Saludos cordiales amigo oyente y bienvenido a un nuevo estudio bíblico sobre los eventos futuros. En lo que va del desarrollo de este tema, hemos tratado ya el arrebatamiento de la iglesia, el tribunal de Cristo, las Bodas del Cordero, la tribulación, la segunda venida de Cristo, los juicios con ocasión de la segunda venida de Cristo, que comprende el juicio al Anticristo y el Falso profeta, el juicio sobre los ejércitos de las naciones congregadas en Armagedón, el juicio sobre Babilonia religiosa y política, el juicio a la nación de Israel y el juicio a las naciones gentiles y finalmente, la resurrección de los santos de la tribulación y del Antiguo Testamento. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho nos hablará de otro evento importante dentro del plan de Dios para el futuro. Bienvenido David.

Una vez que el Señor Jesucristo retorne por segunda vez a la tierra y ejecute sus juicios sobre sus enemigos, se establecerá sobre la tierra el reino milenial de Cristo, también conocido como el reino Mesiánico o simplemente como el Milenio.

Todos estos nombres sirven para designar un reino que está por venir sobre la tierra, que durará mil años cuyo rey será el Señor Jesucristo, quien ejercerá su reinado en estrecha colaboración con sus escogidos resucitados y cuyos súbditos serán judíos y gentiles, creyentes que quedaron vivos hasta el final de la tribulación.

La existencia de este reino queda en evidencia en pasajes bíblicos como Apocalipsis 20:6 donde dice: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”

Los que tendremos parte en la primera resurrección somos los creyentes de la época de la iglesia, más los creyentes del Antiguo Testamento y los creyentes de la tribulación quienes resucitarán cuando el Señor Jesucristo venga por segunda vez a la tierra. Todas estas personas con sus cuerpos glorificados, es decir semejantes en carácter al cuerpo de Cristo resucitado serán sacerdotes de Dios y de Cristo y, note con cuidado, reinarán con él mil años. Esto es el milenio o el reino Mesiánico o el reino milenial de Cristo.

Muy bien, ahora que tenemos una idea clara de los que es el milenio, bien vale hacernos una pregunta a nosotros mismos: ¿Por qué tiene Dios en sus planes futuros un reino como el que estamos describiendo? La respuesta se sustenta en la infalibilidad de las promesas de Dios a su pueblo Israel en particular y al mundo en general. Dios hizo grandiosas promesas a Abraham en lo que se conoce como el pacto Abrámico. Génesis 15:18-21 lo resume así: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el rió de Egipto hasta el rió grande, el rió Eufrates; la tierra de los céneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaitas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos”

En realidad, el pacto contempla un territorio basto que jamás ha poseído Israel hasta ahora. Será en el reino milenial cuando Dios cumpla esta promesa a Israel. Más adelante. Dios ratifico este pacto en lo que se conoce como el pacto palestino. Una parte de este pacto, en Deuteronomio 30:4 dice: “Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres”

Nuevamente vemos aquí una promesa de un territorio extenso. Israel jamás ha visto hasta ahora un cumplimiento literal de este pacto. El cumplimiento tendrá lugar en el reino milenial de Cristo. Estos dos pactos sirven de base para un tercer pacto, conocido como el pacto Davídico, sobre lo cual leemos lo siguiente en 2ª Samuel 7:10-16: “Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar, y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel: y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Así mismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu Linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré el padre, y él me será a mi hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”

La promesa no tiene que ver solamente con territorio, sino con mucho más. Dios está prometiendo a David una casa, es decir posteridad, además un trono, es decir autoridad real, sobre eso, un reino, esto es, una esfera de gobierno con perpetuidad, porque dice que el reino será para siempre. Estas promesas a David no han sido todavía cumplidas, en su totalidad, sino parcialmente, como por ejemplo lo que tiene que ver con su casa, porque Jesucristo es el cumplimiento de ello.

Pero falta aquello de un rey sentándose en un trono perpetuo y un reino para siempre que sirva de esfera de gobierno para el rey. Todo lo que falta cumplirse dentro del pacto davídico se cumplirá en el reino milenial.

Por último tenemos el nuevo pacto cuya declaración se encuentra en Jeremías 31:31-34 donde dice: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel, después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”

Dios está prometiendo a Israel que la nación entera tendrá un nuevo corazón, que la nación entera será perdonada de sus pecados y que la nación entera gozará de la plenitud del Espíritu Santo. Nada de esto se ha cumplido todavía. En el reino milenial se cumplirán todas estas promesas. De modo que, amigo oyente, el reino milenial es necesario y así está contemplado en el plan de Dios, para que Dios cumpla todas las promesas hechas a su pueblo Israel. Dios no puede faltar a ninguna de sus promesas y en el reino milenial la nación de Israel verá cumplidas todas las promesas que Dios le ha hecho a lo largo de su existencia.

El Dios que cumplirá sus promesas a Israel en el reino milenial es el mismo Dios que Ud. y yo tenemos amigo oyente. Todo lo que él ha prometido, ya se ha cumplido o está por cumplirse. El ha prometido salvación a todos aquellos que reciban a Cristo como Salvador personal y si Ud. ha tomado esta decisión, Ud. ya es salvo. El también ha prometido el cielo a los que somos sus hijos, y a decir verdad, estamos camino hacia ese bendito lugar. El ha prometido paz, amor, consuelo, sabiduría, gozo, esperanza y una cantidad más de cosas y lo hemos recibido a raudales. Dios cumple lo que promete amigo oyente.

Pero también él ha prometido castigo eterno a los que rehúsen recibir a, Cristo como Salvador. Juan 3:36 dice: “Pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”

Sabiendo que él cumple lo que promete, no marche ciegamente hacia su propia condenación amigo oyente. Hoy mismo reciba a Cristo como su Salvador personal.