Hola amigo oyente, cuando el adversario está atacando la imagen bíblica de frente, debemos tener un entendimiento bíblico de cómo el Evangelio se relaciona con el divorcio y cómo el Evangelio se relaciona con la homosexualidad y así es como vamos a hacerlo en este tiempo, sin embargo, empezaremos con el Evangelio y la masculinidad.  

¿Sabes? es interesante que en algunas de las conversaciones que tuve con la gente, acerca del tema “el Evangelio y la masculinidad” para conocer que esperan y conocer la necesidad que existe de tener una perspectiva más bíblica al respecto, muchos mencionaron que sería de mucha ayuda conocer más del tema. Es por eso que estoy aquí hablando de ello, y le pido a Dios que lo que vas a escuchar pueda ayudarte así que hombres, si hay algún tipo de nerviosismo o ansiedad en sus vidas, quiero aliviarlos un poco desde el principio. 

En realidad, vamos a hacer algo un poco diferente hoy. Solemos sumergimos en un estudio bastante denso de la Palabra y debemos llenar nuestras mentes con la verdad de la Palabra, pero el peligro es que podamos quedar atrapados, llenando nuestra mente con todas estas verdades, y que eludamos el proceso que eso implica y no permitir que esas verdades llenen nuestras vidas y se apliquen realmente en nosotros. Por lo tanto, me gustaría compartir un poco más de un mensaje que viene del corazón.  

Ahora bien, eso no quiere decir que no habrá verdades bíblicas. De hecho, estoy por empezar a nombrar algunas de ellas; vamos a ver siete verdades y deseo que puedas recordarlas, pero lo que quiero hacer es algo muy diferente a la luz de un Salmo muy especial para mí. Este Salmo en particular, solo lo he mencionado una vez y fue hace cuatro años en el funeral de mi padre. Y lo que me gustaría hacer es tomar este Salmo y su riqueza y traer algunas experiencias que he tenido con mi padre para ayudarnos a comprender el Evangelio y la masculinidad.  

Mi propósito hoy es realmente triple: número uno, quiero ser obediente a Efesios capítulo 6, versículo 1 y 2, que dice: «Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa» y quiero honrar a mi padre antes que a ti. En programas anteriores hablamos de la importancia de honrar a nuestros padres y es justamente eso lo que quiero hacer, quiero honrar a mi padre. 

En segundo lugar, junto con eso, quiero honrarlo de tal manera que los hombres, esposos y padres sean alentados y desafiados a vivir vidas que sean dignas de tal honor de parte de sus hijos, sus esposas y de las personas que te rodean. Espero que esta imagen del Salmo 128, y algunas de las cosas que voy a compartir sobre mi padre, te alienten como hombre, como esposo y como padre para glorificar a Cristo y, este es el objetivo final, tercero, nuestro Padre celestial obtendrá una gran gloria en el honor que doy a mi padre aquí en la tierra y en la manera en que nos animamos y desafiamos unos a otros con este texto. Nuestro Padre celestial tiene gran gloria en los hombres, esposos y padres que se levantan y están siendo utilizados por Él para cumplir la Gran Comisión.  

Entonces eso es lo que vamos a hacer, vamos a sumergirnos en el Salmo 128 y quiero compartir algunas experiencias que viví con mi padre en el proceso. Así que empecemos, Salmo 128 verso 1 dice: «Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, Que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre Que teme a Jehová.  Bendígate Jehová desde Sion, Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida, Y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel» (Salmo 128: 1-6).  

Tuve que reírme anoche cuando Heather (mi esposa) y yo llegamos a la ciudad. Habíamos viajado durante 10 horas con nuestros dos niños preciosos, pero bastante malhumorados y estábamos tratando de adaptarnos, tratando de desempacar todo, y después de hacerlo, me senté, estaba mirando el Salmo 128 y fue casi humorístico. Fue entonces cuando me di cuenta de que el autor del Salmo 128 muy probablemente no tenía un niño de dos años y otro de seis meses. 

No es que el autor de este Salmo no dijera estas cosas, pero podría no decirlas del mismo modo. Creo que, si reescribiera el Salmo 128, no estoy asumiendo de ninguna manera la autoridad para reescribir las Escrituras, pero si estuviera en mis manos escribir el Salmo 128, lo habría cambiado un poco. Puede sonar un poco más como esto, y tú puedes escuchar solo un par de pequeños cambios. Yo comenzaría diciendo: «Bienaventurados todos los que temen al Señor, que andan en sus caminos», y aquí es donde comenzaría a cambiar un poco. «Comerás la comida que puedas recoger lo más rápido posible de un restaurante para llevarte pues, de lo contrario, las náuseas y la acidez estomacal serán tuyas. Tu esposa será como una vid cansada y estresada corriendo por la casa. Tus hijos serán como brotes de olivo alrededor de tu mesa, con toda la comida que tu hijo mayor hace volar de su mano al otro lado de la mesa y la comida de tu hijo más pequeño mientras estornuda patatas de su nariz y boca directamente en tu cara mientras tu boca está abierta. Bendecido el hombre que teme al Señor”. Así es como lo reescribiría si dependiera de mí.  

Con toda seriedad, la imagen aquí en el Salmo 128 es como una especie de viaje familiar. Es parte de una serie de Salmos que se llaman Salmos de Ascensión, que son Salmos que se cantaban o recitaban cuando las personas viajaban a Jerusalén. Viajaban a Jerusalén para adorar allí, y hablaremos de eso más adelante, por ahora solo te diré que ellos recitaban o cantaban estos Salmos. Así que, el Salmo 127 y 128 realmente van de la mano. El Salmo 127 sienta las bases de Dios en el hogar y en el Salmo 128 realmente es una de las imágenes más claras y simples del deseo de Dios para el hogar.  

Ahora, hay algo que quiero contarte, hace cinco años, recibí un correo electrónico de mi padre. Heather y yo le habíamos dado un regalo para el Día del Padre y le expresamos nuestro agradecimiento y él envió un breve correo electrónico, pero lo que es realmente interesante es que este correo es casi perfectamente paralelo a la imagen aquí en el Salmo 128. Esto es lo que mi padre me escribió: «David, la mejor parte de ser padre es que tengo la mejor esposa y madre de mis hijos. Ustedes, los niños, nos han hecho a mamá y a mí tan orgullosos como cualquier padre. Si no lo has notado, su amor por nosotros nos ha mantenido totalmente involucrados en sus vidas. Lamentamos si a veces nos hemos excedido, pero su amor es tan contagioso. No puedo pensar en otra familia por la que los cambiaría. Dios ha sido tan bueno con nuestra familia» y terminó su correo, ¿lo ves? eso es el Salmo 128 en pocas palabras.  

Así que, lo que me gustaría hacer es tomar siete verdades que mi padre me encomendó, las cuales están todas ancladas aquí en el Salmo 128, y me gustaría tomarme un momento para transmitírselos, así que empecemos. 

Verdad número uno: el favor de Dios se encuentra en el temor de Dios. Creo que lo más apropiado para mí, sería comenzar presentándote a mi padre, Tom Platt, mi padre, originario de Nueva Jersey, Florida, ingresó a la Universidad Estatal de Florida donde obtuvo una maestría en negocios y conoció a mi madre, luego se mudaron a Atlanta, donde comenzaron su vida de recién casados. Comenzó a trabajar como auditor en el gobierno federal y se destacó en su trabajo. Pero lo más importante no fue el trabajo de mi padre, él nació de nuevo a una edad muy joven. Uno de los tesoros que tenemos es una pequeña tarjeta con fotos de un servicio de adoración en la Iglesia en Clearwater, Florida, y tenía esta foto como parte de la adoración cuando era adolescente.  

Mi papá caminó con Dios y él adoró a Dios. De hecho, si lo vieses adorar a Dios, sabrías quien es; a mi padre le encantaba cantar en voz alta, a veces desagradablemente fuerte. Recuerdo que cuando me paraba junto a él, todos nos miraban. ¿Por qué cantaba tan fuerte? Era vergonzoso. Con los años entendí que mi padre fijaba los ojos únicamente en Dios, él solo adoraba a Dios.  

Ya sea que estuvieras o no cantando fuerte, si eras de la familia Platt, definitivamente adorarías a Dios sin falta, es donde estábamos. La imagen que tengo es de un papá adorador de Dios y es tan clave. Sabemos esto como padres. Hemos visto esto como esposos y esposas. Como padres, como esposos y esposas, reflejamos el carácter de Dios y el cargo que Dios nos confía. Y quiero que pienses conmigo sobre cómo el amor de un padre y el liderazgo paternal de tus hijos tiene un efecto radical en el culto de los niños a su padre celestial.  

Quiero que me sigas aquí. Tenía un claro nivel de miedo por mi padre. El castigo corporal no era una práctica común en nuestra casa, pero cuando se practicaba, era memorable. Hubo esos momentos y muchos, muchos años después, miramos hacia atrás y nos reímos; no en ese momento, pero miras hacia atrás y te ríes de esos momentos en particular. Pero cuando mi padre me corregía había una clara sensación de miedo. No fue porque mi padre alguna vez me haya sancionado de forma inapropiada, pero no hay duda de que sabía que mi padre hablaba en serio sobre la obediencia. Ahora, obviamente, al crecer en la escuela secundaria y eventualmente en la universidad, la imagen del castigo corporal se desvaneció, pero el miedo no lo hizo. En cambio, el miedo a papá se hizo más profundo. Ya no era un miedo superficial a recibir una paliza. Ahora era miedo a desobedecer, disgustar, deshonrar a mi padre de cualquier manera. Hacer cualquier cosa que ofendería a mi padre, ese era el miedo.  

Ahora, quiero que pienses ¿cómo eso se traduce en nuestra adoración a Dios?, particularmente en el contexto de este verso: «Bienaventurados todos los que temen al Señor». ¿Quién teme al Señor? ¿Crees que eso significa que temblamos ante Dios temerosos de su castigo? En cierto sentido, eso es exactamente lo que esto significa. La Escritura nos da muchas razones para temblar ante el castigo de Dios aparte de Cristo. Aquí es donde cualquier persona debe comenzar una relación con Dios. El temblor ante Él dándose cuenta de la profundidad de nuestra pecaminosidad ante un Dios santo y dándonos el castigo que merecemos. Este es el punto de partida de una relación con Dios. Afortunadamente, ese miedo nos conduce a la cruz; encontramos que es en la cruz que Cristo ha satisfecho el castigo de Dios, Cristo satisfizo la ira de Dios en la cruz. Eso no significa que el miedo ahora desaparece. Este miedo se hace más profundo, pero ahora es un miedo a deshonrar, disgustar, desobedecer a nuestro Dios haciendo cualquier cosa que lo ofendería. Este es el tipo de cuadro que el hombre de Dios describe en el Salmo 128. Y ese es el cuadro del que hablaremos en nuestro siguiente programa. Así que te invito a que nos acompañes a una emisión más de “La Biblia Dice Presenta” por esta tu emisora preferida. Que Dios te bendiga. 

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