Es un gozo y un privilegio poder saludarle amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy sobre los eventos futuros. Estamos estudiando la tribulación. Hemos cubierto ya el primer acto de esa tragedia llamada tribulación, los juicios de los sellos. En esta ocasión, David Logacho nos guiará a examinar el segundo acto de la tragedia llamada tribulación, los juicios de las trompetas.

Cada acto en la tragedia llamada tribulación marca un ascenso en intensidad o severidad de la disciplina y el castigo de Dios. Si Ud. nos ha acompañado por un buen tiempo, habrá quedado asombrado de lo horrendo de los juicios de los sellos. Pero eso no es nada en comparación de los juicios de las trompetas. Recuerde que es Dios derramando su ira sobre un mundo incrédulo que con obstinación ha ofendido y humillado al Salvador.

Los habitantes de la tierra estarán tan aterrados por lo que está pasando, que sin distinción de personas, reyes, grandes, ricos, capitanes, poderosos, siervos y libres buscarán cuevas y hendiduras en las peñas para esconderse de aquel que está sentado sobre el trono y de la ira del Cordero. Su clamor a los montes y a las peñas será: Caed sobre nosotros y escondednos. Esto significa que en su tormento anhelarán la muerte, pero la muerte les será esquiva, porque todavía tendrán que soportar los juicios de las trompetas y los juicios de las copas.

La descripción de los juicios de las trompetas la tenemos mayormente en los capítulos 8 y 9 del libro de Apocalipsis.

Consideremos el primero de estos juicios. Apocalipsis 8:6-7 dice: “Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas. El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde”

Juan está describiendo lo que parece ser una hecatombe atómica, de mayor magnitud que la que vimos en los juicios de los sellos. En su manera peculiar de describir lo que tenía ante sus ojos, Juan el apóstol, autor humano del libro de Apocalipsis, dice que era como si del cielo descendiera granizo y fuego mezclados con sangre. Una lluvia de algún compuesto químico altamente destructivo.

El efecto de esta lluvia será tan devastador que se quemará la tercera parte de todos los árboles de la tierra y además de eso toda la hierba verde. Nuestras frágiles mentes son incapaces de concebir la magnitud de esta catástrofe. Si Ud. ha visto un incendio forestal quizá podrá tener una mejor idea de lo que el autor de Apocalipsis está tratando de comunicar. La tierra entera quedará envuelta en una humareda asfixiante. La provisión de alimentos se reducirá al mínimo porque toda la hierba verde será quemada.

Hoy en día el hombre se preocupa mucho por la conservación del medio ambiente y está bien que lo haga, no hay duda en cuanto a ello, pero al mismo tiempo, debemos saber que este mundo no va camino al paraíso ecológico, sino todo lo contrario, le espera un caos ecológico de tal magnitud que la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde serán destruidos.

Muy bien, luego entramos al segundo juicio de las trompetas. Apocalipsis 8:8-9 dice: “El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida”

Si el juicio de la primera trompeta afectó la vegetación, el juicio de la segunda trompeta afectará los océanos. Los activistas ecológicos estarán al borde de la paranoia. Juan está viendo algo que se parece a una montaña ardiendo en fuego que se precipita sobre el mar.

Muchos estudiosos de la Biblia piensan que Juan está viendo la caída de un meteorito gigante en el mar o quizá aun mejor, la caída de una bomba de hidrógeno en el mar. El efecto será tan desastroso que se alterará totalmente la apariencia física de una tercera parte del agua de los océanos. Parecerá sangre en lugar de agua. Esto matará a una tercera parte de la fauna marina y también se destruirá una tercera parte de las naves que surcan los mares.

Los océanos se convertirán en gigantescos charcos pestilentes por la descomposición de los cuerpos de los seres vivientes del mar. Pero la destrucción no para allí. No será suficiente la destrucción de la vegetación y de los océanos. Ahora viene la destrucción de las fuentes de agua dulce.

El tercer juicio de las trompetas. Apocalipsis 8:10-11 dice: “El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas”

Bueno, el panorama se va tornando más y más desesperante. La tercera parte de la vegetación destruida, la tercera parte de los océanos convertida en una charca inmunda y ahora la tercera parte del agua dulce se ha vuelto un veneno mortal. La gran estrella, ardiendo como antorcha, que cae sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, parece ser la descripción de otra arma termonuclear que al ser utilizada por las potencias mundiales de esa época afectará el agua dulce del planeta.

La estrella se llama Ajenjo, un nombre que significa amargo y por eso torna amarga el agua dulce del planeta. Pero note que estas aguas no tienen solamente el sabor amargo sino que su composición química es letal, por eso es que muchos morirán al ingerir estas aguas. La verdad que la situación no puede ser más precaria, pero eso no es todo, porque viene el cuarto juicio de las trompetas.

Apocalipsis 8:12 dice: “El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se, oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche”

Lo que tenemos aquí es una disminución de la luz natural en un tercio. La luz del sol se reducirá en un tercio, la luz de la luna se reducirá también en un tercio y la luz de las estrellas se reducirá en un tercio. Como resultado, los días serán lúgubres y las nubes serán densas tinieblas. La reducción en la iluminación natural de la tierra tiene una explicación digamos lógica. Con la contaminación producida por las explosiones termonucleares mas el humo causado por el incendio de los bosques y la hierba verde, se formará una densa capa de gases sobre la superficie terrestre cuyo efecto será exactamente como si la luz del sol, de la luna y las estrellas se hubiera reducido en una tercera parte.

Yo no sé si Ud. amigo oyente ha estado en alguna ciudad con problemas de contaminación ambiental. Yo estuve en una hace poco. No voy a decir él nombre para evitar una disminución en su flujo turístico. Pero en realidad fue una experiencia digamos, interesante por falta de mejor calificativo. Los edificios se hablan tornado grises, llevaba una camisa blanca, y me sorprendió que el cuello de la camisa se había ensuciado por fuera, porque lo normal es que se ensucie por dentro, y lo peor de todo fue que en algún momento me ardían los ojos y comencé a lagrimear.

Todo era efecto de la contaminación ambiental. Imagine lo que será en la tribulación, cuando la tercera parte de la luz del sol, de la luna y de las estrellas se pierda en esa gruesa capa de gases tóxicos.

En nuestro próximo estudio bíblico continuaremos con los juicios de las trompetas, pero hasta lo que hemos visto; hemos constatado que Dios ha herido el medio ambiente del hombre en la tribulación. La vegetación ha sido afectada, los océanos han sido afectados, los ríos y las fuentes de agua dulce han sido afectados y el firmamento ha sido afectado. El hombre se sentirá como un ser de otro planeta a pesar que estará en su propio planeta.

Eso será el elevado precio que tendrá que pagar por haber rehusado recibir a Cristo Jesús como su Salvador. Ud. está todavía a tiempo amigo oyente. Si no ha recibido a Jesús como su Salvador, hágalo hoy mismo para que cuando sobrevenga la tribulación, Ud. esté con el Señor en su gloria. Qué prefiere: Sufrir en carne propia los horrores de la tribulación o gozar de la dicha de estar con el Señor en el cielo. La decisión es suya.