Cordiales saludos amable oyente. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. El tema de estudio es el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. Luego de la pausa musical estará con nosotros David Logacho para hablarnos sobre los eventos que acontecieron una vez que el Señor Jesús murió en la cruz en el Gólgota.

Es motivo de mucho gozo contar con su sintonía, amable oyente. En nuestro último estudio bíblico comenzamos a examinar los eventos que tuvieron lugar a raíz de la muerte del Señor Jesús. El primero de ellos tuvo que ver con el velo del templo en Jerusalén, el cual se rasgó de arriba abajo, dando a entender que Dios mismo había abierto el camino para que todo pecador pueda entrar a su misma presencia. Lo único que hace falta es que el pecador reciba al Señor Jesucristo como su único y personal Salvador. Hoy vamos a examinar los otros eventos. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 27 a partir del versículo 51. En su segunda parte dice: Y la tierra tembló. La naturaleza toda estaba en convulsión. El sol no estaba dando su resplandor y ahora la tierra estaba temblando. Era un mensaje sin palabras para expresar el dolor por la pasión y muerte de su Creador. Como resultado del terremoto, observe lo que sucedió. Leo en Mateo 27 del 51 a 53. La Biblia dice: y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
El terremoto debe haber sido tan violento que abrió grietas entre las rocas de los montes. Los judíos de aquella época tenían la costumbre de sepultar a sus muertos en cuevas cavadas en las rocas y sellar la entrada con pesadas piedras. Al partirse las rocas, quedaron expuestos los sepulcros. Mateo registra que muchos cuerpos de creyentes, o de santos, que habían muerto se levantaron y salieron de sus sepulcros. Después de la resurrección del Señor Jesús, estos santos resucitados vinieron a la santa ciudad, es decir a Jerusalén, y eso fue notorio a muchos. La Biblia no revela qué pasó con estos creyentes resucitados. Algunos piensan que murieron nuevamente y están esperando la resurrección previa al establecimiento del reino milenial. Otros piensan que estos creyentes resucitados fueron ascendidos al cielo cuando el Señor Jesús fue ascendido al cielo. En todo caso, la resurrección de creyentes que habían muerto es una muestra anticipada de los muchos que en el futuro también vencerán la muerte por la obra perfecta y completa del Señor Jesucristo en la cruz. Todo esto produjo diversas reacciones. Veamos cuál fue la reacción de un centurión romano. Mateo 27:54 dice: El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.
Un centurión romano es un oficial militar al mando de 50 o 100 hombres, según el tamaño de la legión de la que formara parte. Viendo todo lo que estaba pasando, es decir, la oscuridad a pleno medio día, el terremoto, las rocas que se partían, y el ambiente que reinaba, tanto el centurión romano como los soldados que estaban a su mando, temieron en gran manera. Sabían que no era normal lo que estaba pasando sino que estaba en acción un poder sobrenatural. La única explicación que podían encontrar era que el Señor Jesús verdaderamente es Hijo de Dios. Esta confesión hace pensar que estos hombres rudos y que hasta hace poco se burlaban y maltrataban al Señor Jesús, habían sido transformados radicalmente. Reconocer que el Señor Jesús, quien murió en la cruz, es realmente Hijo de Dios es algo que solamente los creyentes lo pueden hacer. En otro de los evangelios, en el evangelio de Lucas precisamente, se muestra que el Señor Jesús oró a su Padre celestial pidiendo perdón para los que le maltrataban, dentro de ellos estaba este centurión romano y sus soldados. El Padre celestial respondió el pedido y otorgó perdón de pecados al centurión romano y sus soldados, mediante el sacrificio del Señor Jesús en la cruz del Calvario. Pero ahora veamos cual fue la reacción de un grupo de mujeres que también estaban en el lugar. Mateo 27:55-56 dice: Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Estas mujeres, eran muchas y habían seguido al Señor Jesús desde la distante Galilea. Asombradas por lo que pasaba, estaban mirando a la cruz de lejos. ¿La razón? Seguramente la devoción, el respeto, la reverencia hacia su maestro, quien estaba padeciendo el más terrible de los sufrimientos. Entre las mujeres se podía distinguir a María Magdalena, de quien el Señor Jesús expulsó siete demonios. Estaba también María, la madre de Jacobo el menor y José. Estaba también la madre de Jacobo el mayor, y Juan, hijos de Zebedeo. Según Marcos 15:40, esta mujer se llamaba Salomé. Si uno mira el relato paralelo en el Evangelio de Juan, va a encontrar que en la escena del Gólgota también estaba María, la madre del Señor Jesús. El hecho que su nombre no aparezca en el grupo de la mujeres que miraban de lejos, hace pensar que María la madre del Señor Jesús no estaba con ellas sino más cerca de la cruz donde fue crucificado el Señor Jesús. Muy bien, de manera que, a la hora novena, tres de la tarde, del 14 del mes de Nisán, murió el Señor Jesús. A esa hora, se sacrificaba los corderos que se comía asados más tarde en la fiesta de la pascua. El Señor Jesús, como Cordero pascual, ofrendó su vida justamente a esa hora. Quedaban solamente tres horas para que termine el 14 de Nisán y comience el gran día de reposo, el 15 de Nisán, el primer día de los panes sin levadura. Era un día en el cual no se podía hacer ningún trabajo. No quedaba mucho tiempo para sepultar el cuerpo del Señor Jesús. Se lo tenía que hacer durante esas tres horas. Esto nos conduce a examinar la sepultura del Señor Jesús. Permítame leer el texto en Mateo 27:57-61. La Biblia dice: Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
Aquí entra en escena José originario de Arimatea. Arimatea era un pueblo a unos 30 kilómetros al nor-oeste de Jerusalén. José de Arimatea era un hombre rico. Según el relato en Marcos 15:43 y Lucas 23:50-51, era miembro del Sanedrín y no había estado de acuerdo con la decisión que tomó el Sanedrín al pedir que el Señor Jesús sea crucificado. Por lo que dice el Evangelio de Juan, Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, también vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Entre los dos, aprovechando su influencia, se presentaron ante Poncio Pilato y pidieron el cuerpo del Señor Jesús para sepultarlo. Poncio Pilato accedió al pedido y tomando el cuerpo del Señor Jesús lo envolvieron en una sábana limpia con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos, y lo colocaron en un sepulcro nuevo que José de Arimatea había hecho labrar en una peña, y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro se fueron. El tiempo no les permitía hacer sino lo que hicieron. Esto también fue el cumplimiento de una profecía. Note lo que dice Isaías 53:9. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
Según lo que se acostumbraba, el cuerpo del Señor Jesús debió haber sido sepultado en un lugar exclusivo para los que morían crucificados, para los impíos, pero no sucedió así. El cuerpo del Señor Jesús fue sepultado en la tumba de un hombre rico, donde se sepultaba a los ricos. Mientras José de Arimatea y Nicodemo trabajaban febrilmente para sepultar el cuerpo del Señor Jesús, María Magdalena y la otra María, la madre de Jacobo el menor y José, miraban con atención el lugar donde se sepultó el cuerpo de su amado Salvador. Pasado el gran día de reposo, o el primer día de los panes sin levadura y luego el día normal de reposo, estas dos mujeres retornaron a ese lugar para constatar que el Señor Jesús había resucitado. Así es amable oyente, nuestro glorioso Salvador ofrendó su vida para darnos la oportunidad de tener vida eterna. ¿Lo recibirá como su Salvador?

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