Cordiales saludos amable oyente. Es motivo de gran gozo compartir este tiempo con Usted. Bienvenido al estudio bíblico de hoy. En su incredulidad, el hombre no medita en sus actitudes ante Dios. Durante la tribulación, el hombre incrédulo se atreverá a levantar sus puños contra Dios, como si fuera más grande o más poderoso que Dios. Es algo muy serio enfrentarse en guerra con Dios amable oyente.

El pasaje bíblico que tenemos para hoy se encuentra en Apocalipsis 11: 11-19. Estamos a mitad del libro de Apocalipsis y también a mitad del periodo de tribulación, o como a lo mejor Usted habrá oído, a mitad de la última semana de Daniel. Lo último que estudiamos fue acerca del maravilloso ministerio de los dos testigos durante la primera mitad de la tribulación. Pero con el Anticristo a la cabeza, el mundo celebrará alborozado, en una especie de navidad satánica, la muerte de los dos testigos. De la alegría de verlos muertos se enviarán regalos los unos a los otros. El odio que la gente les tenía, hará que los cadáveres de los dos testigos sean exhibidos como trofeos de guerra en la plaza de Jerusalén durante tres días y medio. Pero cuando los cadáveres ya estén en franco proceso de putrefacción, ocurrirá algo insólito. Ante la estupefacta mirada de sus enemigos, la vida volverá a los cuerpos de los dos testigos y se levantarán como si nada hubiera pasado. Acto seguido, el cielo se estremecerá con una orden para los dos testigos: Subid acá. Ante los ojos desorbitados de la multitud, los dos testigos comenzarán a elevarse en una nube hacia el cielo. Es la victoria final de Dios. A veces la vida nos pone en situaciones que parecen total derrota, pero nunca debemos olvidar que la victoria final es nuestra. Los incrédulos de la tribulación pasarán inmediatamente de la euforia al pánico, porque la tierra comenzará a temblar. El terremoto destruirá la décima parte de la ciudad de Jerusalén y morirán siete mil hombres. Unos pocos reconocerán la obra del Dios Todopoderoso en todo esto. El resto, la mayoría, seguirá con sus corazones endurecidos en incredulidad. Con esto se cerrará el segundo ay y falta uno más. El tercer y último ay está precedido por el toque de la séptima trompeta. Esto es lo que tenemos a partir del versículo 15 del capítulo 11. El sonido de la séptima trompeta nos permitirá apreciar un anuncio extraordinario, una adoración excelsa y una apertura esplendorosa. Vayamos a lo primero, el anuncio extraordinario. Apocalipsis 11:15 dice: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” En mi mente me hago la imagen de un coro de millones de millones de seres celestiales, que contiene la respiración mientras espera que su director dé la orden para comenzar a cantar. La orden es el sonido de la séptima trompeta. Tan pronto el ángel toca la trompeta, dice el texto leído que hubo grandes voces en el cielo. Es el coro celestial proclamando un anuncio extraordinario. Juan oyó el anuncio. Decía así: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Este anuncio extraordinario tiene dos partes importantes. Primero, los reinos de este mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo. Como Usted bien sabe, en la actualidad y hasta el final de la tribulación, los reinos de este mundo pertenecen a Satanás y a sus demonios. 1 Juan 5:19 dice: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” Cuando el hombre cayó en pecado, el mundo y todo lo que en él existe, quedó bajo el dominio del maligno. Pero no para siempre. Está cercano el día cuando el mundo y todo lo que en él existe volverá a ser de nuestro Señor y de su Cristo. La mitad de la tribulación marcará el inicio de los vertiginosos eventos que terminarán con el Señor Jesucristo dominando la tierra y los reinos del mundo. Entonces y solo entonces el mundo y todo lo que en él existe quedará libre del dominio del maligno. ¿no le parece grandioso? La segunda parte del anuncio dice que él, es decir Cristo, reinará por los siglos de los siglos. Note la conjugación del verbo reinar. Está en tiempo futuro. Es decir que a mitad de la tribulación, Jesucristo todavía no estará reinando en la tierra por los siglos de los siglos, pero lo hará, sin duda alguna, a partir del final de la tribulación. No olvide que al final de la tribulación, Jesucristo vendrá por segunda vez para reinar en la tierra por mil años. Después del anuncio extraordinario, tenemos la adoración excelsa. Apocalipsis 11: 16-18 dice: “Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.” Los adoradores son los veinticuatro ancianos. Al hablar sobre ellos, al inicio del estudio del libro de Apocalipsis, llegamos a la conclusión que simbolizan a la iglesia de Cristo en su estado glorificado. Siendo así, diríamos entonces que toda la iglesia, en el cielo, se postrará sobre sus rostros en adoración a Dios. Será un espectáculo formidable. Imagine Usted a millones de millones, postrados sobre sus rostros en humilde y reverente adoración a Dios. Yo estaré entre esa multitud. ¿Y Usted? Si Usted ha recibido a Cristo como su Salvador, también estará allí. Si Usted todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, hágalo hoy mismo, para que en un día glorioso, estemos juntos adorando a Dios en el cielo. Consideremos ahora los motivos de adoración. Son varios. Número uno, en agradecimiento porque Dios ha tomado su gran poder y ha reinado. Al hablar de Dios, la iglesia toda se refiere a él como el que es, el que era y el que ha de venir. Esto significa que Dios es eterno, existe desde la eternidad y hasta la eternidad. Además, Dios es inmutable. Es el mismo, ayer, hoy y por la eternidad. Es él quien ha tomado su gran poder. Si no ha actuado hasta ahora, no es porque le haya faltado poder. Simplemente es porque en su plan soberano, no ha llegado el momento para tomar su gran poder. Pero ahora ha llegado el momento y es motivo de adoración en agradecimiento. Con su gran poder, Dios establecerá su reino en la tierra. Qué bueno es pensar en un Dios Todopoderoso amable oyente. A veces nos sentimos abrumados por las circunstancias difíciles de la vida. Pero no debemos desanimarnos. Dios tiene todo el poder para sacarnos de esas circunstancias difíciles este preciso instante, pero puede ser que todavía no ha llegado el momento para que Dios tome su gran poder o haga uso de su poder porque simplemente él quiere cumplir con su plan soberano. En su momento él tomará su gran poder y quedaremos libres de cualquier circunstancia difícil. Número dos, por la venganza contra sus enemigos. Las naciones se airaron contra Dios. Como no pueden arremeter a golpes contra Dios, maltrataron a los hijos de Dios. Muchos de ellos fueron martirizados. Dios lo tomó como algo personal. Cuando alguien lastima a un hijo de Dios es como si estuviera lastimando a Dios mismo. Dios por tanto se airó contra las naciones. Es cosa seria caer en las manos de un Dios airado. Las naciones en la tribulación lo vivirán en carne propia. Número tres, porque Dios es justo. En su justicia, Dios juzgará a los vivos y a los muertos. Los que merezcan recompensas serán recompensados con creces. Los que merezcan castigo serán castigados con creces. La iglesia entonará una canción en honor al hecho que Dios dará el galardón a sus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen su nombre, sin distinción de si son grandes o gente importante, o si son pequeños, o gente común y corriente. En cambio a los impíos, a los que destruyen la tierra con su impiedad, Dios simplemente les destruirá. Es el veredicto de un Dios justo. El mundo está lleno de injusticia amigo oyente. A veces pensamos que a nadie le importa ver las cosas injustas que suceden a nuestro derredor. Inclusive, hemos llegado a pensar que los injustos se van a salir con las suyas. Pero no es así amable oyente. Dios es justo. Algún día él hará justicia. Finalmente tenemos una apertura esplendorosa. Apocalipsis 11:19 dice: “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.” En el libro de Hebreos, se indica con claridad que el Tabernáculo que debía construir Moisés tenía que ser realizado conforme al modelo que se le mostró en el monte. Es obvio entonces que existe un templo en el cielo, cuya réplica se debía construir en la tierra. En el texto que hemos leído se abre este templo celestial y la atención se enfoca sobre uno de varios muebles que había en ese templo. Se trata del arca del pacto. No olvide amable oyente que el arca el pacto era el principal mueble del lugar santísimo en el tabernáculo. Lo que Juan está mirando es entonces el lugar santísimo en el templo celestial. Pero ¿por qué enfocar la atención exclusivamente en el arca del pacto? Pues de esa manera Dios estaba mostrando que Él es incondicionalmente fiel con lo que ha prometido a su pueblo Israel. Inmediatamente, sobre la tierra, se producen relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo. Es el preámbulo del terrible castigo que espera a los impíos en lo que falta de la tribulación.