Qué bendición saludarle amable oyente, soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy, en el evangelio según Juan. Estamos estudiando el capítulo 11. Este capítulo tiene que ver con la resurrección de Lázaro. En esta oportunidad vamos a ver lo que sucedió cuando el Señor Jesús llegó a Betania, y se encontró con Marta, la hermana de Lázaro, el cual estaba ya cuatro días en la tumba.

Si tiene una Biblia, ábrala en Juan 11:17-27. Para ubicarnos en el contexto, en nuestro último estudio bíblico, vimos que estando en Betábara, a unos treinta y algo más de kilómetros de distancia de Jerusalén, el Señor Jesús recibió la inesperada visita de un mensajero que venía de Betania, en donde residía una familia muy cercana a él, formada de dos hermanas, María y Marta y un hermano Lázaro. El mensajero era portador de noticias preocupantes. Lázaro, a quien el Señor Jesús amaba, estaba enfermo. Al oír las palabras, el Señor Jesús dijo al mensajero y a la gente que le rodeaba: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Al decir estas palabras, el Señor Jesús no estaba dando a entender que la enfermedad de Lázaro no era mortal, sino que el desenlace fatal, la muerte de Lázaro, iba a ser el motivo para que Dios sea glorificado, cuando su Hijo, el Señor Jesucristo, la derrote, por medio de hacer resucitar a Lázaro. Habiendo dicho esto, el Señor Jesús se quedó allí, en Betábara dos días más. Luego después de esto, informó a sus discípulos que había llegado el momento para ir a Betania. Al oírlo, sus discípulos le previnieron en cuanto al riesgo que correría, porque Betania estaba muy cerca de Jerusalén en donde estaban los judíos que querían apedrear al Señor Jesús. El Señor Jesús tranquilizó a sus discípulos haciéndoles notar que nada imprevisto podía suceder con él, porque su vida está en la mano de su Padre celestial, de modo que no había motivo para temer en Betania, en donde iba a despertar a Lázaro. Oyendo esto, los discípulos pensaron que Lázaro solamente estaba dormido, de modo que el Señor Jesús tuvo que aclarar el asunto asegurando que Lázaro estaba muerto. El Señor Jesús se alegró de no haber estado en Betania cuando murió Lázaro, porque lo que iba a suceder, su resurrección, iba a ser un gran motivo para fortalecer la incipiente fe de sus discípulos. Tomás intervino entonces arengando a sus condiscípulos, diciendo: Vamos también nosotros para que muramos con él. Aquí se inscribe el pasaje bíblico que vamos a estudiar el día de hoy. Juan relata las circunstancias reinantes cuando llegó el Señor Jesús a Betania. Juan 11:17-19 dice: Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
Joh 11:18  Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios;
Joh 11:19  y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.
Cuando el Señor Jesús llegó a Betania, encontró que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro, esto significa que Lázaro debe haber muerto poco después que el mensajero salió hacia Betábara, para informar al Señor Jesús que Lázaro estaba enfermo. Así es la vida, todos sabemos el día que nacimos, pero nadie sabe el día que vamos a morir. Las hermanas de Lázaro pensaron que Lázaro no moriría hasta que venga el Señor Jesús a sanarle, pero Lázaro murió poco después que salió el mensajero. Betania, estaba muy cerca de Jerusalén. Quince estadios equivalen como a unos tres kilómetros. Las circunstancias en Betania no eran las mejores. El ambiente estaba cargado de dolor y tristeza por la muerte de Lázaro. Muchos judíos venían de Jerusalén a Betania a consolar a Marta y María por la muerte de su hermano. Después, Juan relata el encuentro de Marta y el Señor Jesús. Juan 11:20-27 dice: Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.
Joh 11:21  Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Joh 11:22  Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.
Joh 11:23  Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
Joh 11:24  Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.
Joh 11:25  Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Joh 11:26  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Joh 11:27  Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
De alguna manera Marta se enteró que venía el Señor Jesús y dejando de hacer cualquier cosa que estaba haciendo, inclusive dejando a María en casa, salió al encuentro del Señor Jesús. Sus primeras palabras al Señor Jesús fueron: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Estas palabras suenan como una recriminación de Marta al Señor Jesús por su tardanza en llegar a Betania, pero no es así. Más bien son una afirmación de la confianza que Marta tenía en el Señor Jesús. Marta está diciendo: Yo sé que tienes poder para sanar cualquier enfermedad, de modo que si hubieras estado aquí cuando mi hermano cayó enfermo, le hubieras sanado. Eso no sucedió, obviamente, porque Lázaro estaba ya cuatro días en la tumba, sin embargo, Marta sabía que aunque para ella todo había terminado en cuanto a Lázaro, sin embargo, para el Señor Jesús, no todo había terminado. Por eso dijo al Señor Jesús: Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Esto es notable amado oyente. A veces pensamos que las situaciones que nos toca vivir no tienen solución alguna. Pero no es así, porque donde terminan las posibilidades del hombre, comienzan las posibilidades de Dios. Dios tiene todo el poder para transformar lo que parece una desgracia, en una bendición que traerá gloria a su nombre. Oyendo esta confesión de Marta, el Señor Jesús hizo un anuncio crucial. Mirando a Marta le dijo: Tu hermano resucitará. Aquí tenemos al Señor Jesús honrando la fe de Marta. Cuando pedimos a Dios cosas que son su voluntad y para que su nombre sea glorificado, Dios está dispuesto a responder positivamente lo que le pedimos. 1 Juan 5:14-15 dice: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
1Jn 5:15  Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
Oyendo la promesa de que Lázaro va a resucitar, Marta pensó que el Señor Jesús estaba hablando de la resurrección de los justos, al final de los tiempos, cuando Dios establezca su reino eterno, por eso dijo al Señor Jesús: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Marta sabía que la muerte iba a ser derrotada, pero en un día todavía futuro. El Señor Jesús tenía que arrojar más luz sobre esto. Por eso dijo a Marta: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Esta es la quinta vez que el Señor Jesús utiliza las palabras “Yo soy” para referirse a alguna virtud en su persona. Estas palabras son lo que en esencia constituye el significado del nombre Jehová, Yo soy el que soy. En este caso: Yo soy, la resurrección y la vida. Marta sabía que en sus planes Dios tenía previsto que en algún momento en el futuro, los muertos van a resucitar, pero lo que Marta no sabía hasta ese momento, es que la persona por medio de quien va a tener lugar la resurrección es la persona que hablaba con ella, es decir, el Señor Jesús. La doctrina de la resurrección se hace realidad en la persona del Señor Jesús. Por eso dijo: Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Qué palabras tan llenas de significado, amable oyente. Ni la resurrección ni la vida eterna existen sin la intervención del Hijo de Dios. El tiempo, o lo que Marta llamó el día postrero, no es obstáculo para Aquel que tiene poder para resucitar a los muertos y darles vida eterna en cualquier momento, como estaba por acontecer con Lázaro, quien estaba ya cuatro días en la tumba. En consecuencia, el Señor Jesús añadió diciendo: Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. Esta es una realidad de todo creyente en Cristo. Somos los que vivimos y creemos en Cristo. En consecuencia no moriremos eternamente. Por contraste, los que viven y salen de este mundo sin creer en Cristo, morirán eternamente. Esto significa tormento eterno en el infierno. Después de esta asombrosa revelación a Marta, vino la pregunta crucial. ¿Crees esto? Todo es cuestión de fe, amable oyente. Marta era una mujer de fe, y en medio de su dolor por la muerte de su hermano hizo su confesión diciendo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. Note la secuencia. Marta primero creyó y en instantes va a ver a su hermano saliendo vivo de la tumba. Creer para ver. Este es el modelo de Dios. Creer para ver, no ver para creer. En nuestro próximo estudio bíblico veremos los detalles del encuentro del Señor Jesús con María.

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