Cordiales saludos amable oyente. Es un gozo darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando acerca de lo que dice la Biblia en cuanto al dinero y las posesiones, dentro de la serie titulada: Dinero y Posesiones a la luz de lo eterno. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de una manifestación del materialismo en la iglesia de la actualidad. Me refiero al Evangelio de la prosperidad.

Qué bendición es estar junto a cada uno de ustedes, amiga, amigo oyente. El materialismo ha estado presente tanto en el pasado de la iglesia como en el presente de la iglesia y ciertamente también estará presente en el futuro de la iglesia, hasta que el Señor Jesucristo venga a las nubes a llevar a llevarla para estar para siempre con él. Una de las manifestaciones más obvias del materialismo en la iglesia es lo que se conoce como el Evangelio de la prosperidad. El Evangelio de la prosperidad es aquel mensaje tan en boga hoy en día, según el cual, con tan sólo tener fe, los creyentes van a ser siempre ricos, siempre sanos y siempre felices. Si un creyente es pobre o se enferma o está en aflicción, debe estar en pecado, pudiendo ese pecado justamente ser la falta de fe. Todo es cuestión de fe. Por eso al Evangelio de la prosperidad se le conoce también como el Movimiento de la Fe. La Fe es lo que manda. La fe es tan poderosa que inclusive obliga a Dios a hacer lo que el hombre quiera. Para el Evangelio de la prosperidad, el Padrenuestro ya no debe decir que la voluntad de Dios se haga en la tierra, como dice la Biblia, sino que la voluntad del hombre se haga en el cielo. El Evangelio de la prosperidad se sustenta en textos de aquí y de allá en la Biblia, tomados fuera de contexto, especialmente del Antiguo Testamento. Es en el Antiguo Testamento donde Dios promete prosperidad material a su pueblo si es que obedecía su palabra y promete todo lo contrario si desobedece su palabra. Esto es en esencia lo que comprende el pacto palestino en Deuteronomio 28:14-68. Pero el mismo Antiguo Testamento hace notar que existen excepciones a esta regla, es decir que un impío sea materialmente próspero. Note lo que por ejemplo dice Salmo 73:2-3 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos.
Se ve entonces que existen excepciones a la regla. Si la prosperidad material fuera señal absoluta de la aprobación de Dios y la falta de prosperidad material fuera señal absoluta de la desaprobación de Dios entonces personajes como el Señor Jesús o el apóstol Pablo estarían en la lista negra y los capos de la mafia estarían en la lista de honor. Dios es soberano y él usa la falta de prosperidad, la enfermedad y la aflicción para cumplir con sus propósitos soberanos. No se puede afirmar que la falta de prosperidad material es señal de falta de aprobación de Dios. El Señor Jesucristo es el mejor exponente de este hecho. Observe lo que él mismo dijo de sí mismo. Se encuentra en Mateo 8:20. La Biblia dice: Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
Juzgando por la falta de prosperidad material del Señor Jesús, se llegaría a la conclusión que no fue aprobado por Dios. Pero note lo que testificó Dios acerca del Señor Jesús. Se encuentra en Mateo 3:17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
La prosperidad material no siempre denota aprobación de Dios. Más aún, el Nuevo Testamento no sólo da evidencia de que los justos pueden experimentar aflicción, sino que afirma que los justos sufrirán aflicción a causa de ser justos. 2 Timoteo 3:12 dice: Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;
Los miles de mártires que derramaron sangre en la arena del coliseo romano son fieles exponentes de este hecho. ¿Fueron hombres impíos? Ciertamente no. Entonces ¿cómo alguien puede osar afirmar que los creyentes deben ser siempre prósperos, siempre sanos y siempre felices? Si encajamos tan bien en el mundo, es porque nos hemos amoldado a las normas del mundo, no a las normas de Cristo. El Evangelio de la prosperidad exhorta a los creyentes a vivir como hijos del Rey, pero el Hijo del Rey con mayúscula, es el Señor Jesucristo, y él jamás se rodeó de prosperidad material. ¿Qué tipo de hijo del Rey era el Señor Jesús, que nació en un pesebre, que creció en la nada importante ciudad de Nazaret, que era parte de una familia piadosa, pero tan pobre que cuando nació el niño Jesús y llegó el momento del rito de la purificación, ofreció en sacrificio un par de tórtolas porque no tenía recursos para adquirir un cordero, que durante su ministerio público, su hogar fue los polvorientos caminos, sus amigos, humildes pescadores, que murió como muere un criminal, que fue sepultado en una tumba prestada. El Evangelio de la prosperidad nos propone la gloria antes de la humillación, la corona antes de la cruz, pero la Biblia dice que primero es la humillación y después la gloria, primero es la cruz, después la corona. El Rey no prometió a sus hijos el esplendor que el Evangelio de la prosperidad promete. Note lo que prometió el Rey a sus hijos mientras están en este mundo. Juan 16:33 dice: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
El Evangelio de la prosperidad jamás incluiría algo como esto en su mensaje. Pero dejemos atrás al maravilloso Señor Jesucristo y enfoquemos nuestra atención en el apóstol Pablo. En su carta a los Filipenses, la cual fue escrita no desde un hotel de cinco estrellas en Roma, sino desde la celda de una prisión en Roma, Pablo dijo lo que tenemos en Filipenses 1:29. Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,
Padecer por la causa de Cristo es un elemento que no tiene lugar en el Evangelio de la prosperidad. Pablo padeció por la causa de Cristo. Observe lo que nos cuenta en 2 Corintios 11:23-29. La Biblia dice: ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?
¿Es esto lo que proclama el Evangelio de la prosperidad? ¿Verdad que no? Mas bien parece el Evangelio de la adversidad. ¿Alguna vez se habrá imaginado el apóstol Pablo que en lo futuro se levantarían voces que en coro le digan: Pablo, no tienes que vivir de esa manera, ten fe en Dios y verás como puedes vivir como un hijo del Rey. Por otro lado, Pablo no siempre gozó de buena salud como promete el Evangelio de la prosperidad. Este es su testimonio. 2 Corintios 12;7-10 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Pablo sabía que Dios tenía un propósito definido para su enfermedad. Era para que la grandeza de las revelaciones no le haga sentirse orgulloso. Mas aún, Dios tuvo un propósito para no sanarle de esa enfermedad. El propósito fue que Pablo aprenda por experiencia propia que la gracia de Dios es suficiente para sostenerlo en medio del sufrimiento. Pablo se sometió a lo que Dios quería para él. Jamás pidió a alguien que le declare sano, jamás se declaró él mismo sano. Pidió ser sanado, pero cuando Dios no lo sanó, simplemente dijo: De buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Uno de los postulados del Evangelio de la prosperidad es que Dios devuelve todo lo que se le da multiplicado por cien. Ciertamene que la palabra de Dios habla de que el que siembra mucho recoge mucho y el que siembra poco recoge poco. Pero de aquí a que Dios devuelve todo lo que se le da multiplicado por cien, como sostiene el Evangelio de la prosperidad, existe una distancia abismal. Note lo que dice Marcos 10:29-30 dice: Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
Lo que Cristo está diciendo es que los que le sigan al punto de abandonar lo que es de ellos, llegan a ser parte de la gran familia de la fe, donde las relaciones son profundas y las posesiones se comparten con liberalidad. Lo que el Evangelio de la prosperidad calla, es el hecho que este pasaje bíblico habla también de recibir persecuciones, algo ajeno al plan del Evangelio de la prosperidad.