarlo mucho, puede ser muy funesto. Darío lo comprobaría después. Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, lejos de esconderse, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes. Los enemigos de Daniel deben haber designado a algunos de ellos para que espíen secretamente a Daniel y le sorprendan en el acto mismo de orar a Jehová el Dios de Israel. No debe haber sido muy complicado hacer su trabajo a esos espías, puesto que Daniel no oraba a Jehová en secreto, sino a la vista de todos los transeúntes que pasaban por su casa, puesto que las ventanas estaban abiertas cuando oraba. Veamos lo que sucedió después.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Daniel 6:12-18. Este pasaje bíblico relata la historia de Daniel cuando fue arrojado al foso de los leones. Lo primero que notamos es a los enemigos de Daniel haciendo la denuncia ante el rey. Daniel 6:12-13 dice: Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones? Respondió el rey diciendo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada.
Dan 6:13 Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces al día hace su petición.
Darío el rey cayó en la trampa y Daniel tendría que pagar las consecuencias. Todo era cuestión de tiempo para que Daniel termine sus días despedazado por los leones. Sin perder un solo instante de tiempo, los enemigos de Daniel fueron ante el rey con el único propósito de refrescarle la memoria en cuanto al edicto real que había emitido y lo había confirmado. Con la astucia propia de la gente malvada, dijeron al rey Darío. ¿Te acuerdas que confirmaste un edicto por el cual cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, sea echado en el foso de los leones? Sin saber lo que los enemigos de Daniel se traían entre manos, el ingenuo rey respondió diciendo: Así es. Más aún, no olviden que conforme a la ley de Media y de Persia, ese edicto que emití y lo confirmé, no puede ser abrogado de ninguna forma. Lo que acabó de decir Darío, debe haber sonado como dulce melodía a los oídos de los enemigos de Daniel. Era lo que habían estado esperando con tanta ansiedad. El pobre rey estaba en el anzuelo. Simplemente había que sacarlo del agua. Con una sonrisa de satisfacción los enemigos de Daniel procedieron a denunciar al anciano Daniel. Tal vez dijeron: El hombre en quien confías tanto, ese Daniel que es uno de los hijos de los cautivos de Judá… Se nota el odio y desprecio que sentían hacia Daniel, a lo mejor hicieron una mueca de desprecio al enfatizar que Daniel era uno de los cautivos de Judá. Luego prosiguieron diciendo al rey Darío: Ese hombre no te respeta a ti o rey. Esta era una acusación totalmente falsa, porque no había hombre más leal y respetuoso al rey Darío que Daniel. Después denuncian a Daniel diciendo que no acata el edicto confirmado por el rey, sino que ora tres veces al día a Jehová, el Dios de Israel. En esto, los enemigos de Daniel tenían toda la razón. Como hombre de Dios, Daniel no podía someterse a la voluntad de Darío, orando a Darío, como si Darío fuera Dios. Lo que demandaba el edicto de Darío estaba en contra de lo que Dios ha dicho en su palabra, por lo cual Daniel no podía cumplir con el edicto de Darío. En casos así es necesario obedecer a Dios y no a los hombres. Siglos después, los discípulos del Señor Jesucristo se vieron envueltos en un caso similar. En aquella ocasión, los discípulos del Señor Jesucristo estaban predicando en el nombre de Cristo y el Sanedrín, la autoridad política y religiosa de Judá, les prohibió que lo sigan haciendo. Pero los discípulos del Señor Jesucristo no se sometieron a la palabra del hombre sino que siguieron predicando en el nombre de Cristo. Note lo que registra el libro de los Hechos sobre esto. Está en Hechos 5:29 donde dice: Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
En segundo lugar tenemos la reacción del rey Darío cuando supo que Daniel debía ser echado en el foso de los leones. Daniel 6:14 dice: Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle.
El rey Darío debe haberse dado cuenta inmediatamente que había caído en una trampa diseñada por los enemigos de Daniel. Por eso intentó por todos los medios librarle, pero lamentablemente nada funcionó. Se gastó todo un día buscando la forma de librar a Daniel, pero todo esfuerzo fue infructuoso. Desde un punto de vista humano, el caso no tenía solución. En tercer lugar tenemos la insistencia de los enemigos de Daniel. Daniel 6:15 dice: Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado.
Como fieras salvajes acorralando a su presa, los enemigos de Daniel rodearon al rey y le presionaron mediante los dictámenes de las leyes de Media y de Persia, según los cuales ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser invalidado o abrogado. Darío estaba prisionero de su propio sistema. No había forma de librar a su fiel amigo Daniel. Cuidado amable oyente con hacer cosas sin pensar en las posibles implicaciones. Es muy posible que al igual que Darío, después nos veamos prisioneros de nuestras propias acciones. Cuando juntamente con mi familia estábamos preparando nuestro viaje a Argentina para estudiar en el Instituto Bíblico de Palabra de Vida, teníamos que vender el auto que teníamos. Faltaba como un mes para el viaje, pero de alguna manera la gente se enteró que íbamos a vender el auto y comenzaron a hacernos ofertas. Luego de rechazar varias ofertas, pusimos un precio más alto que el esperado para el auto, seguros que esto iba a desalentar a los compradores, pero no resultó así. Vino un hombre y nos trajo el dinero en efectivo porque necesitaba el auto inmediatamente. Tuvimos que vender el auto, en ese momento porque ya habíamos dado nuestra palabra. Como consecuencia tuvimos que pasar como un mes sin auto, pero aprendimos la gran lección de pensar bien antes de hacer algo por las implicaciones que podría haber. El rey Darío falló en esto y ahora estaba obligado a sentenciar a muerte a su fiel amigo Daniel. En cuarto lugar tenemos la ejecución de la sentencia contra Daniel. Daniel 6:16-18 dice: Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.
Dan 6:17 Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase.
Dan 6:18 Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño.
Con mucho pesar, el rey debe haber pedido que Daniel sea traído a su presencia. Debe haber sido muy difícil para el rey sentenciara a muerte a Daniel, pero no había otra opción. Al echarle en el foso de los leones, lo único que pudo decir el rey a su amigo fue: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Es un buen deseo, ciertamente. No sé si Darío dijo esto de corazón, porque sinceramente creía que Dios podía librar a Daniel, o lo dijo sin pensar en lo que estaba diciendo. En todo caso, una vez que Daniel entró al foso de los leones, se selló la entrada con una piedra y con el sello del rey, y el sello de todos sus príncipes, de modo que nadie pueda retirarla, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. Una vez hecho esto, el rey se retiró a sus aposentos con mucho dolor en su corazón. Se acostó sin comer y rechazó todo acompañamiento musical. Por más que intentó, no pudo conciliar el sueño. En nuestro próximo estudio bíblico veremos el desenlace de esta fascinante historia.