Cordiales saludos amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy en la epístola de Pablo a los Filipenses. A manera de introducción, permítanos señalar que todos nosotros tenemos una innata pasión por la rivalidad. Es parte de nuestra humana naturaleza. Nos gustaría tener la mejor casa, la mejor ropa, la mejor educación, el mejor trabajo, la mejor iglesia, los mejores amigos y quién sabe qué más. Ahora, en sí mismo, esta actitud no es necesariamente mala, porque cuando está bien canalizada puede transformarse en un motor que nos impulsa a lograr metas más elevadas, pero el problema radica en el hecho que a veces no cuidamos los medios con tal de lograr lo mejor. Fíjese en este ejemplo. Un joven que tiene como meta sacar las mejores calificaciones de su clase. Es una meta loable, pero que tal si para ello, este joven copia cada uno de sus exámenes. Probablemente logrará su meta de sacar las mejores calificaciones, pero el medio que utilizó para ello es totalmente cuestionable y repudiable. Cuando se pretende ser lo mejor, sin importar de qué manera, es cuando se ha entrado en terreno peligroso, porque pisotea a los demás para lograr sus fines. Un hombre con quien hablaba de esto mismo, hombre impío por supuesto, alardeando su supuesta habilidad de vivir a costilla de los demás me decía: David, el mundo es de los vivos, el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo. Esta es la manera cómo piensa el mundo. Busca aprovecharse de los demás. Desafortunadamente, esta misma manera de pensar se ha introducido en la iglesia en no pocas ocasiones, y ha causado todo una serie de funestas consecuencias. En la iglesia de Filipos había entrado esta rivalidad y eso estaba evitando que Pablo experimentara un gozo completo. Por eso les dijo, completad mi gozo sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. En el estudio bíblico de hoy, vamos a ver cómo podemos erradicar la rivalidad de nuestra relación con los demás.

Abra por favor su Biblia en Filipenses 2:3-4.

En este corto pasaje bíblico encontramos una orden.

Para nuestro estudio bíblico, consideraremos primeramente la orden emitida y en segundo lugar, la orden explicada.

En cuanto a la orden emitida dice así la primera parte de Filipenses 2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria”

Como Ud. podrá notar se trata de una orden, porque el verbo está en modo imperativo. Es decir que no se trata de una sugerencia del apóstol. Pablo no está diciendo: hermanos, por favor, les ruego que si les parece, dejen de hacer las cosas por contienda o por vanagloria, Pablo no está dando opciones. Está ordenando.

La orden tiene que ver con no hacer nada por contienda o por vanagloria. Hacer cosas por contienda significa hacer cosas con motivos divisionistas o partidistas. Los políticos son expertos en hacer las cosas con motivos divisionistas o partidistas, buscando el bien del partido, convencidos de la premisa del: divide y vencerás. Pero la política no debería tener lugar en la obra del Señor. Dejemos la política, para los politiqueros no para la Obra del Señor.

En la Iglesia de Filipos había, entrado la política. Algunos, creyentes estaban haciendo cosas por contienda con el ánimo de causar divisiones, buscando el bien de su propio grupo. Qué triste que acciones tan loables como predicar, enseñar, orar, ofrendar, servir, pueden ser hechas con motivos impuros. No para agradar al Señor, sino para, causar división.

Una vez un hermano vino a mi oficina y me dijo que ya no iba a asistir nunca más a la iglesia donde se estaba congregando. Le pregunté la razón para esa decisión tan abrupta. Me dijo, mi re hermano, en la iglesia hay problemas, un grupo de hermanos apoya al pastor y otro grupo de hermanos está en contra del pastor, pero el pastor toma el pulpito para desde allí, domingo a domingo atacar y herir a los que no están de acuerdo con su manera personal, de conducir a la iglesia.

Yo no sé si este hermano tenía o no la razón, pero suponiendo que fuera así, sería un ejemplo de hacer algo por contienda. Este pastor estaría predicando, no para edificar a los hermanos, y así agradar a Cristo sino por contienda, para ganar adeptos para su partido.

Hacer cosas por vanagloria, significa hacer cosas motivados por un deseo de parecer mejores que lo que en realidad somos. Hacer cosas por jactancia, para que los demás vean cuan espirituales somos, cuan maduros, cuan generosos, cuan sacrificados. Todo esto es vanagloria y desafortunadamente mucho de lo que se hace en las iglesias no proviene de un sincero deseo de exaltar a Cristo Jesús y anunciar su palabra, sino de ganar la admiración de los demás. Que Dios nos ayude a todos a evitar hacer cosas por vanagloria.

Muy bien, una vez que hemos considerado la orden emitida, prosigamos considerando la orden explicada. Quizá Ud. ve en su propia vida que ha estado haciendo cosas por contienda o por vanagloria y desea cambiar esta situación. ¿Qué debería hacer? Pablo nos da tres pasos para lograrlo.

Primero, revestirnos de humildad. La segunda parte de Filipenses 2:3 dice: “antes bien con humildad”

Humildad es esa cualidad de carácter que cuando pensamos que la teníamos fue justamente cuando la perdimos. Verdaderamente es difícil ser humilde. La persona, humilde no es la que piensa mal de sí misma. La persona humilde es la que se conoce a sí misma y se acepta tal como es, Romanos 12:3 dice: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga, mas alto concepto de si que el que debe tener, sino que; piense de si con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a. cada uno”

La persona humilde es la que conociéndose a sí mismo se rinde totalmente al servicio de Cristo y de sus semejantes. La idea detrás de humildad no es dejar que la gente haga lo que quiera con uno, la idea detrás de humildad es: Todo lo que soy y todo lo que tengo te lo entrego a ti, Señor, para servicio tuyo y de aquellos por quienes tú moriste.

Cuando Ud. tenga esta manera de pensar sobre Ud. mismo, habrá dado el primer paso para evitar la rivalidad, para dejar de hacer cosas por contienda, o por vanagloria.

El segundo paso es replantear nuestro concepto de los demás. Esto es en realidad una consecuencia lógica de habernos revestido de humildad. Al final de Filipenses 2:3 leemos: “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”

Mucho de la rivalidad se origina en un sentimiento de superioridad de nosotros mismos sobre los demás. Nos creemos las estrellas en el equipo de Dios, pensamos que somos imprescindibles en la obra de Dios. Con estos aires de grandeza, pensamos que tenemos el derecho de abusar de los demás, de aprovecharnos de ellos, de utilizarlos como objetos para lograr nuestros fines. Esto conduce a las contiendas, a las luchas por el poder, a la política dentro de la iglesia.

¿Cómo evitarlo? Pablo dice: estime a los demás como superiores a Ud. Es cuestión de actitud. Puede ser que Ud. sea superior a la gente que le rodea, pero eso no le da derecho a pisotear a los demás, Ud. debe considerar a los demás como si fueran superiores a Ud. y con esa mentalidad podrá servirles sin ningún impedimento. No piense que todos tienen el deber de servirle. Piense que Ud. tiene el deber de servir a todos.

¿Cómo evitar la rivalidad? Revistiéndonos de humildad y replanteando nuestro concepto de los demás.

En tercer y último lugar rescatar el privilegio de servir a los demás. Se ha perdido el concepto de que servir a los demás es un privilegio. Debemos rescatarlo si queremos evitar la rivalidad. Filipenses 2:4 dice: “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”

Mirar por los propios intereses de uno es muy sencillo. Es lo que hacemos la mayoría de nosotros. Pero además de esto, tenemos que mirar por los intereses de los demás. Esto es algo que pocos están dispuestos a hacerlo. Mirar por los intereses de los demás es lo mismo que servir a los demás.

Servir a otros y mirarlo como un privilegio es tan ajeno a nuestra carne, pero cuando miremos a Cristo en cada uno de nuestros semejantes, estaremos dispuestos a servir con gozo y beneficio para los demás. La rivalidad no conduce a nada positivo. Por eso Pablo dice: No hagáis nada por contienda o por vanagloria.

Para lograrlo tenemos que revestirnos de humildad, replantear nuestro concepto de los demás y rescatar el privilegio de servir a los demás. Que Dios nos motive a vivir esta verdad en la práctica.