Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy; Filipenses es un libro de gozo. Su autor lo ha experimentado en cualquier circunstancia que ha afrontado. Si tenía que pasar por necesidad, estaba gozoso, si tenía que pasar por enfermedad, estaba gozoso, si tenía que pasar por tribulación, estaba gozoso, si tenía que pasar por abundancia de bienes materiales estaba gozoso. En todo y por todo estaba enseriado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. ¿Cómo logró llegar a tan elevada meta? El mismo lo dice:»Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» Su fortaleza espiritual, emocional y física provenía de Cristo y esto le permitió sortear toda clase de circunstancias con gozo. ¿No le parece algo maravilloso? Ciertamente lo es, y nosotros deberíamos imitar este comportamiento, porque si somos francos con nosotros mismos, deberíamos reconocer que los momentos de gozo en nosotros son más bien una excepción que una norma, porque mayormente vivimos presionados, temerosos, tensos, frustrados, desanimados preocupados y perplejos. Nos falta el gozo del cual tanto nos ha hablado Pablo. Para tener este gozo necesitamos por ejemplo, poner en práctica lo que Pablo nos recomienda en Filipenses 4:6:»Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias» No hay para que vivir afanosos. Si hacemos lo que Pablo nos ha recomendado hacer podremos cambiar la tristeza en gozo. Es en realidad una gran bendición el tener a nuestra disposición la posibilidad de cambiar la tristeza en gozo, ¿no le parece? ¿Cual deberla ser nuestra respuesta? En la conclusión de la carta a los Filipenses, Pablo nos da un ejemplo, de lo que debería haber en nosotros cuando reconocemos que en Cristo podemos cambiar nuestra tristeza en gozo y eso justamente compartirá con nosotros el hermano David Logacho.

Le ruego abrir su Biblia en Filipenses 4:20-23. Lo que primero encontramos es la doxología de Pablo. Al mirar todo lo que él es en Cristo, todo lo que posee en Cristo y todo lo que es capaz en Cristo, Pablo prorrumpe en frases de adoración y alabanza a aquel quien ha hecho que todo esto sea posible.

Filipenses 4:20 dice: «Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén»

Observamos que la alabanza va dirigida a Dios, quien a la vez es padre de todos los que por fe hemos recibido a Cristo como Salvador. En esta declaración. Pablo está reconociendo que en sí mismo no tenía poder para vivir con gozo en medio de cualquier circunstancia, y que si lo estaba logrando era porque Dios por medio de Jesucristo lo estaba produciendo.

Este pensamiento le motiva a dar a Dios todo el crédito por lo que está pasando. Por esto es que Pablo dice que a Dios sea gloria por los siglos de los siglos. Dar gloria a Dios significa reconocer la mano de Dios sobre algo o sobre alguien. En este caso. Pablo veía en su propia vida y en las vidas de los demás el gozo en medio de la prueba, y sabía que experimentar gozo cuando se está en tribulación no es natural y por tanto reconocía la intervención directa de Dios y da a Dios la gloria de ello.

Luego de expresar su doxología a Dios, añade esa palabra tan conocida por nosotros, Amén, que no significa otra cosa sino: Así, sea. Esta es la actitud que debería haber en nosotros ante el reconocimiento de lo que Dios está haciendo en nosotros. No nos atribuyamos la gloria que no nos pertenece. Si vemos en nosotros algo que solamente Dios puede lograrlo, démosle gloria a su nombre por los siglos de los siglos, Amén.

Si surgen en nosotros esos sentimientos, de jactancia por lo que Dios ha hecho por medio de nosotros, confesémoslo como pecado y dirijamos toda la gloria y la alabanza al Señor quien es su legitimo propietario. Los creyentes debemos ser como un espejo, bien pulido y brillante, de tal forma que la gloria de Dios se refleje en nosotros y pueda ser vista por todo ser humano y también que la gloria de los hombres se refleje en nosotros y llegue a quien le pertenece, el Señor.

Una vez un pastor dijo a su congregación: ¿Qué pensarían dé alguien que en lugar de poner dinero en el plato de la ofrenda, saca de allí, el dinero para su uso personal? Los hermanos dijeron, sería un robo, algo despreciable, algo condenable bajo todo punto de vista. Luego el pastor dijo, si pensamos así de alguien que toma el dinero que le pertenece a Dios, por qué no pensamos lo mismo cuando alguien toma la gloria que solo a Dios le pertenece.

Interesante comparación. Demos siempre la gloria a Dios por lo que él hace por medio de nosotros. Luego de la doxología, Pablo prosigue con la despedida. Filipenses 4:21 dice: «Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan»

Tanto Pablo como los que con el estaban, envían saludos a los creyentes en Filipos. Es muy interesante la manera como Pablo describe a los creyentes de Filipos, dice que son los santos en Cristo Jesús. Recuerde que la palabra santos, básicamente denota ser puestos aparte con un propósito específico.

Los creyentes somos santos en el sentido que hemos sido puestos aparte del mundo para ser útiles a Dios. El apartar para Dios a una persona del mundo no es asunto fácil amigo oyente. Demanda un gran precio que no puede ser pagado por ningún ser humano. 1ª Pedro 1:18-19 dice: «sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación»

El precio que se tuvo que pagar para ser apartados del mundo para Dios fue la preciosa sangre de Cristo. Luego, prosiguiendo con los saludos, Pablo dice lo siguiente en Filipenses 4:22: «Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César»

Pablo estaba acompañado de santos, pero no eran imágenes, ni estatuas de yeso o madera, sino creyentes redimidos por la sangre de Cristo, y además de ello, estos santos tenían un trasfondo interesante. Dice Pablo que eran de la casa de César. César es el título del emperador romano. El César en esta época era Nerón, de triste recordación para la iglesia cristiana por su malévola persecución a los cristianos.

Lo que Pablo está diciendo es entonces que algunos de los oficiales del imperio romano escucharon el mensaje del evangelio y recibieron a Cristo como Salvador. Cómo son de inescrutables los caminos del Señor. Quien hubiera pensado que oficiales romanos hubieran lavado sus pecados en la sangre de Cristo, pero así fue, aunque para que ello ocurra fue necesario que Pablo estuviera preso en Roma.

Dios amigo oyente no escatima medios para llevar el mensaje a los lugares más recónditos. Aquí lo tenemos haciéndolo por medio de un simple prisionero, a través de quien el mensaje llego a las esferas más altas de la potencia mundial número uno de ese entonces.

Finalmente, Pablo termina su carta con las palabras de Filipenses 4:23 «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén»

La gracia es el favor no merecido que uno recibe. Pablo comenzó la carta de Filipenses haciendo alusión a la gracia y termina su carta haciendo alusión a la gracia. Sin lugar a dudas que para él todo era por gracia. La gracia es de Cristo Jesús y Cristo Jesús es la gracia, él es ese favor no merecido que hemos recibido los que en él creemos.

¿Tiene Ud. esa gracia amigo oyente? Si no lo tiene hoy mismo reciba a Cristo como su Salvador para que tenga la gracia de Cristo Jesús en su vida. Así hemos llegado al final de esta preciosa carta de gozo.

Si algo debe quedar en nuestra mente y corazón es el hecho que podemos vivir con gozo si tan solo pudiéramos quitar nuestra mirada de sobre nosotros mismos o las circunstancias que nos rodean para ponerla sobre Jesucristo quien es la fuente de todo lo que necesitamos para vivir gozosos. Que las palabras de Pablo en Filipenses 4:13 resuenen en nuestros oídos siempre: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Amén.

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