Gracias por sintonizar esta estación y este programa. Es un gozo compartir con Usted nuestro estudio bíblico. Estamos estudiando la segunda epístola de Pablo a Timoteo, en la serie titulada «Consejos para una iglesia en peligro» En esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del peligro de comprometer la sana doctrina y el peligro de cortar las sanas relaciones.

Mientras Pablo estaba encadenado en la celda de una prisión en Roma, esperando el momento de su ejecución, Timoteo se encontraba en Efeso, ocupado en la obra del Señor en la iglesia local de esa ciudad.

La persecución contra el Cristianismo se había extendido por todo el imperio romano. Identificarse como cristiano era en extremo peligroso. Identificarse con algún líder del cristianismo, como lo era el apóstol Pablo, era más peligroso todavía. Esta situación estaba llevando a muchos creyentes a adoptar algunos mecanismos, que según ellos podrían evitar la persecución.

Uno de esos mecanismos era descuidar la sana doctrina, para hacerla atractiva al mundo. Para que el mundo no se sienta ofendido. Otro de los mecanismos era ignorar a los líderes de la iglesia Cristiana, pensando que de esa manera pasarían desapercibidos del poder del imperio romano.

Pablo reconocía este peligro y por tanto exhorta a Timoteo, a hacer dos cosas. Primero, cuidar la sana doctrina. Segundo, conservar las sanas relaciones.

Vayamos a lo primero: Cuidar la sana doctrina. 2ª Timoteo 1:13-14 dice: «Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.»

Pablo está exhortando a Timoteo a retener algo. Retener significa conservar, mantener. ¿Qué es lo que Timoteo debía retener o conservar o mantener? Pablo dice la forma de las sanas palabra que de mí oíste. Para retener algo primero es necesario adquirir ese algo. Timoteo adquirió lo que debía retener cuando oyó lo que decía el apóstol Pablo. Se trató del maestro Pablo enseñando al discípulo Timoteo.

Pero observe el énfasis que pone Pablo no solo en las sanas palabras que oyó Timoteo, sino en la forma de las sanas palabras que oyó Timoteo. Lo que Timoteo oyó ha quedado registrado para la eternidad en la Biblia, la palabra de Dios.

Esto significa que no es suficiente con ser leal a la verdad de la palabra de Dios, sino que es necesario aferrarse a la manera como esa verdad ha sido expresada en palabras. Cuando se estudia la Biblia es necesario por tanto dar atención a cada palabra que se ha usado, dándole un significado gramático, histórico y literal.

Gramático porque es importante la conjugación en tratándose de verbos, el género, el número, el caso, en tratándose de sustantivos y así por el estilo, todos los demás accidentes gramaticales. Histórico, porque es importante poner las palabras en el contexto histórico de la época cuando se escribieron. Literal, porque el significado de cada palabra debe ser aquel que tiene en el uso común. No se debe dar significados alegóricos a las palabras que aparecen en la Biblia.

Por supuesto que en la Biblia existen casos cuando se debe interpretar alguna palabra en un sentido figurado, pero eso se debe hacer única y exclusivamente cuando no es lógica la idea que resulta al dar el significado literal a una palabra.

Por ejemplo, cuando en el Nuevo Testamento, Jesús dice: Yo soy la puerta. Si el sustantivo puerta se entiende en su sentido literal, significaría que Jesús es eso, una puerta. Pero todos sabemos que Jesús es una persona, no una puerta. Entonces debemos interpretar la palabra puerta en un sentido no literal, en un sentido figurado. Jesús es la puerta para que el pecador pueda entrar al Padre.

Timoteo tenía que conservar la forma de las sanas palabras que oyó de Pablo. Esto debía hacerlo en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Esto significa en la confianza que la palabra de Dios es la verdad, la cual debe ser enseñada con amor. Lo que Timoteo oyó de Pablo, es el buen depósito que debía guardar, o cuidar, o mantener.

No es algo fácil. Por eso Pablo dice a Timoteo que para lograrlo debe echar mano del poder del Espíritu Santo que mora en nosotros.

Tenemos entonces que ante la amenaza de la oposición, cuando la tentación es muy fuerte para comprometer la sana doctrina, es necesario cuidar la forma de las sanas palabras que tenemos en la Biblia.

Hace algunos años atrás, cuando era prohibido tener reuniones de carácter cristiano, en la ex Unión Soviética, un pelotón de soldados sorprendió a un grupo de personas en una reunión clandestina. El oficial al mando dijo: Los que quieran salir de aquí, lo único que tienen que hacer es arrojar sus Biblias al suelo e irse. Muchos lo hicieron por el temor a ser arrestados. Sólo unos pocos no lo hicieron y se quedaron en ese lugar pase lo que pase. Todo quedó en silencio. Cuando nadie más salió, el oficial al mando dijo: ¿Saben una cosa? Les felicito porque ustedes son los únicos dignos de seguir las pisadas de su maestro. Los que se fueron, no merecían estar entre Ustedes. Mejor que se hayan marchado. Dio media vuelta y salió con sus soldados dejando a esos pocos creyentes desconcertados. Vale la pena jugarse por las cosas que Dios nos ha dejado en su palabra, la Biblia.

Además de cuidar la sana doctrina, Pablo exhorta a Timoteo a conservar las sanas relaciones. En medio de la oposición es posible que algunos creyentes se sientan tentados a actuar como que no conocieran a las personas que les predicaron el evangelio. De esta manera piensan que podrán evitar las aflicciones por la causa de Cristo. En la época que se escribió la segunda carta a Timoteo había algunos que dieron la espalda a Pablo y se avergonzaron de él.

De esto nos habla 2ª Timoteo 1:15 donde dice: «Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes»

Cuando Pablo estuvo en Efeso, hubo algunos que estaban trabajando hombro a hombro junto a él. Todo iba bien hasta que la oposición echó mano a Pablo para llevárselo a Roma. A partir de ese momento, algunos de los colaboradores de Pablo, se hicieron atrás y negaron a Pablo. Con un dejo de tristeza, Pablo dice por tanto: Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia.

Efeso queda en la provincia romana de Asia de aquella época. Parece que los líderes de esa tendencia de abandonar a Pablo fueron: Figelo, nombre que significa: Uno que huye y Hermógenes, nombre que significa: Hijo de Hermes, el mensajero de las deidades paganas griegas. Estas personas y los que imitaron ese ejemplo nos hacen pensar en los creyentes que siguen al Señor solamente cuando las cosas salen bien, cuando tienen salud, dinero y amor, pero cuando faltan todas estas cosas, reniegan del Señor y se apartan de sus caminos.

El verdadero creyente es aquel que sigue fiel al Señor en las buenas y en las malas, como en el matrimonio, en dicha o en tristeza, en salud o enfermedad, en riqueza o pobreza. Una característica muy evidente de un fiel creyente es que jamás condiciona su fidelidad al Señor por la manera como el Señor le trata. No se puede saber con certeza si Figelo y Hermógenes negaron al Señor, pero lo que sí se sabe con certeza es que negaron a Pablo y como resultado han quedado como ejemplo de ingratitud para la posteridad.

Cuando arrecia la persecución, la dificultad, la prueba, es cuando más cerca deberíamos estar del Señor y de las personas que sirven al Señor con fidelidad. Puede ser que algún pastor o anciano esté este mismo momento sufriendo severa aflicción por alguna causa. ¿Se ha dado el tiempo para animar a este pastor o anciano? ¿O le ha dado la espalda como hicieron Figelo y Hermógenes con Pablo?

Aunque algunos abandonaron a Pablo en medio de su gran prueba, hubo otros que estuvieron junto a él en todo momento. Pablo no deja pasar por alto a un ilustre personaje, cuyo nombre ciertamente no es muy popular que digamos. Ponga atención a lo que dice 2ª Timoteo 1:16-18 «Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.»

Qué ejemplo tan hermoso de Onesíforo. Este nombre significa: El que produce beneficio. Onesíforo era un hombre que no escatimó esfuerzo alguno para ayudar a Pablo y a Timoteo cuando estuvieron en Efeso. A Pablo y Timoteo les constaba lo mucho que hizo Onesíforo a favor de la causa de Cristo. Pablo está muy agradecido por la vida de este hombre.

Un dato interesante es que Onesíforo involucró a su familia en el servicio al Señor y a los que sirven al Señor. Por eso Pablo habla no sólo de Onesíforo, sino de la casa de Onesíforo. La Biblia contiene una gran promesa para los que sirven al Señor por medio de servir a los siervos del Señor. Toda obra hecha para los siervos del Señor siempre hallará recompensa del Señor. Hebreos 6:10 dice: «Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.»

Pablo estaba consciente de esta promesa y por eso dice: Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo. O, que el Señor recompense con creces a la casa de Onesíforo. Pablo encontró en la casa de Onesíforo el consuelo que le hizo falta cuando fue arrestado para ser trasladado a Roma. A pesar de la terrible oposición, la casa de Onesíforo no se avergonzó del prisionero Pablo. Inclusive cuando Pablo ya estaba en un calabozo en Roma, Onesíforo hizo un viaje a Roma y buscó con diligencia a Pablo. No habrá sido fácil encontrar a Pablo, especialmente sabiendo que cualquiera que le esté buscando, perfectamente podría ser arrestado por estar vinculado a alguien que era una amenaza para el imperio romano.

Pero nada de esto frenó a Onesíforo en su afán de encontrar a Pablo. Dios premió a Onesíforo haciendo que halle a Pablo. Recordando esta conducta de Onesíforo, Pablo eleva al Señor una plegaria y dice: Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día.

Lo que Pablo está diciendo es: Que el Señor recompense a Onesíforo con creces en el día que entregue recompensas. El día cuando el Señor entregará recompensas a los suyos es lo que se conoce como el Tribunal de Cristo. Vale la pena servir al Señor por medio de servir a los que sirven al Señor. Onesíforo es un gran ejemplo de esto.

¿Cómo es su relación con los que sirven al Señor? ¿Está junto a ellos sólo cuando las cosas salen bien? ¿Se olvida de ellos cuando hay problemas y dificultades? Quiera Dios que Usted no sea como Figelo y Hermógenes, sino como Onesíforo y su casa.

 

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