Cordiales saludos amable oyente. Le saluda David Logacho dándole también la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el evangelio según Juan. En esta ocasión veremos al Señor Jesús animando a sus discípulos por medio de experimentar la paz que él da.

Abramos nuestras Biblias en Juan 14:22-31. Los hechos relatados en esta porción bíblica acontecieron en el aposento donde el Señor Jesús estaba cenando con once de sus apóstoles en la noche que fue entregado para ser crucificado, porque Judas Iscariote ya había salido, con toda probabilidad para ponerse de acuerdo con los principales sacerdotes, en cuanto a cómo entregar al Señor Jesús. Poco antes, el Señor Jesús había pronunciado una preciosa promesa a sus discípulos cuando les dijo: El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Esto provocó la pregunta de uno de los once. Note lo que dice Juan 14:22 hasta la primera parte del versículo 24. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?
Joh 14:23  Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
Joh 14:24  El que no me ama, no guarda mis palabras
Como el Señor Jesús habló de manifestarse a los suyos, es natural la inquietud de Judas, en cuanto a saber cómo es esto de que el Señor Jesús se manifestará a los suyos, y no al mundo? Juan el autor del evangelio aclara que quien hizo la pregunta al Señor Jesús no fue Judas Iscariote, quien le entregó, sino otro de los apóstoles, también llamado Judas, conocido también como Tadeo o Lebeo. El Señor Jesús no tuvo problema en responder esta inquietud de Judas y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará, o me obedecerá, y como resultado, mi Padre le amará, de modo que tanto el Padre, como el Hijo, el Señor Jesús, vendrán sobre él, y harán morada con él. Es de esta manera que no sólo el Hijo, el Señor Jesús, sino también el Padre se manifestará en los que aman y obedecen al Señor Jesús. ¿Qué pasará con el mundo? Pues lo lógico. El mundo no ama al Señor Jesús, y por tanto no obedece al Señor Jesús. Por este motivo, ni el Padre ni el Hijo, el Señor Jesús, se manifiesta al mundo. ¿Desea que se manifieste el Padre y el Hijo en su vida, amable oyente? Entonces es necesario que reciba al Señor Jesús como su Salvador y le muestre su amor, obedeciendo sus mandamientos. Después de responder a la pregunta de Judas, el Señor Jesús prosigue haciendo una promesa importante sobre una obra futura del Espíritu Santo en sus discípulos. Juan 14, desde la segunda parte del versículo 24 hasta el versículo 26 dice: y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
Joh 14:25  Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
Joh 14:26  Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
En varias ocasiones el Señor Jesús dejó en claro que todo lo que dijo tanto a sus discípulos como al resto de personas, no eran sus palabras, sino las palabras de su Padre. Una vez más insiste en este asunto cuando dice: La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Así es amable oyente. Oír al Señor Jesús es lo mismo que oír al Padre. Pero aún así, lo que dijo el Señor Jesús a sus discípulos mientras estuvo con ellos, no es todo lo que los discípulos tenían que oír, porque todavía no era el tiempo para oír las otras cosas, por cuando el Señor Jesús todavía no había muerto, resucitado y ascendido a la gloria de su Padre. Aquí es donde interviene el Consolador, o el Paracletos, el que es llamado al lado para aconsejar, para consolar, para fortalecer, para enseñar. Hablando del Espíritu Santo, el Señor Jesús dice que va a ser enviado por el Padre en el nombre del Hijo. Esto significa a hacer las veces del Señor Jesús. Así como el Señor Jesús dijo muchas cosas a sus discípulos cuando estaba físicamente con ellos, una vez que el Señor Jesús se vaya, el Padre va a enviar al Espíritu Santo, para que en lugar del Señor Jesús, sea el Espíritu Santo quien haga esa obra. El Espíritu Santo hará dos obras específicas. La primera, enseñará todas las cosas. La segunda: Recordará todo lo que el Señor Jesús les había dicho. Aquí cabe una pregunta. ¿Se cumplió en los apóstoles esta obra que iba a hacer el Espíritu Santo? Por supuesto que sí. Fueron los apóstoles quienes recibieron la revelación y la inspiración para producir las Epístolas y el Apocalipsis. Fue el cumplimiento de que el Espíritu Santo les iba a enseñar todas las cosas. También fue el Espíritu Santo quien recordó a los apóstoles todo lo que les enseño el Señor Jesús, para que los apóstoles escriban los evangelios. Hoy en día también el Espíritu Santo está haciendo una obra de iluminación en la mente de los creyentes para que comprendamos todo lo que se ha escrito en el Nuevo Testamento. Sin esta obra no se puede entender lo que Dios nos ha dado en su palabra. Inmediatamente después, el Señor Jesús se refiere a un bien sin igual que ha dado a sus discípulos. Juan 14:27 dice: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
El maravilloso bien que el Señor Jesús deja con sus discípulos es la paz. Al hablar de paz, normalmente se entiende únicamente en el sentido de ausencia de guerra o conflicto. Pero el significado de la palabra paz va más allá de eso. Paz significa algo sano, algo completo, algo seguro, inclusive prosperidad en un buen sentido. Cuando disfrutamos de la paz de Dios habrá gozo y contentamiento. Pero la paz de Dios no es como la paz que da el mundo. El mundo fundamenta su paz en sus recursos, mientras que la paz de Dios se fundamenta en una relación. Estar bien con Dios significa disfrutar de la paz de Dios. En el mundo, la paz es algo que se espera o algo por lo cual se trabaja, pero para los creyentes, la paz es un regalo que Dios nos hace. Los incrédulos disfrutan de paz sólo cuando están libres de problemas, pero los creyentes disfrutamos de paz aún en medio de problemas, por medio del poder del Espíritu Santo que mora en nosotros. Con la paz que Dios nos da en Cristo, no hay motivo para vivir con el corazón turbado, o en ansiedad, o en preocupación o en temor. Algo digno de notar en este asunto de la paz es que el Señor Jesús dijo a sus discípulos: La paz os dejo, mi paz os doy. La paz que recibieron los discípulos era la misma paz que tenía el Señor Jesús. Cuando vemos la vida del Señor Jesús en este mundo, notamos que no fue una vida libre de problemas y dificultades, pero en todo momento, el Señor Jesús disfrutó de paz, porque sabía que su vida estaba en la mano de su Padre celestial. Esta es la paz que Dios nos da a todos los que hemos recibido al Señor Jesús como nuestro Salvador. Esta es la razón para que vivamos libres de temor y ansiedad, a pesar de las circunstancias adversas que tengamos que sufrir. Luego de esto, el Señor Jesús se refirió a los beneficios que recibirían sus discípulos una vez que él se vaya. Juan 14:28-29 dice: Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.
Joh 14:29  Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.
En varias ocasiones el Señor Jesús anunció a sus discípulos que se iba a ir de este mundo a su Padre celestial. En varias otras ocasiones, el Señor Jesús dijo a sus discípulos que no les iba a dejar huérfanos, que si se iba, iba a volver. Por eso les dijo: Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Al oír estas cosas, los discípulos se pusieron tristes o se turbaron en sus corazones. El Señor Jesús corrige esta situación diciendo que en lugar de ponerse tristes, debieron haberse regocijado. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo, dijo el Señor Jesús. Cuando el Señor Jesús dijo que el Padre mayor es que él, no estaba dando a entender que él es menos que el Padre, porque varias veces afirmó su igualdad con el Padre. Lo que está diciendo en esencia es que por el amor que le tenían sus discípulos, no deberían estar en contra de que se vaya a su Padre, porque eso significa que volvería a la gloria que siempre tuvo junto a su Padre. Al volver a su Padre gozaría de la misma gloria con Él, una gloria mayor a la que había manifestado durante el tiempo de su encarnación en este mundo. Cuando el Señor Jesús volvió a la gloria de su Padre, descendió el Espíritu Santo, el Consolador, sobre los discípulos y de esta manera los discípulos experimentaron algo que jamás imaginaron. Por eso el Señor Jesús les dijo: Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda creáis o en otras palabras, continuéis creyendo. En este punto de su enseñanza, el Señor Jesús percibió que había llegado el momento para salir del recinto donde estaba cenando con los once. Note lo que dice Juan 14:30-31. No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.
Joh 14:31  Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí.
Ya no quedaba mucho tiempo para que el Señor Jesús enseñe a sus discípulos. ¿Por qué? Porque ya estaba a la puerta Satanás, el príncipe de este mundo, utilizando a Judas Iscariote, con el propósito que el Señor Jesús sea entregado para ser crucificado, conforme a la voluntad de su Padre celestial. Satanás no tiene nada en el Señor Jesús. Esto significa que Satanás no tiene ningún poder sobre el Señor Jesús. Esto es otra evidencia de la impecabilidad del Señor Jesús. Dentro de poco, el Señor Jesús iba a morir, pero no porque es pecador, sino en lugar del pecador. El amor del Señor Jesús a su Padre quedó demostrado con su obediencia, al punto de morir en la cruz como si fuera pecador para que pecadores sean salvos por él. Dicho eso, dijo a sus discípulos: Levantaos, vamos de aquí. Se entiende que una vez fuera, el grupo se encaminó al huerto de Getsemaní. En nuestro próxim