I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio del libro de Hechos, en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada mediante el Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico, vimos que durante el segundo viaje misionero de Pablo, los judíos incrédulos en la sinagoga de Corinto se opusieron con blasfemias al mensaje que predicaba, por cuanto Pablo anunciaba que Jesús es el Cristo, quien murió y resucitó de entre los muertos y hoy está vivo, a la diestra de su Padre, ofreciendo vida eterna a todo aquel que cree en él y le recibe como Salvador. Esto hizo que Pablo, sacudiéndose los vestidos, les diga: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. Dicho esto Pablo debe haber abandonado la sinagoga de Corinto para nunca más volver. Vamos a retomar el relato a partir de este momento. Si tiene una Biblia a al mano, ábrala en Hechos 18 a partir del versículo 7.

II. En primer lugar tenemos el ministerio que realizaba Pablo una vez que fue rechazado por los judíos. Hechos 18:7-8 dice: Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga. Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados.
El revés que acababa de sufrir Pablo por la feroz oposición de los judíos incrédulos, no le desanimó en lo más mínimo, sino todo lo contrario, le animó mucho a seguir comunicando el mensaje del Evangelio a los gentiles. Fue así como saliendo de la sinagoga judía, Pablo hizo de sede de su ministerio, la casa de un gentil temeroso de Dios, quien había recibido al Señor Jesucristo como Salvador, en la sinagoga de Corinto. El nombre de este creyente era Justo. El nombre de este hermano en la fe hace pensar que era romano, y puesto que los romanos normalmente usaban tres nombres, es probable que su nombre completo haya sido Gayo Tito Justo. De ser así, este hermano en la fe sería el Gayo que Pablo cita en Romanos 16:23 cuando dice: Os saluda Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.

Y 1 Corintios 1:14 cuando dice: Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo,
Daba la coincidencia, entre comillas, que Justo vivía justo al lado de la sinagoga judía. Tal vez fue esto lo que contribuyó de alguna manera para que Crispo, el principal de la sinagoga judía, también reciba al Señor Jesucristo como su personal Salvador al igual que toda su familia, o su casa. La conversión de Crispo debe haber causado sentimientos encontrados en Corinto. Debe haber causado gozo en Pablo y los demás creyentes y a la vez debe haber causado mucho malestar en la comunidad judía incrédula. En todo caso, Lucas hace notar que muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. Note que para creer es necesario primeramente oír. ¿Oír que? Pues oír el mensaje del evangelio, las buenas nuevas de salvación en Cristo. Habiendo oído el mensaje del evangelio, muchos corintios recibieron a Cristo y fueron bautizados en agua. En la primera carta a los corintios, defendiendo la unidad de la iglesia, Pablo dijo que no fue él quien bautizó a todos los creyentes en Corinto, sino solamente a Crispo y a Gayo, o Justo. Por otro lado, una vez más en el libro de los Hechos se ve que los creyentes eran bautizados en agua casi tan pronto como recibían a Cristo como Salvador. En aquellos tiempos no pasaba lo que pasa hoy en día en la iglesia de Cristo, me refiero a creyentes que reciben a Cristo como Salvador pero no se bautizan y si se bautizan lo hacen después de años de haber tomado la decisión de recibir a Cristo como Salvador. Muy bien. En segundo lugar tenemos la visión que Pablo tuvo en Corinto. Hechos 18:9-10 dice: Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.

La oposición al ministerio de Pablo en Corinto estaba creciendo rápidamente. Las fuerzas y las energías en Pablo estaban disminuyendo rápidamente. Dios estaba al tanto de lo que estaba pasando y por eso intervino de una manera sobrenatural. Fue una noche en la cual en visión se le presentó el Señor Jesucristo y le dijo: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. ¡Vaya! Esto si que es como una gran inyección de adrenalina. No había razón para que Pablo abrigue sentimientos de temor, ante la oposición o ante la magnitud del trabajo que tenía por delante. Pablo simplemente tenía que hablar y no callar. El Señor se encargaría del resto. Pablo estaba escuchando directamente del Señor Jesucristo las palabras que necesitaba ese preciso instante: Porque yo estoy contigo. Pablo tenía consigo a Silas, Timoteo, Justo, Crispo y algunos otros creyentes, pero a pesar de ello, a veces se sentía sólo. Cuán refrescantes deben haber sido para él las palabras del Señor Jesucristo: Porque yo estoy contigo. Como primera consecuencia de este hecho, Pablo podía estar absolutamente seguro que ninguno pondrá sobre él la mano para hacerle mal. Bien se ha dicho que cuando estamos haciendo la obra de Dios, en la voluntad de Dios y en el poder de Dios, somos invencibles, no en nuestra propia fuerza sino porque el Señor Jesucristo está con nosotros y ninguno pondrá sobre nosotros la mano para hacernos mal. La razón del Señor Jesucristo para que Pablo hable y no calle en Corinto a pesar de la oposición y a pesar de lo enorme del desafío, era porque el Señor Jesucristo tenía mucho pueblo en la ciudad de Corinto. Esto se refiere a los muchos escogidos de Dios que había en Corinto y que todavía no habían escuchado el mensaje del evangelio. Estas personas necesitaban desesperadamente oír el evangelio para poder depositar su fe en la persona y obra del Señor Jesucristo. Así también es hoy en día en cualquier ciudad en cualquier parte del mundo. Jesucristo tiene mucho pueblo en esas ciudades. Personas escogidas por Dios que están esperando que alguien les comparta el glorioso mensaje del evangelio. Por eso es que como creyentes jamás debemos dejar de hablar a toda persona las maravillas del evangelio de Cristo. Luego de esta intervención sobrenatural del Señor Jesucristo, Pablo recuperó fuerzas y es así como en tercer lugar notamos el tiempo que Pablo se quedó en Corinto. Hechos 18:11 dice: Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.

Corinto fue una de las tres ciudades donde Pablo se quedó por más tiempo. Las otras dos fueron Roma y Efeso. Pablo no se limitaba a predicar el evangelio y ganar almas para Cristo. Pablo se ocupaba también del crecimiento de los nuevos creyentes en Cristo. Por eso es que se quedó en Corinto un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios a los nuevos creyentes. Pero no todo fue color de rosa para Pablo. Una vez más los judíos incrédulos armaron un complot contra Pablo. En cuarto lugar tenemos la oposición de los judíos. Hechos 18:12-13 dice: Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal, diciendo: Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley.

Parece que el procónsul de Acaya que estaba en ejercicio cuando llegó Pablo a Corinto no tenía mucha paciencia con los judíos y por eso no prosperaron las quejas de éstos contra Pablo, pero cuando tomó el cargo de procónsul de Acaya, Galión, en el año 51 DC, los judíos tenían mejores opciones de ser oídos por él, por cuanto Galión vino precedido de una fama de ser muy amistoso, ingenioso y amable. No es extraño por tanto que Galión se haya puesto de acuerdo con los judíos de Corinto para arrestar a Pablo y llevarlo ante el tribunal. Una vez en el tribunal, los judíos presentaron la acusación que tenían contra Pablo. La acusación simplemente decía: Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley. Aunque el judaísmo no era la religión oficial del imperio romano, sin embargo era oficialmente tolerada en el mundo romano, y al Cristianismo se lo veía como una secta pero dentro del judaísmo. Los judíos incrédulos en Corinto estaban argumentando que la enseñanza de Pablo no era parte del judaísmo y por tanto debería ser prohibida por las autoridades del imperio romano. Si Galión hubiera fallado a favor de los judíos y en contra de Pablo, el Cristianismo hubiera sido puesto fuera de la ley en todo el imperio. Gracias a Dios que esto no sucedió porque Dios en su providencia lo impidió como vamos a ver en nuestro próximo estudio bíblico. Espero su compañía.