Saludos cordiales amigo oyente. Es un gozo saber que Ud. nos está escuchando. La lógica de Dios casi siempre es opuesta a la lógica del hombre. Dios dice por ejemplo, que para ganar la vida es necesario perderla, pero al hombre le parece una locura, porque el hombre piensa que para ganar la vida es necesario sacar el mayor provecho de ella, alcanzar las metas más altas, acumular la mayor riqueza posible. En el estudio bíblico de hoy el hermano David Logacho nos llevará a otro pensamiento de Dios que al hombre le parece una locura. Es necesario perder todo para ganar todo.

Perder todo para ganar todo. Ciertamente parece una locura, pero para Dios no es locura.

El apóstol Pablo lo puso en práctica y esto explica el gozo que él experimentó aun cuando se encontraba en situaciones extremadamente difíciles.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en la epístola de Pablo a los Filipenses, capitulo 3 versículos 4 a 9. En este pasaje tenemos el digno pasado de Pablo y el deslumbrante presente de Pablo.

Veamos como Pablo perdió todo su digno pasado para alcanzar todo un deslumbrante presente. Recuerde que Pablo estuvo confrontando a los falsos maestros que enseñaban que la salvación es por la fe en Cristo más la circuncisión.

Los falsos maestros cayeron en el error de tener confianza en la carne, aun cuando la carne no es digna de ninguna confianza para alcanzar la salvación. Si la carne fuera digna de confianza, quien debería jactarse de la carne debería ser Pablo, y por esto es que él nos habla de su digno pasado.

Veamos de qué se trata. Filipenses 3:4-6 dice: «Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible»

Este es el digno pasado de Pablo. Notamos ocho características.

Primero, Pablo tenía más derecho de confiar en la carne que todos los demás. Sus antecedentes y sus logros en el judaísmo se lo permitían. Un político en cierto país se jacta de tener estirpe y trayectoria para ser considerado como el mejor político de ese país. Bueno, Pablo tenia estirpe y trayectoria en el judaísmo para ser considerado como el mejor judío de su época.

Segundo, Pablo fue circuncidado al octavo día de nacido. Pablo fue un judío de nacimiento, no un ismaelita o un convertido al judaísmo.

Tercero, Pablo fue del linaje de Israel, esto significa miembro del pueblo escogido de Dios, un gran privilegio, sin duda.

Cuarto, Pablo fue de la tribu de Benjamín. Esta tribu era considerada la tribu aristocrática dentro del judaísmo. De esta tribu se levantó el primer rey de Israel.

Quinto, Pablo fue hebreo de hebreos, esto significa que Pablo pertenecía a un reducido segmento del judaísmo que todavía mantenía las costumbres y el idioma de sus antepasados. Muchos judíos a estas alturas de su existencia como nación, se habían alejado considerablemente de lo original. Pablo en cambio no.

Sexto, Pablo fue fariseo en cuanto a la ley. Los fariseos eran considerados la crema y nata dentro del judaísmo. Ellos mantenían un judaísmo ortodoxo, mientras que otros judíos, como los saduceos por ejemplo, se habían apartado de la ley y entre otras cosas negaban la doctrina de la resurrección.

Séptimo, Pablo fue un celoso perseguidor de la iglesia. En su sinceridad. Pablo pensaba que estaba sirviendo a Dios al perseguir a los redimidos de Dios en Cristo, Pablo veía en ellos una amenaza para el judaísmo y no escatimó esfuerzo alguno para tomar prisioneros a los judíos que se habían unido al cristianismo para que sean juzgados y condenados en Jerusalén. Esto hablaba bien de su celo por el judaísmo, aunque como todos sabemos era algo contrario a la voluntad de Dios.

Octavo, Pablo era irreprensible en cuanto a la justicia que es en la ley. Irreprensible significa que no puede ser llamado a rendir cuentas, porque no tiene nada de que ser acusado. Esto por supuesto no significa que Pablo nunca había pecado, porque él mismo dijo en Romanos 7:9-10: “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mi me resultó para muerte»

Irreprensible significa que cuando Pablo violó alguna parte de la ley, fue cuidadoso en presentar los sacrificios establecidos por la misma ley para los transgresores.

En esencia podríamos decir que Pablo observó la ley hasta lo más mínimo. Muy bien, tenemos entonces que Pablo tuvo un digno pasado, sí las obras de la carne sirvieran para llegar a Dios, Pablo sería el candidato ideal para ser justificado por las obras, pero recuerde que él dijo que no tenía ninguna confianza en la carne, acorde con eso, veamos qué es lo que hace con su digno pasado.

Consideremos por tanto el deslumbrante presente de Pablo. Filipenses 3:7-9 dice: «Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mí propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe»

Bueno, aquí tenemos a Pablo perdiendo todo para ganar todo. Pablo dice: Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida. Después dice: Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida. También dice: lo he perdido todo y lo tengo por basura.

Esta es la actitud de Pablo hacía todo lo que él había conseguido por sí mismo. Todo lo que para él algún día significó tanto, está siendo puesto en el altar del sacrificio, para ser quemado, porque las obras de la carne no son dignas de confianza como medios para llegar a Dios. Pablo había encontrado que a Dios no se llega por las obras de la carne sino por medio del único camino. Cristo Jesús y por eso está abandonando todo aquello que algún día pensó era algo digno.

Por eso dice, he perdido todo porque he encontrado algo infinitamente superior. Lo que Pablo encontró fue, primero el amor de Cristo. Pensar que Cristo, siendo el Hijo de Dios nos ama tanto, que se entrego a sí mismo por nosotros es algo que nos debe motivar a dejar todos nuestros logros personales a un lado para depender totalmente de él para nuestra salvación.

En segundo lugar. Pablo encontró la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, su Señor. Pablo consideraba a Cristo Jesús como su Señor, como su Jehová como su Amo, como su Dios. Conocer a una persona así, en el sentido de tener una relación estrecha y significativa con él es lo más importante, lo prioritario. Pablo abandonó toda su confianza en las obras de la carne cuando tuvo frente a si la oportunidad de conocer a Cristo Jesús, su Señor.

En tercer lugar. Pablo perdió todo lo que había ganado en su carne por ganar a Cristo. Esto encierra todo lo anterior. El asunto era escoger entre Cristo y las obras de su propia carne. Pablo dejo a un lado las obras de la carne y se quedó con Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Los mejores logros del hombre son como basura cuando se los compara con la persona de Cristo.

En cuarto lugar, Pablo perdió todo para hallar la justicia que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe. Las obras de la carne no pueden darnos la justicia que es de Dios por la fe, pero Cristo Jesús, si nos da la justicia que es de Dios por la fe, porque todo lo que es Cristo somos los que lo hemos recibido por fe. El es justo, por tanto nosotros también somos considerados justos por Dios. Las obras de la carne, por más buenas que sean no pueden lograr esto. Es sin duda algo grandioso lo que ganó Pablo.

Pablo perdió todo para ganar todo. Ganó el amor de Cristo, ganó la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, ganó a Cristo y gano la justicia que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe. Valía la pena perder todo para ganar tanto.

Uno de los cinco misioneros que murió en las playas del Curaray atravesado por las lanzas de los aucas, Jim Elliot escribió en su diario estas palabras: No es un necio aquel que da lo que no puede guardar para ganar lo que no se puede perder.

Esto es en esencia lo que Pablo nos ha comunicado. Deje a un lado amigo oyente cualquier cosa en lo cual esté confiando para su salvación, no importa si son sus logros, personales o su religión, téngalo por basura como Pablo y venga a Cristo hoy mismo, recíbalo por la fe y como Pablo obtendrá mucho más de lo que Ud. jamás ha imaginado.

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