Reciba cordiales saludos, mi amiga, mi amigo. Muchas gracias por acompañarme estos pocos minutos a la luz de la palabra de Dios. De un buen tiempo a esta parte hemos venido estudiando el libro de Efesios en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. Este es el último estudio dentro de esta serie. Espero que el Señor habrá enriquecido su vida espiritualmente mediante su Palabra. Luego de mostrar que la oración es vital para que el creyente se mantenga firme ante los ataques espirituales del maligno, el apóstol Pablo llega al final de su carta. En el epílogo de su carta, Pablo se refiere al ministerio de Tíquico, y expresa sus deseos para los lectores de su carta. Veamos entonces el epílogo de la Epístola de Pablo a los Efesios.

Si tiene una Biblia a la mano, por favor ábrala en el libro de Efesios capítulo 6 versículos 21 a 26. Este pasaje bíblico es el epílogo de la carta de Pablo. En esta porción bíblica encontramos que Pablo primeramente explica el ministerio de Tíquico. Pero antes de hablar del ministerio de Tíquico, será necesario establecer quien era Tíquico. Según Hechos 20:4, Tíquico era natural de Asia, probablemente ganado para Cristo por Pablo. La Biblia dice: Y le acompañaron hasta Asia,  Sópater de Berea,  Aristarco y Segundo de Tesalónica,  Gayo de Derbe,  y Timoteo;  y de Asia,  Tíquico y Trófimo.
Después de su conversión, siempre que se menciona a Tíquico, aparece a la sombra de Pablo. Fue Tíquico quien servía a Pablo mientras estaba como prisionero en Roma. Tíquico gozaba de la confianza de Pablo, al punto que fue elegido para ser el portador de la carta de Pablo a los Efesios y a los Colosenses. Cuando Pablo fue liberado de la cárcel en Roma, Tíquico siguió junto a él y cuando Pablo fue encarcelado por segunda vez, Tíquico fue enviado de ministerio a Efeso. De Tíquico podemos decir que fue un hombre satisfecho con servir a Pablo. Tíquico no ha escrito nada que se registre en el Nuevo Testamento, pero si se ha escrito sobre él en el Nuevo Testamento. Note lo que dice sobre él Efesios 6:21. Para que también vosotros sepáis mis asuntos,  y lo que hago,  todo os lo hará saber Tíquico,  hermano amado y fiel ministro en el Señor,
La palabra ministro es la traducción de la palabra griega diaconos. Tíquico no necesariamente tenía el oficio de diácono en alguna iglesia local, pero esto no le impedía servir, que es el trabajo de un diácono, sino que parece que se deleitaba sirviendo y cuando lo hacía su servicio era como para el Señor. Hay mucho que podemos aprender de Tíquico. Lo que más sobresale es su fidelidad. Pablo podía contar con Tíquico para cualquier trabajo. Se dice que encontrar hombres fieles es como buscar agujas en un pajar, es muy difícil y Tíquico era una de esas agujas escondidas en un pajar. El epílogo de la carta a los Efesios, Pablo explica el ministerio de Tíquico. Su ministerio era doble. En primer lugar su ministerio era informativo. Por eso el texto dice: Para que también vosotros sepáis mis asuntos y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico. Después en Efesios 6: 22 dice: el cual envié a vosotros para esto mismo,  para que sepáis lo tocante a nosotros,  y que consuele vuestros corazones.
Pablo quería que los creyentes de Efeso supieran los planes y proyectos que tenían. También quería que supieran cuáles eran las circunstancia que vivían Pablo y sus acompañantes. Para esto se valió de Tíquico. Aquí podemos aprender algo importante. Los creyentes no somos islas, no podemos vivir aislados de los demás, necesitamos saber cómo van otros creyentes y los demás necesitan saber de nosotros. ¿Para qué? No para murmurar o criticar, sino para orar por ellos y animarles en su crecimiento espiritual. El mejor ambiente para fomentar esto es la iglesia local. De modo que, amable oyente le animo a congregarse en una iglesia local bíblica, si todavía no lo está haciendo. En esa iglesia local busque oportunidades para servir a los demás. De esta manera podrá ayudar a otros y también recibir la ayuda de otros. En segundo lugar, el ministerio de Tíquico era de consolación. Dice que Tíquico consuele vuestros corazones. Cuando Pablo escribió su carta, ya había tomado cuerpo la persecución a los cristianos por parte del imperio romano. Quizá algunos hermanos de Efeso fueron martirizados ya, y esto causó desánimo y desconsuelo. Tíquico debía consolar a estos creyentes. Tal vez nosotros no estemos bajo el fuego de la persecución, pero podemos estar bajo el fuego de las pruebas y es probable que nos desanimemos y necesitamos ser consolados por los demás. Si usted piensa que no necesita ser consolado, tenga cuidado. Quizá es demasiado orgulloso como para admitir que está desanimado y aunque interiormente está destrozado, por fuera proyecta una imagen de super héroe. No. Si está desanimado o afligido, admítalo y busque el consuelo de otros creyentes. Si no está afligido recuerde que a su alrededor puede haber personas afligidas que desesperadamente necesitan que usted los ministre para que sean consolados. Hemos visto la explicación del ministerio de Tíquico, dentro del epílogo de la carta de Pablo a los Efesios. Veamos ahora la expresión de los deseos de Pablo para los lectores de la Epístola a los Efesios. Efesios 6:23-24 dice: Paz sea a los hermanos,  y amor con fe,  de Dios Padre y del Señor Jesucristo.
Eph 6:24  La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable.  Amén.
Pablo está expresando su deseo para los creyentes de Efeso. Les desea paz, tanto la paz con Dios que llegaron a tener cuando recibieron a Cristo como Salvador, como la paz de Dios que resulta de una conciencia limpia. Les desea amor con fe, dos ingredientes que cuando están juntos producen resultados sorprendentes. El amor motiva a la acción en beneficio de otros y cuando está acompañado de fe busca la gloria del Señor en todo. Tanto la paz como el amor con fe tienen una doble fuente de origen. De Dios Padre y del Señor Jesucristo. Pablo desea también que la gracia sea con los creyentes de Efeso. Ese favor especial inmerecido que proviene de Dios. Es interesante notar la definición que da Pablo a los creyentes. Son los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Una evidencia de alguien  que es un creyente verdadero es su amor a la persona de Cristo. Este amor debe ser inalterable. La palabra que se ha traducido como inalterable, tiene también otros significados. Da la idea de incorruptible. El amor a Cristo debe ser algo que no se corrompe con el transcurso del tiempo sino que se mantiene fresco, como la primera vez que nos dimos cuenta que Cristo murió por nosotros. También da la idea de algo inmortal. El amor al Señor Jesucristo no es de labios para afuera sino sincero y se traduce en un someterse al señorío de Cristo. ¿Cómo está su vida, amable oyente a la luz de todo esto que ha comunicado Pablo en el epílogo de su carta? ¿Es usted como ese fiel siervo de Pablo llamado Tíquico? ¿Está dispuesto a sacrificar su comodidad para poder servir a otros? ¿Está dispuesto a servir a pesar que su servicio no sea reconocido por otros? Recuerde el ministerio de Tíquico con Pablo. El mundo necesita de creyentes como Tíquico. Si no hubiera sido por este fiel siervo, las cartas de Pablo a los Efesios y a los Colosenses jamás hubieran llegado a su destino. Pero por otro lado, ¿Cómo es su amor para el Señor Jesucristo? ¿Es su amor a él inalterable? ¿Un amor que nada ni nadie lo puede hacer cambiar en lo más mínimo? Quiera Dios que así sea. Hemos terminado de esta manera el estudio del libro de Efesios en esta serie de programas que lleva el título de Las Maravillas de la Gracia de Dios. Este libro nos muestra cuan ricos somos en Cristo y nos desafía a usar esa cuantiosa fortuna en nuestra vida espiritual. Nos unimos al Amén que el apóstol Pablo puso al final de su libro. Decimos: Así sea a todo lo que Pablo nos ha compartido en cuanto a las Maravillas de la Gracia de Dios. Que el Señor le bendiga ricamente.