Es motivo de mucho gozo saludarle amable oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Juan. En esta oportunidad vamos a estudiar el milagro del Señor Jesús de dar la vista a un ciego de nacimiento, lo cual no sólo mostró el maravilloso poder del Señor Jesús sobre la ceguera congénita, sino también le dio la oportunidad de enseñar muchas otras cosas importantes.

El capítulo 9 de Juan comienza con el relato de un asombroso milagro. Es el sexto de los siete milagros que Juan registra en su evangelio para demostrar que el Señor Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que creyendo en Él, tengamos vida eterna. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Juan 9:1-12. Lo primero que vamos a ver es el sujeto del milagro. Juan 9:1 dice: Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
El milagro que Juan está por relatar ocurrió cuando el Señor Jesús salió del templo, atravesando por en medio de una multitud mayormente hostil hacia Él. Sentado junto al camino estaba un hombre ciego de nacimiento. Esto no fue un accidente. En su omnisciencia el Señor Jesús sabía que este hombre estaba allí. Un poco más adelante en el relato, Juan dice que este ciego estaba haciendo lo único que su ceguera congénita le permitía hacer. Sentarse y mendigar. Esto es un cuadro muy preciso de todo ser humano en su estado natural en este mundo, en el sentido espiritual. Es pecador de nacimiento y en tales condiciones está imposibilitado de acercarse por sí mismo a Dios, está postrado y tiene que conformarse con las migajas que este mundo le puede ofrecer. El texto dice que el Señor Jesús vio al ciego de nacimiento. De la misma manera, el Señor Jesús también ve a cada pecador, porque la voluntad de Dios es que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento, según 1 Pedro 3:9. En segundo lugar, encontramos el dilema antes del milagro. Juan 9:2 dice: Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
Interesante, el Señor Jesús vio en el ciego de nacimiento a un hombre necesitado no sólo de recibir la vista, sino de recibir perdón de pecado, pero los discípulos del Señor Jesús vieron en el ciego de nacimiento la ocasión para el debate teológico. Lo que pasa es que en aquel tiempo, se asociaba las enfermedades y las deformidades físicas con la consecuencia por el pecado. El dilema en el caso del ciego de nacimiento era: ¿Quién pecó? Si el Señor Jesús hubiera respondido: El ciego, los discípulos pudieron haberle rebatido diciendo: ¿Cómo pudo pecar antes de nacer? Si el Señor Jesús hubiera respondido: Los padres del ciego, los discípulos pudieron haberle rebatido diciendo: Eso sería injusto. Un inocente pagando la culpa de un culpable. Pero el Señor Jesús no se embarcó en la discusión que estaban proponiendo sus discípulos. Su respuesta aparece en Juan 9:3-5. La Biblia dice: Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
Joh 9:4  Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
Joh 9:5  Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.(A)
Cuando el Señor dice: No pecó éste, ni sus padres, no está dando a entender que el ciego de nacimiento no había pecado nunca, ni que sus padres no habían pecado nunca. Lo que está diciendo es que el hecho que hombre era ciego de nacimiento no se debía a pecado ni del mismo ciego de nacimiento, ni de sus padres. El mal en el mundo tuvo su origen en la caída en pecado en el huerto de Edén, pero esto no significa que toda enfermedad o toda deformación física es el resultado de haber cometido algún pecado. Jamás debemos ser prontos a concluir que si alguien está enfermo o tiene alguna deformación física es porque ha cometido algún pecado. A veces Dios disciplina con enfermedad el pecado del hombre, pero no siempre y el único que lo puede saber con precisión es Dios mismo. Luego de poner esto en claro, el Señor Jesús prosigue manifestando que la ceguera de nacimiento que padecía aquel hombre era para que las obras de Dios se manifiesten en él. En otras palabras, era la oportunidad para que Dios manifieste su poder y de esa manera, como Juan afirma en su evangelio, la gente crea que el Señor Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que creyendo en su nombre tenga vida eterna. Acto seguido, el Señor Jesús dice a sus discípulos que le era necesario hacer las obras de su Padre quien le envió. Esto era su prioridad, porque en cuestión de un poco más de tiempo ya no podría hacer esas obras de su Padre quien le envió, porque estaba pronto a morir crucificado, iba a resucitar e iba a ascender al cielo para estar a la diestra de su Padre. A esto se refirió el Señor cuando dijo: Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Así como el hombre hace su trabajo mientras tiene luz de día, el Señor Jesús tenía que hacer la obra que le mandó su Padre, mientras estaba presente físicamente en este mundo. Cuando llega la noche el hombre ya no puede hacer su trabajo, de la misma manera, cuando el Señor Jesús se vaya de este mundo físicamente, ya no podrá hacer la obra que el Padre le mandó a hacer en este mundo. Hay un sentido de urgencia en las palabras del Señor Jesús. Nosotros sus discípulos de igual manera, no tenemos todo el tiempo del mundo para hacer lo que Dios el Padre nos ha pedido hacer en el mundo, de modo que debemos aprovechar el tiempo mientras tenemos vida, porque el momento menos pensado se terminará la vida, y ya no habrá forma de hacer lo que Dios el Padre nos ha pedido hacer. El Señor Jesús por tanto dijo: Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Esto significa que mientras estaba físicamente en el mundo, su misión era arrojar luz para que el pecador reconozca que está en tinieblas y de esa manera pueda salir de las tinieblas y entrar a la luz, mediante el sacrificio en la cruz que el Señor Jesús estaba pronto a hacer. En tercer lugar tenemos la realización del milagro. Juan 9:6-7 dice: Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
Joh 9:7  y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
El Señor Jesús fue muy versátil en la manera que realizó sus obras milagrosas. En este caso, hizo algo muy inusual. Escupió en tierra, y son su saliva hizo lodo. Tomó ese lodo y untó con el lodo los ojos del ciego. ¿Por qué escogió esta manera poco ortodoxa de hacer el milagro? La Biblia no lo declara. Mucho se ha elucubrado sobre esto, pero tal vez sea mejor dejarlo como está y preguntar al Señor cuando estemos con él en el cielo. En todo caso, luego de untar con lodo los ojos del ciego, el Señor Jesús dijo al ciego: Vé a lavarte en el estanque de Siloé. Note que no le dijo lo que sucedería después. En esto se ve la fe del ciego. La verdadera fe siempre se manifiesta en obediencia. El ciego obedeció, y sin todavía poder ver, tal vez a tientas, fue al estanque de Siloé al Sur Este de Jerusalén y se lavó. Tan pronto se lavó sucedió lo increíble. Instantáneamente recuperó la visión. El nombre del estanque, Siloé, significa enviado. Nombre apropiado para este estanque, porque hace alusión a que el Señor Jesús fue enviado por su Padre para hacer sus obras, y también al ciego de nacimiento fue enviado por el Señor Jesús para recibir allí la vista. Algo parecido sucede con el pecador. Es ciego de nacimiento, pero Dios le ve, y a través de su Palabra, Dios le dice que en el Señor Jesús hay perdón de pecado. La fe del pecador se manifiesta en obediencia, así como el ciego obedeció la palabra del Señor Jesús, el pecador también tiene que obedecer, en este caso no haciendo algo, sino creyendo que al recibir al Señor Jesús como Salvador obtiene perdón de pecados. Cuando lo hace es salvo, así como el ciego de nacimiento obedeció y recibió la vista. En cuarto lugar, tenemos la reacción ante el milagro. Juan 9:8-12 dice:  Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
Joh 9:9  Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
Joh 9:10  Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
Joh 9:11  Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
Joh 9:12  Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.
Los que conocían al ciego y sus vecinos tenían opiniones divididas en cuanto a lo que había pasado. Unos decían: Es el mismo que pasaba sentado mendigando. Otros decían. No es, sino que se parece a él. Ellos podían pensar lo que quieran, pero el hecho real es lo que el hombre que había sido ciego decía: Yo soy. Al oír este testimonio, le hicieron la pregunta de rigor: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? El que era ciego dijo lo único que sabía. Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: Ve al Siloé, y lávate. Yo fui y me lavé, y recibí la vista. Nada más y nada menos. Esto es un gran ejemplo de cómo se debe dar un testimonio. Simplemente es cuestión de decir exactamente lo que pasó, sin explicación alguna. El que era ciego nunca vio al Señor Jesús hasta ese momento. Lo único que conocía de él era su nombre: Jesús. Igual es con el pecador. No ve al Señor Jesús, pero si cree en él y lo recibe como Salvador, es salvo, y  un día futuro lo va a ver como sucedió con el hombre que era ciego y luego pudo ver al Señor Jesús. La gente quería saber dónde está el Señor Jesús. El que era ciego no lo sabía y simplemente dijo: No sé. No todo termina aquí, pero eso será tema de nuestro próximo estudio bíblico.

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