Saludos cordiales amable oyente. Es un gozo compartir este tiempo con usted. A partir de hoy, vamos a iniciar el estudio de la Epístola de Pablo a los Colosenses en la serie titulada: La Supremacía de Cristo. Confiamos en el Señor que el estudio de este maravilloso Libro traiga abundantes bendiciones a su vida así como ha traído ya a la mía.

A manera de introducción, es necesario que demos atención a cuatro asuntos que deben ser analizados siempre que emprendamos el estudio de un libro de la Biblia. Me refiero al autor de la carta, los destinatarios de la carta, la fecha de escritura y el contenido general de la carta. En cuanto al autor de la carta, basta con referirnos al primer versículo del libro para saber que fue apóstol Pablo. Más adelante, en el análisis mismo del texto, hablaremos más en cuanto al autor de la carta. En cuanto a los destinatarios de la carta, según el versículo 2 del capítulo 1, vemos que ha sido escrita a los creyentes que están en Colosas. Colosas fue una ciudad en la provincia romana de Frigia, en el área que hoy se conoce como Asia Menor. Colosas quedaba a unos 16 Km. al Este de Laodicea y unos 45 Km. al Sudeste de Hierápolis. Hierápolis era famosa por los conocimientos médicos que poseían algunos de sus habitantes y también por la gran estima que daban a la religión. Laodicea en cambio se distinguía por ser la metrópolis de la región. Colosas por contraste, era una ciudad pequeña, casi insignificante, en comparación con las otras dos. Tanto es así, que se han encontrado las ruinas de Hierápolis y Laodicea, pero nada de Colosas. No se sabe exactamente como llegó el Evangelio a Colosas. De hecho, no fue Pablo quien lo llevó, porque en Colosenses 2:1 él mismo asevera que no conoce personalmente a los creyentes de Colosas. Se asume, sin embargo, que fue Epafras quien llevó a Colosas las Buenas Nuevas de salvación. Generalmente se admite que Epafras se entregó al Señor en algún momento durante los tres años que Pablo ministró en Efeso, y como Colosas no quedaba sino a unos 160 Km. de Efeso, fue él quien llevó el Evangelio a esa pequeña ciudad llamada Colosas. En cuanto a la fecha de escritura, Colosenses es una de las epístolas de la prisión. Es decir que fue escrita  mientras e apóstol Pablo estaba prisionero en Roma. Se estima por tanto que pudo haber sido escrita entre los años 60 y 61 DC. Con relación al contenido de la carta, Colosenses fue escrita en respuesta a un informe verbal que Pablo recibió por medio de Epafras concerniente al estado espiritual de los creyentes en Colosas. Los creyentes estaban viviendo bajo el constante asedio de una herejía que en lo posterior se llegó a llamar gnosticismo. Los gnósticos se jactaban de su conocimiento superior. Afirmaban haber alcanzado un conocimiento más profundo que los mismos apóstoles y se esforzaban por dar a entender que una persona no puede alcanzar la felicidad completa al menos que se inicie en los profundos secretos de la secta. Algunos gnósticos negaban la humanidad de Cristo. Enseñaban que Cristo no es una persona sino una influencia divina que se origina en Dios y vino sobre un ser humano llamado Jesús, cuando éste fue bautizado, pero luego, lo dejó, justo antes que Jesús sea crucificado. Como resultado, según lo que ellos pensaban, el hombre Jesús murió, pero no Cristo. Otros gnósticos enseñaban que entre Dios y la materia existen varios niveles o grados de seres espirituales. Sostenían esto para explicar el origen del mal. A. T. Robertson lo explica así: La especulación gnóstica, tiene que ver primeramente con el origen del universo y la existencia del mal. Llegaron a la conclusión que Dios es esencialmente bueno y la materia es esencialmente mala. ¿Cómo un Dios bueno pudo crear algo malo? Era su gran dilema. Para explicarlo, afirmaban que existen varias emanaciones, o eones o espíritus o ángeles que permiten a Dios tomar contacto con la materia. La idea era entonces que un eon partió de Dios, de este eon  partió otro eon , y así sucesivamente pasta que cierto eon estaba tan lejos de Dios que Dios no pudo contaminarse con el mal al crear por medio de este eon toda la materia que es mala. Hasta aquí la cita de este autor. Los gnósticos, basándose en que el cuerpo humano es esencialmente malo, por ser materia, adoptaron dos posturas extremas. Algunos iban al extremo del ascetismo, un sistema de auto negación, aun auto tortura, en un esfuerzo por lograr un estado espiritual más alto. Mientras otros iban en cambio al otro extremo, al desenfreno moral, viviendo en total indulgencia carnal, sosteniendo que lo que se hace con el cuerpo no tiene ningún efecto sobre a vida espiritual de una persona. Además de esta semilla de gnosticismo, entre los creyentes de Colosas estaba introduciéndose otras dos falsas doctrinas, el antinomianismo y la enseñanza de los judaizantes. El antinomianismo es la enseñanza que cuando una persona está bajo la gracia, o en otras palabras, es salva, no necesita ejercer ningún control sobre sí misma. Puede vivir como quiera, de la manera que quiera. Puede dar rienda suelta a toda su pasión carnal. Es la forma de pensar que si ya somos salvos tenemos licencia para pecar. Los judaizantes por otro lado, enseñaban que para ser salvos es necesario cumplir con los requisitos del judaísmo, especialmente en lo que tiene que ver con la circuncisión, además de haber recibido por la fe al Señor Jesucristo como Salvador. Para estas personas, la salvación era el resultado de la fe más las obras. Ante la arremetida de toda esta carga de falsa doctrina, Pablo escribió la carta a los Colosenses, en la cual, además de animar a los creyentes a vivir vidas agradables delante de Dios, refuta la falsa doctrina introducida por los maestros del error. A los gnósticos por ejemplo, quienes creían que Jesucristo no puede ser Dios-hombre y pensaban que para acercarse a Dios se necesita de un conocimiento superior, les dice lo que aparece en Colosenses 2:8-10 donde leemos: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas,  según las tradiciones de los hombres,  conforme a los rudimentos del mundo,  y no según Cristo.
Col 2:9  Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,
Col 2:10  y vosotros estáis completos en él,  que es la cabeza de todo principado y potestad.
Pablo advierte del peligro de dejarse engañar por la manera hueca de pensar de los gnósticos, quienes difunden el pensamiento propio del mundo mas no la sabiduría de Cristo. Los gnósticos pensaban que el Señor Jesucristo es una de las emanaciones o eones de Dios. Pablo les dice: No. En el Señor Jesucristo habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, esto significa que Jesucristo es 100% Dios y a la vez 100% hombre. Para los gnósticos, había necesidad de más conocimiento para acercarse a Dios. Pablo les dice: Eso no es correcto. Una persona que está en Cristo tiene todo lo que necesita para estar con Dios. Cuanto necesitamos atesorar este principio tan importante en nuestros corazones. Cuantos millones de creyentes andan hoy en día en una desenfrenada búsqueda de algo más, algo que les haga sentir completos. Por eso van de aquí para allá buscando nuevas emociones, nuevas experiencias, nuevas sensaciones. Pero Pablo dice que en Cristo tenemos todo. Estamos completos en Él. No nos hace falta absolutamente nada más. A los que se estaban dejando engañar por la falsa doctrina del antinomianismo, es decir la enseñanza de que las personas salvas pueden vivir como les venga en gana, les dice lo que leo en Colosenses 3:5 Haced morir,  pues,  lo terrenal en vosotros:  fornicación,  impureza,  pasiones desordenadas,  malos deseos y avaricia,  que es idolatría;
El creyente ha sido capacitado  para vivir una vida santa delante de Dios y por eso Dios demanda santidad en el creyente. El creyente no puede vivir como quiera. El mismo apóstol Pablo dijo las siguientes palabras acerca de los creyentes en 2 Corintios 5:14-15 Porque el amor de Cristo nos constriñe,  pensando esto:  que si uno murió por todos,  luego todos murieron;
2Co 5:15  y por todos murió,  para que los que viven,  ya no vivan para sí,  sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
Así es amigo oyente, si usted ha sido objeto de la gracia de Dios, ha muerto con Cristo a sus propios deseos, a su tendencia natural a hacer lo malo y ahora debe vivir para agradar a aquel que murió por usted, el Señor Jesucristo. A los judaizantes que pretendían añadir requisitos a la fe en Cristo para la salvación, les dice lo que leo en Colosenses 2:16-17 Por tanto,  nadie os juzgue en comida o en bebida,  o en cuanto a días de fiesta,  luna nueva o días de reposo,
Col 2:17  todo lo cual es sombra de lo que ha de venir;  pero el cuerpo es de Cristo.
Todo lo que estipulaba la ley de Moisés era la sombra de algo. Quien proyectaba esa sombra era la persona del Señor Jesucristo. Desde que él vino, el cuerpo que proyectaba esa sombra ya se hizo presente y es absurdo vivir acariciando la sombra como guardar el séptimo día como día de reposo, la circuncisión, los días de fiesta y tantas otras cosas más. Cristo es todo lo que usted y yo necesitamos amable oyente. Si usted tiene a Cristo lo tiene todo, si usted no tiene a Cristo le falta todo. Venga hoy mismo a Cristo y recíbalo como su Salvador.

Si te gustó comparte con tus amigos
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email