Gracias por estar nuevamente con nosotros, es un privilegio contar con su sintonía, hoy continuaremos con el interesante tema que está desarrollando nuestro hermano David Logacho, “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”, tenga su Biblia a mano y acompáñenos a conocer que es lo que dios nos quiere decir acerca de esto.

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada mediante el Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico, vimos como Pablo, hablando a los ancianos de Efeso y mirando al futuro, advirtió sobre la presencia encubierta de lobos rapaces que no perdonarán al rebaño y el surgimiento desde dentro de la iglesia, de hombres que hablando cosas perversas arrastrarán tras sí a los discípulos. Ante este peligro, Pablo exhortó a los ancianos de Efeso a velar, acordándose que por tres años, de noche y de día no había cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. En el estudio bíblico de hoy, vamos a continuar estudiando la última parte del mensaje de Pablo a los ancianos de Efeso, mientras su mirada se dirigía hacia el futuro en el tiempo. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 20 a partir del versículo 32.

II. Luego de advertir del peligro inminente que representan los falsos maestros que cual lobos rapaces se meten entre el rebaño y no perdonan a las ovejas y también del peligro que representan los hombres que se levanta de dentro de la iglesia, hablando cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos, Pablo llega al final de su mensaje a los ancianos de la iglesia local de Efeso. Lo primero que hace es encomendar a los ancianos de Efeso a Dios y a la palabra de su gracia. Hechos 20:32 dice: Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.

Pablo tenía un concepto equilibrado de sí mismo. A pesar de ser Apóstol, en ningún momento se sentía superior a los ancianos de Efeso, y eso se refleja en el trato que les da. Les dice: hermanos. Sabiendo que ninguno de ellos verá más su rostro, procede a encomendarlos. En el idioma que se escribió el Nuevo Testamento, el verbo encomendar significa literalmente, poner a alguien cerca, con la idea de que sea cuidado o protegido o satisfecho. Pablo está poniendo a los ancianos de Efeso cerca de Dios primeramente. Si estamos cerca de Dios no hay motivo alguno para temer ninguna amenaza. Pero además de esto, Pablo está poniendo a los ancianos de Efeso cerca de la palabra de su gracia. Esto es las Escrituras, el registro de la gracia de Dios en sus tratos con la humanidad. Es la palabra de la gracia de Dios que tiene poder para sobreedificar. La Biblia es la fuente del crecimiento espiritual para el creyente. 1 Pedro 2:2 dice: desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. Puesto que la iglesia es columna y baluarte de la verdad, según 1 Timoteo 3:15, los líderes de la iglesia local, los ancianos, obispos o pastores, deben estar bien familiarizados con esta verdad. Es en la palabra de la gracia de Dios en donde el creyente puede saber a ciencia cierta acerca de todo lo que el Señor ha reservado para ellos. Pablo dice que es un tesoro, es la herencia de todos los santificados, esto pertenece a los que somos del Señor. En segundo lugar, Pablo desafía a los ancianos de Efeso a servir al Señor con una motivación sana, sin buscar ganancias deshonestas. Note lo que les dijo según Hechos 20: 33-35. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

Ante la presencia de los lobos rapaces en medio del rebaño y de los hombres que hablan cosas perversas para arrastrar tras ellos a los discípulos, es de vital importancia que los ancianos, obispos o pastores sean íntegros en su vida personal. Pablo es un excelente ejemplo. Sirvió al Señor con limpia conciencia en Efeso, sin codiciar plata ni oro ni vestido. ¿Por qué es que Pablo está hablando de codiciar plata, oro y vestidos? Pues porque algo que caracteriza a los lobos rapaces, a los falsos maestros, no importa si vienen de afuera o surgen de adentro, es el amor a la plata, al oro y a los vestidos. El amor a la buena vida, el amor a la opulencia. No puedo evitar pensar en tantos siervos del Señor, entre comillas, de hoy en día que abusando de su ministerio como predicadores, o maestros bíblicos o evangelistas, han acumulado cuantiosa fortuna y viven rodeados de la más extravagante opulencia. Algunos viven en mansiones en las cuales hasta la casa del perro tiene aire acondicionado. Otros poseen su propio avión para movilizarse, otros se hacen confeccionar sus trajes con los más afamados diseñadores. No hay nada me malo en poseer fortuna, siempre y cuando esa fortuna sea legítimamente adquirida, pero lo malo está en manipular a la gente para sacarles todo el dinero que poseen con el pretexto de que están dando para la obra de Dios. Pablo establece un gran ejemplo para los ancianos de Efeso. Ellos vieron en Pablo como trabajó con sus propias manos para tener lo necesario para él y para los que estaban con él. Esto fue una lección para todos. Pablo enseñó que trabajando arduamente se debe obtener recursos económicos para ayudar a los necesitados. Dios puede enriquecer a un creyente, pero el propósito no es para que ese creyente se rodee de lujos y comodidades. El propósito es para que ese creyente, como buen mayordomo, use de esos bienes que pertenecen al Señor, para ayudar a los necesitados. Esto es lo que deberían tomar en cuenta los predicadores, maestros bíblicos, evangelistas, que han acumulado enormes fortunas despojando a la gente a quien se supone que están sirviendo. Cuando uno de estos fue confrontado con su ostentosa manera de vivir, respondió: ¿Qué culpa tengo yo de que Dios me dé todo esto que tengo? Lo que no entiende esta persona es que si Dios le dio todo eso, no es para que lo desperdicie rodeándose de lujos sino para que lo use para ayudar a los necesitados. Uno de los requisitos para ser obispos, pastores o maestros, es justamente que no sean codiciosos de ganancias deshonestas. Pablo concluye esta parte recordando palabras del Señor Jesús cuando dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Esta declaración del Señor Jesús no consta en ninguno de los Evangelios del Nuevo Testamento, pero eso no quita legitimidad a lo que Pablo atribuyó al Señor Jesús, porque no todo lo que el Señor Jesús dijo e hizo está registrado en la Biblia, según Juan 21:25. Todo obrero del Señor, debe hacerse un compromiso delante de Dios para vivir decentemente con lo mínimo indispensable y todo el resto dar a los necesitados. Sólo así experimentarán en su vida que es más dichoso dar que recibir. Muy bien. Habiendo dicho esto, Pablo procede a despedirse de los ancianos de Efeso. Esto lo tenemos en tercer lugar. Hechos 20:36-38 dice: Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.

Las emociones llegaron a su clímax. Cuando terminó de hablar, Pablo se puso de rodillas, en actitud de reverencia delante de Dios y oró con todos los ancianos de Efeso. Seguramente mientras Pablo oraba, los ancianos de Efeso expresaban con lágrimas el dolor que sentían por dentro ante la inminente partida de Pablo. En algún momento todos estaban llorando desconsoladamente. Entre lágrimas, los ancianos de Efeso se acercaron a Pablo y echándose a su cuello le besaban. Era su forma de expresar el profundo dolor que sentían reconociendo que esa sería la última vez que verían a Pablo en persona. Puestos de pie, los ancianos de Efeso acompañaron a Pablo al barco en el cual continuaría su viaje hacia Jerusalén. De todo esto podemos aprender que la iglesia de Cristo no está libre del ataque de falsos maestros que se introducen encubiertamente para causar estragos entre los creyentes. Ante esto, es de vital importancia que no sólo los líderes de las iglesias locales, sino también todos los creyentes estemos en guardia. La mejor forma de estar en guardia es por medio de permanecer en la palabra de Dios, oyéndola, leyéndola, estudiándola, meditando en ella y memorizándola. Mientras más conozcamos la verdad, más difícil será que seamos arrastrados por las enseñanzas de los falsos maestros. Pero además de permanecer en la palabra de Dios, es necesario obedecer lo que dice la palabra de Dios. De esta manera, el enemigo no nos podrá hacer daño. La obediencia a la palabra de Dios es como un cerco protector que impide que el maligno nos haga daño. En nuestro próximo estudio bíblico proseguiremos estudiando el viaje de Pablo hacia Jerusalén.