Mi mamá me crió en los caminos del Señor desde que nací, pero ahora me encuentro alejada del Señor y con muchos problemas emocionales, sobre todo a raíz que mi enamorado se fue a estudiar en otro país. Por ahora estoy pidiendo a Dios que me de fuerzas. Necesito su consejo.

En primer lugar me gustaría preguntarle de frente si Ud. es o no creyente. Probablemente Ud. me dirá: Bueno, mi mamá me crió en los caminos del Señor desde que nací. Pues eso está bien y felicito a su mamá por ello, pero mi pregunta no es si Ud. fue o no criada en los caminos del Señor, sino si Ud. es o no creyente.

Le pregunto esto porque conozco cantidad de casos en los cuales personas han nacido en hogares de padres creyentes y han sido criados en el temor de Dios, pero que no son creyentes porque jamás han recibido a Cristo como Salvador.

Ese fue justamente mi caso hasta que tuve catorce años. Una persona no es creyente porque sus padres son creyentes o porque es criado en los caminos del Señor. La Biblia dice en Juan 3:36, que el que cree en el Hijo tiene vida eterna, y Juan 1:12 dice: “mas a todos los que le recibieron a los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”

Es decir que para ser creyente no es cuestión de nacer en un hogar cristiano o ser criado en los caminos del Señor. Es cuestión de recibir por la fe a Jesucristo como Salvador personal. ¿Lo ha recibido Ud.? Si lo ha hecho, Amén, entonces Ud. es creyente por lo que dice la palabra de Dios, pero si no lo ha hecho, Ud. no es creyente aunque haya nacido en un hogar cristiano y aunque su mamá le haya criado en los caminos del Señor.

Muy bien, yo voy a asumir que Ud. es creyente. Lo que ha pasado entonces es que Ud. se ha alejado del Señor. Lamentablemente esto es común a muchos creyentes. Un creyente alejado del Señor es como un carbón que se ha alejado de la brasa. Al alejarse de la brasa muy pronto se enfría. Me imagino que su deseo es entonces volver a la brasa para experimentar el calor de la comunión con Dios y con otros hermanos.

Para volver al Señor, es necesario que Ud. se arrepienta. Arrepentirme ¿de qué? me preguntará. Bueno, tiene que haber algo en su vida que le hizo alejar de la comunión con el Señor. Yo no sé que puede ser en su caso, pero he visto vidas de creyentes que se alejan del Señor porque toleraron algún pecado en su vida, o porque dejaron de congregarse con otros hermanos en la iglesia, o porque abandonaron el buen hábito de tener su tiempo devocional diario, o porque dejaron de orar, o porque se fijaron en el hombre y no en Dios y cuando el hombre cayó, ellos se alejaron del Señor, etc., etc.

Tiene que haber una razón para su alejamiento del Señor. Nadie se aleja del Señor sin motivo alguno. Ud. me habla de que ha estado enamorada de alguien y esa persona se ha ido a otro país y eso le ha arrojado a un profundo pozo de depresión emocional.

Permítame preguntarle algo: ¿Es su enamorado creyente? Si lo es, gracias a Dios, pero si no lo es, Ud. ha estado en pecado amiga oyente, porque la Biblia declara que la voluntad de Dios es que los creyentes se enamoren y se casen con otros creyentes no con incrédulos.

Si Ud. siendo creyente pasó por alto este mandato de la palabra del Señor, a lo mejor eso ha sido lo que le ha alejado del Señor. Es decir amiga oyente, identifique la causa o las causas que le hicieron alejar del Señor. Una vez hecho eso, arrepiéntase y apártese de cualquier cosa que le hizo alejar del Señor.

Todo esto me hace pensar mucho en la parábola del hijo pródigo. ¿Recuerda la historia? El hijo disfrutaba de la comunión con su padre en la casa paterna. No le faltaba nada ni materialmente ni emocionalmente, ni espiritualmente. Pero así es el ser humano. A pesar de estar de lo mejor en la casa del padre, quiere experimentar un poco con la deslumbrante basura de las cosas fuera de la casa paterna. Por eso el hijo pródigo dijo a su papá: Dame la parte de los bienes que me corresponde. Cuando recibió esos bienes, se alejó de su padre y se fue lejos a una provincia apartada. Ud. también ha hecho algo parecido amiga oyente. Dios le ha colmado de bienes espirituales, y Ud., en lugar de permanecer en la comunión con el padre, se ha ido lejos a la provincia apartada. Una vez en la provincia apartada, el hijo pródigo desperdició todos sus vienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.

Algo parecido ha pasado con Ud. amiga oyente. Claro, Ud. pensaba que lejos del Señor todo iba a ir bien, pero he aquí, ahora Ud. se encuentra despojada de sus bienes espirituales y emocionales, por eso está desanimada, sufrida, angustiada y todo lo demás. En desesperación el hijo pródigo fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella provincia apartada el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. En esas condiciones deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Vivía en hambre permanente.

Algo similar ha pasado con Ud. A lo mejor se ha aferrado a algunas cosas de este mundo, no necesariamente malas, pensando que a lo mejor en esas cosas encontraría la paz y el gozo que tanto necesita, pero nada ha traído paz y gozo a su vida. Ud. está en permanente hambre espiritual. Pero ¿sabe lo que hizo el hijo pródigo? Dice la Biblia que volviendo en sí, dijo: Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre. Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de se llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

Esto es arrepentimiento amiga oyente. Ud. también necesita arrepentirse. Pero note que el arrepentimiento debe estar seguido de la acción. Luego que se arrepintió el hijo pródigo regresó a la casa de su padre. Ud. también necesita regresar a la casa de su padre. Confiese a Dios su pecado y apártese de su pecado. El padre del hijo pródigo lo recibió con los brazos abiertos y hasta hizo fiesta por el retorno de su hijo. Lo mismo hará Dios con Ud. No tema ir a Dios, no importa cuán lejos esté de él. Esto será el comienzo de su restauración y en algún momento será cosa del pasado ese vacío que por ahora existe en su corazón.