Cordiales saludos amable oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el evangelio según Juan. Estamos en el capítulo 7. Lo último que vimos fue que encontrándose en Galilea, los medio hermanos del Señor Jesús le insistían que suba a Jerusalén para que se dé un baño de popularidad, porque como estaba muy próxima la fiesta de los Tabernáculos, Jerusalén estaría atestada de gente que venía de todos lados a la celebración. La ley que Dios dio a Israel por medio de Moisés establecía que todo judío debía subir a Jerusalén en esta fiesta. El Señor Jesús respondió a sus medio hermanos que su tiempo para subir a Jerusalén todavía no había llegado. Fue así como los medio hermanos del Señor Jesús, quienes no creían en él, subieron a Jerusalén y el Señor Jesús se quedó un tiempo más en Galilea. Cuando llegó el tiempo ordenado por su Padre celestial, en obediencia a la ley, el Señor Jesús subió a Jerusalén a la celebración de la fiesta de los Tabernáculos, pero lo hizo no abiertamente, sino como en secreto. Definitivamente, el Señor Jesús no estaba interesado de ninguna manera en la popularidad, tan contrario a tantos que están dispuestos a dar cualquier cosa por ser populares. Esto es el trasfondo de lo que vamos a estudiar en esta ocasión.

Si tiene una Biblia, ábrala en Juan 7:11-29. En este pasaje bíblico vamos a observar a varios grupos de personas que se oponen a la persona y palabra del Señor Jesús. Los primeros en la lista son los judíos, entendiéndose por judíos a los líderes de Israel en aquel tiempo, el famoso sanedrín, compuesto por fariseos, principales sacerdotes, los cuales eran mayormente saduceos, y los escribas. Entre ellos había muchas diferencias teológicas, pero estaban unánimes en su oposición al Señor Jesús. Note lo que dice Juan 7:11-19 Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?
Joh 7:12  Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo.
Joh 7:13  Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos.
Joh 7:14  Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.
Joh 7:15  Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?
Joh 7:16  Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
Joh 7:17  El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.
Joh 7:18  El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
Joh 7:19  ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?
El Señor Jesús subió a Jerusalén para celebrar la fiesta de los Tabernáculos, pero no abiertamente, sino como en secreto. Esta es la razón por la cual los líderes judíos le buscaban haciéndose la pregunta: ¿Dónde está aquel? Lamentablemente, no le buscaban para oír su palabra, sino para matarle. La gente en Jerusalén estaba dividida en cuanto a la persona del Señor Jesús y lo manifestaban murmurando entre ellos. Unos decían: Es bueno. Otros en cambio decían: No es bueno, sino que engaña al pueblo. Esta es una particularidad de la persona del Señor Jesús. Siempre polariza a la gente. Algunos están a favor de él, mientras otros están en contra de él. En todo caso, ninguno hablaba abiertamente, ni a favor ni en contra del Señor Jesús, porque tenían miedo de los líderes judíos. Quien no tenía miedo de ellos era el Señor Jesús, de modo que a la mitad de la fiesta subió al templo de Jerusalén y enseñaba abiertamente. El Señor Jesús discernía perfectamente la voluntad de su Padre celestial. Había momentos cuando era necesario estar en secreto, y lo hacía. Había momentos cuando era necesario manifestarse en público y lo hacía. Todo estaba divinamente ordenado. Al oír las palabras del Señor Jesús, los líderes judíos se maravillaban. Esto significa que estaban asombrados. Lamentablemente, en lugar de recibir la palabra del Señor Jesús, manifestaron su rechazo diciendo: ¿Cómo sabe éste letras sin haber estudiado? En esencia lo que estaban diciendo es: No comprendemos cómo sabe tanto si jamás se ha sentado a aprender en alguna de nuestras escuelas rabínicas. Ante esto, el Señor Jesús les dijo que su doctrina no es de él, sino de aquel que le envió. Se estaba refiriendo a su Padre celestial. ¿Por qué los judíos no reconocían que lo que el Señor Jesús enseñaba era doctrina de Dios? La razón es porque los judíos no querían hacer la voluntad de Dios. Por eso el Señor Jesús les dijo: El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. Palabras profundas amable oyente. Para conocer si la doctrina es de Dios es necesario primeramente desear o querer o tener la disposición de hacer la voluntad Dios. De otra manera no es posible conocer si la doctrina es de Dios. El Señor Jesús continuó confrontando a los judíos al decirles que el que habla por su propia cuenta, como era el caso de los judíos, su propia gloria busca, pero el que busca la gloria del que le envió, esto es el Señor Jesús, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. Acto seguido, el Señor Jesús les dio una prueba de lo que estaba diciendo. Lo hizo por medio de una pregunta: ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? Esto era evidente porque los judíos procuraban matar al Señor Jesús, algo que era totalmente contrario a la ley. En segundo lugar se levanta la multitud. Juan 7:20-24 dice: Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte?
Joh 7:21  Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis.
Joh 7:22  Por cierto, Moisés os dio la circuncisión(B) (no porque sea de Moisés, sino de los padres(C)); y en el día de reposo[a] circuncidáis al hombre.
Joh 7:23  Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo,[b] para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo[c] sané completamente a un hombre?(D)
Joh 7:24  No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.
Cuando Juan habla de la multitud se refiere a la gente que subió a Jerusalén para la celebración de la fiesta de los Tabernáculos. Esta gente no sabía que los líderes judíos procuraban matar al Señor Jesús y cuando oyeron al Señor Jesús hablar de que los líderes judíos procuraban matarlo concluyeron que el Señor Jesús debe estar endemoniado, o poseído de demonios. Terrible acusación amable oyente. Para mostrar que no es así, el Señor Jesús se refirió a la obra maravillosa de sanar a un hombre en un día de reposo. La gente que vio el milagro se maravilló, pero los líderes judíos se resintieron y querían matarlo porque hizo este milagro en un día de reposo. El problema era que esos mismos líderes judíos permitían circuncidar a un varón cuando el día que se tenía que circuncidar de acuerdo con la ley coincidía con un día de reposo. Sin embargo esos mismos líderes judíos se enojaron contra el Señor Jesús porque sanó completamente a un hombre en un día de reposo. Esto mostraba la doble moral que imperaba en los líderes judíos. Por eso el Señor Jesús dijo a la multitud: No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Es tan fácil arribar a conclusiones equivocadas cuando no conocemos los detalles de los asuntos. El tercer grupo que se levanta es el de los residentes de Jerusalén. De esto nos habla Juan 7:25-29. La Biblia dice: Joh 7:25  Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien buscan para matarle?
Joh 7:26  Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo?
Joh 7:27  Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
Joh 7:28  Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis.
Joh 7:29  Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió.
Los residentes de Jerusalén sabían que los líderes judíos procuraban matar al Señor Jesús, pero al verle enseñando en el templo de Jerusalén se hacían la pregunta entre ellos: ¿No es éste a quien buscan para matarle? ¿Cómo entonces habla públicamente; y no le dicen nada? ¿No será que los líderes judíos han reconocido que éste es el Cristo, o el Mesías de Israel? Pero ellos mismos respondían a sus preguntas afirmando que el Señor Jesús no puede ser el Cristo, porque todos ellos sabían de dónde venía, pero según ellos, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea. Esto era solamente una tradición sin fundamento en la Biblia, pero estos residentes de Jerusalén estaban tan convencidos de eso, que concluyeron que el Señor Jesús no puede ser el Cristo porque sabían que provenía de Nazaret en Galilea. Al oírlo el Señor Jesús alzó su voz enseñando en el templo y dijo: A mí me conocen, y saben de dónde soy, pero yo no he venido por mi propia cuenta. Quien me envió es verdadero, pero ustedes no lo conocen. En cambio yo le conozco, porque procedo de él. Él es quien me envió. De esta manera, el Señor Jesús enfatizó su igualdad con Dios el Padre. No es extraño que los judíos se hayan escandalizado por estas palabras del Señor Jesús, como veremos en nuestro próximo estudio bíblico.